«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Mirar Hacia El Futuro Con Fe En Dios

Por W. C. Moore

    Estos días son de muchos modos oscuros. El crimen se dispara, la inmoralidad estremecedora y la corrupción se exponen en lugares altos y bajos, la violencia se vuelve más mortal e involucra a perpetradores y víctimas más jóvenes; los hogares se quiebran a un ritmo alarmante; el abuso de los niños antes y después de nacer aumenta de manera descorazonada; y el espíritu contra Dios se vuelve más odioso y vocal y extendido; en demasiadas iglesias lo mundano y el compromiso ocupan el lugar que antes ocupaba la predicación del Evangelio con poder y pureza. Tú puedes nombrar otras cosas que te apenan y te afectan y te alarman.

¿Qué deben de hacer los cristianos reales?

    «Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará» (Mt. 24:12). El hecho de que la maldad ya se ha multiplicado, y que el amor de muchos se ha enfriado, ¡no significa que nosotros debemos estar entre aquellos «muchos» cuyo amor se ha enfriado hacia nuestro bendito Señor! Más bien, es un desafío inequívoco, y un aviso a nosotros, de despertarnos y apoyarnos en Dios de proseguir a la meta y de continuar de tener fe en Dios, no importa lo tenebroso que parezcan las cosas.

    Los tiempos peligrosos de que se hablan en la Palabra de Dios (2 Tim. 3:1-17) son una llamada no de retroceder ni de recogerse, ¡sino de avanzar! Días de terror y riesgo y peligro tales como los que confrontamos hoy son días de oportunidad para nosotros. Nosotros los cristianos no estamos llamados para recluirnos fuera de los hechos horribles que nos rodean, o de ocultar el rostro en «la arena,» como el avestruz, esperando lo mejor; o de llenarnos de terror y tratar de escapar totalmente de la situación terrible.

    El Señor nos llama a ser testigos por Él ¡en medio de la gente misma! (Hch. 2:8). No buscando un hoyo para escondernos, sino buscando alguien al cual podamos testificar. Acabemos con esconder nuestra luz debajo del almud de temor, incredulidad, indiferencia hacia las multitudes moribundas que nos rodean (Mt. 5:14-15). Cristo dice: «Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt. 5:16).

    ¡Oh, que permitamos que la luz del amor de Dios, y la seguridad de la gran salvación con la cual Él nos salvó y la luz de una devoción inquebrantable al Señor en el cual confiamos con tanto amor, así brillen con una claridad delante del pueblo asustado y frustrado, hasta que ellos, también, se rindan a Dios!

Confrontar cada situación con fe en Dios

    En esta hora oscura, confronta todo problema con dependencia completa en la fidelidad de Dios. No hay situación, no hay condición, no hay combinación de circunstancias difíciles, desconocidas, no probadas, negras o peligrosas que sean demasiado duras para Dios Él sabe todas las cosas. Y Él tiene cuidado de nosotros (1 Pe. 5:7; 1 Juan 3:20). No hay nada que sea difícil para Dios (Jr. 32:17). Para Dios todo es posible (Mt. 19:26). Sin fe es imposible agradar a Dios (Heb. 11:6).

    En lugar de enfrentar situaciones difíciles, problemas no probados, obstáculos complejos, estorbos obstinados, pruebas tristes, demandas grandes, responsabilidades pesadas con temor y pavor y agitación pasmosa – es mejor regocijarnos, porque Dios es más grande que todas esas cosas juntas, y Él nos ama, y desea de que confiemos en Él, obedeciéndole siempre.

    Regocijémonos cuando deberes imposibles nos enfrentan, porque tales cosas nos hacen conocer de pronto que sólo por la ayuda de Dios podemos cumplir estos deberes de la manera que agrade y glorifique a Dios, y resulte en que Su voluntad sea hecha en la tierra como en los cielos.

    Nunca enfrentemos tareas difíciles y complicadas en una actitud de temor en la mente o en el corazón, como si Dios hubiera salido, abandonándonos; como si Él hubiera perdido Su poder, Su sabiduría y Su fuerza todopoderosa; como si no fuera nuestro Creador fiel, quien, en Su amor, todavía ha mostrado y manifestado Su compasión para con nosotros, ¡por darnos Su Hijo unigénito a morir una muerte cruel para con nosotros! (1 Pe. 4:12-19; Rom. 8:26-39).

    En lugar de alejarnos asustados de problemas difíciles como una bestia asustada, ¡más bien enfrentemos estas cosas duras porque ellas dan a Dios la oportunidad de manifestar más aún Su fidelidad y poder sobrenaturales! ¡Aleluya!

    «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias» (Flp. 4:6).

Vivir correctamente

    A fin de que siempre tengamos la ayuda de Dios, estemos seguros de que nuestras vidas estén de acuerdo con Su voluntad y Su Palabra: que no estamos viviendo en pecado, causando dolor a Dios por no creer en Su Palabra, por el criticismo a otros cristianos, por la indiferencia, por el egoísmo, por el engaño, por el odio de otros, por la negligencia en tareas conocidas, o por cualquier otro pecado de negligencia o de la desobediencia determinada a Su Palabra.

    «Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera cosa que pidiéramos la recibiremos de Él, porque guardamos Sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de Él. Y este es Su mandamiento: Que creamos en el nombre de Su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado» (1 Juan 3:21-23).

    No miremos las ciudades fortificadas y los gigantes en la tierra, sino más bien miremos encima del todo, viendo que Dios nos está sonriendo, alentándonos de que Él nos ha dado la tierra, y hay que entrar y poseerla, ¡con Su ayuda! (Números, capítulo 13; Deuteronomio 1:8-30).

«No temas»

    Nuestro Señor maravilloso nos dice enfáticamente de no temer (Lc. 8:50). Entonces obedezcamos vigilantemente y con entusiasmo este mandamiento de nuestro Maestro. Odiemos y aborrezcamos el temor y la falta de creencia, aun más de lo que aborrecemos la inmundicia. «Aborreced lo malo, seguid lo bueno» (Rom. 12:9).

    «No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt. 4:4). Por lo tanto, aliméntate de la Palabra de Dios. Medita en Su Palabra (Salmo 1). Date cuenta de que nuestra alma tanto como nuestro cuerpo necesita la nutrición. Toma el tiempo, delega el tiempo, usa el tiempo en leer y también en meditar sobre la Palabra de Dios, ¡para que puedas conocer Su voluntad, y puedas estar fuerte para hacer Su voluntad!

    Aliméntate de la Palabra de Dios mucho más que sobre la comida natural para el cuerpo. Medita en la Palabra de Dios en lo que dice Dios sobre las cosas, mucho pero mucho más que en lo que dicen los periódicos, los radios, el televisor o cualquier otra cosa.

    Dios sabe que necesitamos la comida, el agua y la ropa (Mt. 6:25-34). El cuerpo se debilitará, y con el tiempo morirá, a menos que se nutra de comida apropiada. Dios dice, «Mas buscad primeramente el reino de Dios y Su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mt. 6:33). El Señor de Gloria no quiere que nos inquietemos acerca de estas cosas, sino de confiárselas a Él, buscando primeramente el adelantar de Su causa aquí en la tierra, y luego se nos añadirán la comida, el agua y la ropa.

Confía en Dios durante los días negros

    Abraham esperaba muchos años con fe el nacimiento de Isaac. De igual manera, puede ser necesario de que nosotros aprendamos a persister en creer, aun cuando se demoren las contestaciones a nuestras oraciones. Quizá será necesario aprender a confiar en Dios durante los días negros.

    «¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la voz de Su siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios» (Is. 50:10).

    ¿No tiene un niño que aprender a confiar en sus padres cuando todo le parece estar oscuro? Cuánto más debemos nosotros que somos salvos, nacidos de nuevo, arrepentidos de nuestros pecados y lavados en la Sangre de Cristo, creyendo en el Hijo de Dios por la salvación completa y libre, confiar en nuestro todopoderoso Padre Celestial, aunque nos llame a caminar de vez en cuando en las sombras.

    ¿Vivía David siempre en la cima de la montaña? (Lee los Salmos.) ¿Estaba Pablo siempre fuera del lugar de problemas y peligros? (Lee 2 Corintios 11:23-33; 12:1-10; Filipenses 4:13.) ¿De qué otra manera podamos nosotros saber la real profundidad de nuestro propio amor por Dios, y de Su amor por nosotros, a menos que Él nos permita ser tentados y probados? Reconozcamos las «todas las cosas» de Romanos 8:28: «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a Su propósito son llamados.»

    ¡Oh, que tengamos en lo más íntimo de nuestro corazón, aquella confianza sencilla en Dios la que deleita Su corazón! Hace muchos años pensaba yo: «¡Es muy difícil tener fe! ¡Es muy difícil creer!» Pero repentinamente el Señor me habló al corazón: «No es difícil creer. Aun un niño puede confiar. No es necesario pensar para confiar.» Y esa verdad, a través de los años, me ha sido un estímulo y un consuelo.

    «Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia» (Pr. 3:5). Al obedecer esta Palabra, confiando en el Señor con todo el corazón, no nos sobra ninguna parte del corazón con la cual podamos inquietarnos, temer o apurarnos. Ni nos toca siquiera a «apoyarnos» en nuestro propia prudencia. ¡No demos lugar a la duda ni al temor! Resistamos al diablo. No le demos lugar a él (Stg. 4:7-8; Ef. 4:27).

Mira el arco iris sobre el nubarrón

    Dios es el Dios de lo milagroso. Nuestros caminos no son Sus caminos (Is. 55:8-13). La promesa de Dios a Abraham seguramente era de cumplirse (la promesa de que tendría un hijo y heredero), pero Isaac nació cuando Abraham «estaba casi muerto» (Heb. 11:8-12).

    Cuando el glorioso Señor, el Hijo milagroso de Dios, fue crucificado entre dos ladrones, y los discípulos habían huido, ¿no fue eso una hora de tenebrosidad de medianoche, una hora de derrota terrible, al parecer, para los seguidores de Jesús? ¡Sin embargo, a eso de cincuenta días después de eso, el gran avivamiento se estalló en el día de pentecostés! Miles de judíos fueron salvos antes de que cayera el juicio sobre la nación de Israel, cuando fue cortada por un tiempo, para que los gentiles fueran injertados.

    Pongámonos el rostro como un pedernal (Is. 50:7; Dan. 9:3), para despertarnos en apoyarnos en Dios (Is. 64:7) y orar hasta que venga el Señor para enseñarnos justicia (Os. 10:2), y luego, como Él ha prometido (Joel 2:28-32), hasta que Él derrame Su Espíritu sobre toda carne, salvando multitudes de entre los gentiles para Su gloria (Stg. 5:7).

    – Arreglado y revisado de las escrituras de W. C. Moore (1890-1980).