«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Señor, Concuerdo

Por Richard Owen Roberts

    Por la misericordia de Dios soy creyente en el Señor Jesucristo desde el comienzo de mi juventud. A lo largo de los años de mi peregrinaje terrenal he conocido lo que es escalar las grandes montañas espirituales y cómo se siente caer en los abismos de la oscuridad. He experimentado largas temporadas de gran gozo cristiano y momentos intensos de verdadera desesperación. Por períodos prolongados me he gozado de conocer el perdón del pecado, sin embargo en ocasiones me he preguntado incluso si el benévolo Señor del cielo pudiera o podría perdonarme.

    A lo largo de los años he aprendido algo de la urgente necesidad de un caminar constante con Cristo y del poder aterrador de Satanás en alejarme de mis compromisos más profundos. Los años han probado cuan cuidadosamente los asuntos del alma deben ser cultivados y cuan fácilmente arraiga la recaída. Un pequeño desacuerdo con Dios es suficiente para detener el progreso espiritual adelante y de permitir lograr introducirse la recaída.

    Mis observaciones de las luchas espirituales del creyente no se han restringido a mi propia experiencia. Al haber enseñado y predicado en una gran variedad de lugares a lo largo de cuatro décadas, he llegado a darme cuenta que el desacuerdo con Dios está en el raíz de los problemas espirituales del hombre. Es con gran pesadumbre que traigo a la memoria a algunos quienes alguna vez parecían caminar con Cristo con gozo y además entusiasmo quienes ahora son mucho menos celosos que antes. ¿Puede algún hombre enumerar a las multitudes enormes de personas que saben todas las palabras correctas, que hasta parecen tener una forma de piedad, y sin embargo niegan el poder de aquello? ¿Adónde se fue todo su poder? ¿Acaso no es el desacuerdo con Dios su dificultad fundamental?

    La consecuencia de este desacuerdo de gran escala con Dios es que un mundo vigilante de veras duda de la validez del cristianismo, pues observan que el impacto del testimonio negativo de millones que profesan ser cristianos "nacidos de nuevo," y obviamente o no son cristianos para nada o no practican el cristianismo, es mucho más grande que el impacto del testimonio positivo de aquella minoría de cristianos profesados quienes se han convertido verdaderamente en cristianos.

El avivamiento puede comenzar en ustedes

    Sólo un avivamiento del cristianismo auténtico puede dar vuelta a esta situación trágica y hacer que la iglesia Cristiana una vez más sea una fuerza poderosa para el bien y para Dios en el mundo de hoy. Si bien el avivamiento que hace falta debiera ser un avivamiento muy popular, llevándose a millones del reino de las palabras al reino del poder y a otros millones del reino de la oscuridad al reino de la luz, tiene que tener su comienzo de maneras pequeñas y en las vidas individuales.

    ¿Y dónde te encuentras tú dentro de estos asuntos? Tal vez eres creyente nuevo que acabas de comenzar tu experiencia cristiana. Posiblemente sabes pero muy poco de los planes perversos de Satanás empleados contra los hijos de Dios. Permíteme asegurarte, ¡esta falta de experiencia no durará por mucho! El diablo tiene cada intención de robarte el gozo y el poder. Si puede lograr que estés en desacuerdo con Dios por cualquier cosa, te tiene listo para una gran caída.

    Posiblemente eres un cristiano de edad que mantienes un caminar constante con Cristo hace mucho tiempo. Si es así, ya sabes mucho de la naturaleza obligatoria del acuerdo explícito con el Dios que guarda el pacto. Pero ¿estás tú tan plenamente en acuerdo con Él como debes estar? ¿Es posible que tu falta de poder espiritual exista porque no estás de acuerdo con Dios dentro de alguna área aparentemente sin importancia en tu vida?

    Quizá eres uno de aquellos cristianos cuya experiencia siempre ha sido de altas y bajas, para adentro y para afuera, todo alrededor, nunca satisfaciendo por mucho tiempo, sin embargo es todo lo que has conocido. ¿Te das cuenta de que la incredulidad está en el centro mismo de tu dificultad, porque el desacuerdo con Dios y la incredulidad son sinónimos?

    El acuerdo completo y explícito con el Señor Jesucristo es la única opción para el creyente renovado. El acuerdo con el Señor en todas las cosas es la única posible garantía de la prosperidad espiritual. Acordarse plenamente con Él en todas las cosas y en todo momento es experimentar la renovación continua. No estar de acuerdo con Dios en cualquier cosa es asegurar la decadencia espiritual y la pérdida de las gracias renovadoras de Jesucristo tan necesarias en tu vida ahora.

La fe y el obedecer

    Según la Biblia, es imposible agradar a Dios sin fe. La fe requerida es tanto un reconocimiento de la existencia de Dios como una respuesta desde el corazón a la realización que Él es el galardonador de los que le buscan (Heb. 11:6). Diligencia en buscar a Dios requiere el sometimiento continuo a las verdades que Él revela acerca de si mismo y de las exigencias que Él le expone al buscador. Un rechazo de cualquiera de los dos, o la revelación de Dios de si mismo o de Su plan para tu vida, constituye la incredulidad. Esta incredulidad les roba a los hombres y a las mujeres el perdón del pecado y lleva a la condenación eterna.

    Somos salvos por fe en el Señor Jesucristo. Esta fe que salva no es consentimiento pasivo en los hechos tocantes a Jesús sino la entrega activa a Su Señorío.

    Decir, «Yo creo en Jesucristo» y todavía no creerle es imprudencia trágica. Si creo en Él, tengo que creer en lo que Él dice. Si realmente creo lo que Él dice, haré cualquier cosa que me mande Él. Si no hago lo que Él dice, tengo que enfrentarme a Su pregunta escrutadora «¿Por qué Me llaman ustedes Señor, Señor, y no hacen lo que les digo?» (Lc. 6:46). ¿Cuáles posibles explicaciones puede ofrecer cualquier persona por tal contradicción?

    Jesucristo fue muy dogmático en insistir, «No todo el que Me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de Mi Padre que está en el cielo. Muchos Me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en Tu nombre, y en Tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros? Entonces les diré claramente: Jamás los conocí. ¡Aléjense de Mí, hacedores de maldad!» (Mt. 7:21-23).

    Uno de los triunfos más grandes de Satanás ha sido su éxito magnífico en convencer a la gente a creer que se pueden salvar del infierno sin ser salvos de sus pecados y de si mismos. Multitudes dependen en Jesús como salida de incendios de la tormenta eterna quienes no tienen la intención consciente de entregarse a Su Señorío o de caminar diariamente en obediencia a Él. De modo extraño suponen que pueden tener Jesús como su Salvador mientras lo rechazan como su Señor. Desean ser ciudadanos de Su reino mientras rechazan Su monarquía.

    Buscan alcanzar el reino del cielo con una mano mientras que la otra mano se aferra al reino de este mundo. Olvidando Mateo 6:24 – «Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas» – convierten en Evangelio tonterías y sustituyen el engaño de Satanás por la verdad de Dios. Tristemente, tales personas pertenecen al reino de palabras en vez del reino de poder.

    Reanimado creyente, ¡Jesucristo es Señor! ¡Hay que creerlo! ¡Hay que entregarse a ello! ¡Hay que obrar a impulso! ¡El fracaso aquí es el fracaso por todas partes!

El acuerdo es esencial

    Aprender a entrar en acuerdo pleno y explícito con Dios en todas las cosas es la tarea más importante que confronta el creyente. Se le quita el significado de alabar a Dios si no estás de acuerdo con Él. La alabanza verdadera solo existe donde hay armonía entre el que se alaba y el que alaba. El testimonio sólo está empoderado por el Espíritu y exaltante hacia Dios cuando la armonía existe entre la vida y el labio. Todos los hechos religiosos se depravan de significado espiritual cuando la incredulidad se manifiesta en desacuerdo con Dios.

    El nuevo creyente puede no estar de acuerdo en todas las cosas porque todavía no sabe mucho. Sin embargo, tiene que estar de acuerdo con todo lo que sabe. A medida que crece en la fe cristiana, su sometimiento a todo lo que Dios le enseña tiene que avanzar con su conocimiento de Dios y su comprensión de las pretensiones de Dios sobre su vida. Es precisamente aquí que muchos se pierden. Recuerdos de sometimientos previos no son sustitutos por el sometimiento actual. No basta que alguna vez estuve de acuerdo con Dios, tengo que estar de acuerdo con Dios ahora. ¿Qué valor posible hay en haber creído cuando comprendí poco si no creo cuando comprendo mucho? El acuerdo pleno y explícito con Dios en todo es la única llave al gozo y al poder para los cuales has ansiado en tu experiencia cristiana.

    He elegido doce dominios esenciales donde el acuerdo con Dios tiene que mantenerse todo el tiempo. El fracaso aquí es una tragedia que no hace falta a tu alma.

    Con la sincera esperanza de que conozcas más completamente que lo que esperabas conocer del poder del avivamiento personal, te invito a que te entregues a la oración en la reflexión de estos doce artículos de acuerdo explícito entre el Dios que guarda pactos y tú mismo. ¡Léelos con mucho cuidado! ¡Reflexiona sobre cada uno cuidadosamente! ¡Medita sobre las Escrituras sugeridas! Pregúntate continuamente, «¿Concuerdo con Dios en cada línea de este artículo?»

    ¡Arrepiéntate de cada desacuerdo! ¡Entra en acuerdo total con Él en cada cosa que Él dice! Comprométete a la mantención diligente de estos artículos explícitos, y el Dios que guarda pactos hará una obra de avivamiento tan llena de gracia y tan maravillosa en tu alma que jamás dejarás de alabarle a Él.

    1. SEÑOR, estoy de acuerdo contigo tocante a Tu perspectiva de mi vida.

    Señor, concuerdo que Tú me amas y que soy aquella persona para quien murió Cristo, siendo el «todo que cree» de Juan 3:16, y que esto significa que Te soy de importancia extraordinaria. Reconozco que me has amado con un amor eterno y que con bondad me acercas a Ti continuamente (Jr. 31:3; Rom. 8:35; 1 Juan 3:1; 4:10).

    Señor, concuerdo que tienes un plan para mi vida y que por vivir según ese plan obtendré el grado mayor posible de felicidad y de utilidad (Pr. 3:5-6; Mt. 5:3-12; Flp. 2:12-13; 2 Tim. 1:9; Heb. 13:20-21).

    Señor, concuerdo que demasiado de mi vida ya ha pasado sin suficiente crecimiento espiritual y que no debo perder más tiempo ni oportunidad (Ef. 5:14-17).

    Señor, concuerdo que es posible que hoy sea mi ultimo día de vida y que debo considerar sabiamente cada día como si fuera mi último y vivirlo solamente para la alabanza de Tu gloria (Sal. 39:5; 90:10; 1 Cor. 7:29; St. 4:14-17).

    Señor, concuerdo que tienes el derecho de Señorío sobre mi vida por virtud del hecho de que en la muerte sacrificadora de Cristo Tú me compraste y entonces todo mi tiempo, mi dinero, mis bienes, mi negocio, mi familia, mis metas, mis deseos, mi conducta, mis palabras y mis pensamientos tienen que estar bajo Tu control (Rom. 14:8; 1 Cor. 6:19-20).

    2. SEÑOR, estoy de acuerdo contigo tocante a todos mis pecados.

    Señor, concuerdo que el pecado en mi vida siempre ha sido y ahora es un problema muy real y que merezco ir al infierno a causa de ello (Rom. 3:9-12; 7:24; Ef. 2:1-2; Heb. 12:1).

    Señor, concuerdo contigo que la gran maldad de todo mi pecado ha sido y es lo que es contra Ti. «Contra Ti he pecado, sólo contra Ti, y he hecho lo que es malo ante Tus ojos» (Sal. 51:4). «¿Cómo podría yo cometer tal maldad y pecar así contra Dios?» (Gn. 39:9).

    Señor, concuerdo contigo que el arrepentimiento de todo mi pecado se exige, que debo dejar de aprovechar Tu bondad al no arrepentirme (Rom. 2:4) y que no puedo conocer la renovación que trae el avivamiento hasta que esto se logre (Hch. 3:19).

    a. Reconozco que el arrepentimiento es tanto una actitud como lo es un acto.

    b. Me doy cuenta que con todos los pecados conocidos hay que darles la espalda en el arrepentimiento.

    c. Confieso que no hay pecados pequeños en mi vida que no tienen importancia.

    d. Sé que tengo que arrepentirme aun de los pecados secretos.

    e. Estoy convencido de que las raíces del pecado en mi vida tienen que ser limpiadas de infestación diariamente para que no puedan crecer y producir sus frutos.

    Señor, concuerdo que la confesión pública del pecado publica es mandatoria (St. 5:16) y que la confesión privada del pecado privado tiene que ser practicado regularmente. «Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda» (Mt. 5:23-24).

    Señor, concuerdo que la restitución hacia cualquiera que he perjudicado es un requisito necesario para el avivamiento personal (2 Sm. 12:6; Jr. 35:15; Ez. 33:15; Lc. 19:8), porque sabiendo que le he defraudado a otro y no he hecho la restitución me impide tener una conciencia carente de ofensa hacia todos los hombres (Hch. 24:16) y me dejará con un corazón que me condena y me estorba las oraciones (1 Juan 3:20).

    3. SEÑOR, estoy de acuerdo contigo tocante a la santidad de la vida.

    Señor, concuerdo contigo que sin la santidad ningún hombre verá al Señor (Heb. 12:14).

    Señor, concuerdo que la santidad es Tu voluntad para mi vida, «La voluntad de Dios es que sean santificados» (1 Tes. 4:3).

    Señor, concuerdo que Tú no requieres nada de mi que sea imposible y que tengo que dejar de justificar mi falta de santidad al decir, «Dios comprende, soy sólo humano» y presumir de Tu bondad, aprovechando el hecho de que donde abunda el pecado, la gracia abunda mucho más (Rom. 6:1-2).

    Señor, concuerdo que la santidad fue comprada por Cristo en Su cruz (1 Cor. 1:30) y se recibe por fe tanto como la justificación (2 Tes. 2:13).

    Señor, concuerdo que me elegiste para la santidad (Ef. 1:4) y que esta elección me ha quitado para siempre el derecho de elegir ser pecaminoso. Acepto como mi deber considerarme diariamente estar muerto de verdad al pecado y vivo para Dios (Rom. 6:11).

    4. SEÑOR, estoy de acuerdo contigo tocante a la necesidad absoluta de vigilarme escrupulosamente lo que consumo.

    Señor, concuerdo cuidarme de lo que leo y de lo que veo: los libros, las revistas, la televisión, las películas, las mujeres en la calle (Job 31:1), los avisos, etc. y que estaría mejor yo sin ojos al tener ojos que me llevan al infierno (Mt. 18:9-10).

    Señor, concuerdo cuidarme de lo que escucho: los chistes, el chisme, la crítica de otros, los halagos, los puntos de vista religiosos, los cuentos insinuantes, etc. y regularmente prestaré atención a las palabras de Jesús, «Pongan mucha atención como oyen» (Lc. 8:18). «Presten atención a lo que oyen» (Mc. 4:24).

    Señor, concuerdo cuidarme de lo que toco y cómo lo toco – el dinero, los bienes, el sexo, etc. conociendo el error penoso de los pecados de codicia y lujuria (Éx. 20:17; Pr. 15:27; Mt. 6:27-30).

    Señor, concuerdo cuidarme de lo que pruebo y huelo y las razones relacionadas a ellos porque reconozco que la glotonería y la embriaguez son malos en Tus ojos (Sal. 34:8; 119:103; Pr. 23:2-3; 20-21; Lc. 21:34; Rom. 16:18; 1 Cor. 10:31; Gál. 5:19-21; Flp. 3:19; St. 1:13-15; 1 Pe. 2:2-3; 4:3).

    Señor, concuerdo poner mi cuerpo entero bajo custodia, sabiendo que mi cuerpo es el templo del Espíritu Santo (Mt. 10:28; Rom. 6:12; 8:13; 1 Cor. 6:19; 9:27).

    5. SEÑOR, estoy de acuerdo contigo tocante a Tu vista del doble ánimo y el ojo singular.

    Señor, concuerdo contigo que los limpios de corazón son bendecidos y seguiré Tu proceso de vaciarme a mi mismo (Mt. 5:3-5) para que yo sea y siga lleno de rectitud (Mt. 5:6) y así limpio de corazón (Mt. 5:8).

    Señor, concuerdo que es imposible amar a la vez a Dios y a las riquezas y entonces daré muerte a mis deseos carnales, rehusando guardarme tesoros en la tierra para mí, pero me enfocaré en los tesoros en el cielo para que donde esté mi tesoro, allí está mi corazón también (Mt. 6:19-24).

    Señor, concuerdo que el hombre de doble ánimo es inestable en todo lo que hace y no debe pensar que recibirá alguna casa de Ti porque es una ofensa hacia Ti, por ser como las olas del mar, agitado y llevado de un lado para otro por el viento (St. 1:5-12).

    Señor, concuerdo que si amo al mundo, Tu amor como Padre no está en mí porqué todo lo que hay en el mundo, la lujuria de la carne, la lujuria del ojo y el orgullo de la vida, no son de Ti sino del mundo que se acaba. Concuerdo que solo aquéllos que hacen Tu voluntad permanecerán para siempre (1 Juan 2:15-17).

    Señor, concuerdo unirme regularmente al salmista en pedir con todo corazón, «Dame integridad de corazón para temer Tu nombre» (Sal. 86:11).

    «Oh, para ser salvo de mi mismo, querido Señor,
    Oh, para estar perdido en Ti.
    Oh, para que sea no más yo,
    Sino Cristo quien vive en mí.»

    6. SEÑOR, estoy de acuerdo contigo tocante a la naturaleza mandataria de un andar diario.

    Señor, concuerdo que la razón verdadera de mi fracaso aquí en el pasado ha sido una falta de amor hacia Ti, y cuando reclamo la falta de tiempo, miento de verdad porque tengo exactamente la misma cantidad de tiempo que le toca a cada humano vivo, y hay un tiempo para todo lo que se hace (Ecl. 3:1-9).

    Señor, concuerdo en la necesidad de alabanza y adoración diaria de Ti puesto que en Ti vivo y me muevo y existo (Sal. 5:3; 92:1-2; 145:2; Dn. 6:10; Hch. 17:28; Heb. 13:15).

    Señor, concuerdo en las prolongadas temporadas de oraciones privadas, así como para descubrir la forma de orar sin cesar (1 Cr. 16:11; Lc. 6:12; 18:1; Hch. 6:4; Rom. 12:12; Col. 4:2).

    Señor, concuerdo en el estudio bíblico regular y la lectura devocional de Tu Palabra para que yo pueda ser agradable en Tus ojos y equipado para una vida piadosa en este mundo impío (Sal. 119; Jr. 15:16; Juan 5:39; 20:31; Hch. 17:11; Rom. 15:4; 2 Tim. 2:15; 3:16).

    Señor, concuerdo que los buenos hábitos son difíciles de desarrollar y fácil de romper y por tanto requieren de Tu constante ayuda en establecer y mantener este andar diario contigo (Rom. 6:4; 8:1-4; Gál. 5:25; Ef. 2:10; 5:8-15).

    7. SEÑOR, estoy de acuerdo contigo tocante a mi necesidad de ser parte de un grupo cariñoso y comprensivo.

    Señor, concuerdo que escuchar la predicación y la enseñanza de Tu Palabra regularmente es esencial, y me prometo observar el día del Señor fielmente (Sal. 55:14; Is. 56:2; Lc. 4:52-53; 1 Cor. 1:18; Heb. 10:25; Éx. 20:8-11).

    Señor, concuerdo que necesito la ayuda de los hermanos en mantener mis propios fuegos de devoción y pureza y de cometerme a ser una parte vital de una comunidad claramente cristiana (Hch. 2:41-42; Gál. 6:2; 2 Cor. 8:4; Ef. 2:19; Heb. 3:13-14).

    Señor, concuerdo unirme a un grupo de oración que se reúne con regularidad para orar los unos por los otros y para el avivamiento por toda la Iglesia y si no puedo encontrar tal grupo en existencia haré todo dentro de mi poder para comenzar uno (2 Cr. 7:14; Sal. 80; Mt. 18:20; 1 Tes. 5:17; 1 Tim. 2:8).

    Señor, concuerdo en practicar honestidad transparente con mis hermanos en el Señor para que ellos mejor me puedan animar, consolar, reprender y ayudarme en todas las cosas que se conciernen en Tu reino (Sal. 32:2; Rom. 12:9; 2 Cor. 4:2; Gál. 6:2; Ef. 4:25; Heb. 3:13; St. 5:16).

    Señor, concuerdo en hacer que la petición fervorosa para avivamiento personal y corporal sea un tema de intercesión de primer orden tanto en mi vida de oración personal como en mi vida de oración corporativa (Sal. 51:10-12; 85:6; Hab. 3:2).

    8. SEÑOR, estoy de acuerdo contigo tocante a dejar que brille mi luz delante de los hombres y de ser la sal de la tierra.

    Señor, concuerdo que esto significa ser abierto totalmente en mi confesión de Ti delante de otros y en mi andar cristiano (Lc. 12:8; Hch. 4:20; 22:15; Rom. 10:9; 1 Juan 4:15).

    Señor, concuerdo que esto requiere cuidado moral en todo lo que digo y lo que hago y la eliminación total de toda hipocresía en mi vida. Quiero ser como Nataniel, de quien dijiste que era de verdad un israelita, en quien no había falsedad (Juan 1:47; Col. 3:23).

    Señor, concuerdo que esto exige una confrontación valiente de aquéllos que están fuera de Cristo con Sus pretensiones sobre sus vidas y que yo siempre debo estar listo para corregir, reprender, y animar sea o no sea oportuno (Is. 41:10; Hch. 4:31; Flp. 1:28; 2 Tim. 4:1-2).

    Señor, concuerdo que esto significa consistencia y que no debo echarme atrás cuando el camino se pone difícil o vacilar aún cuando se amenaza mi trabajo o mi seguridad o disminuye mi entrada o el número de amigos (Hch. 4:13-21; 20:23-24; Gál. 6:9; Flp. 1:27; 1 Tes. 5:21).

    Señor, concuerdo que esto me hace vulnerable y me requiere, tal como Cristo hizo (Juan 10:14-18), que dé mi vida por otros (Lc. 9:23; 14:26; Juan 3:30; 12:25; Rom. 15:1; 1 Juan 3:16) pero por Tu gracia disminuiré la corrupción en este mundo por ser sal y difundiré la verdad por ser luz (Mt. 5:13-16).

    9. SEÑOR, estoy de acuerdo contigo tocante al lugar del amor en mi vida.

    Señor, concuerdo con Tu primer gran mandamiento que requiere que yo Te ame con todo mi corazón, alma, fuerza y mente (Mt. 22:37-38) y que mi amor para Ti se compruebe por mi obediencia a Tus mandamientos (Juan 14:23; 15:9-14; 1 Juan 2:3-5).

    Señor, concuerdo con Tu segundo gran mandamiento que requiere que yo ame a mi prójimo como a mi mismo (Mt. 22:39) y que mi amor para otros sea una prueba de mi amor para Ti (1 Juan 4:20-21).

    Señor, concuerdo que éstos son mandamientos y que el amor no es simplemente una emoción fuera de mi control sino algo que puedo hacer y debo hacer (1 Cor. 13).

    Señor, concuerdo que Tú eres la fuente del amor (1 Juan 4:7,19); y que todas manifestaciones de una falta de amor por mi parte son manifestaciones de una ruptura en mi relación contigo (1 Juan 2:9-11; 3:14; 4:7-12).

    Señor, concuerdo que la unidad vital entre todos los hermanos verdaderos en Cristo es tanto Tu voluntad como una señal de mi amor hacia Ti y hacia otros (Juan 17). Por consiguiente me comprometo a ser un agente de paz y reconciliación y de rehusar ser divisivo a causa de temas de personalidad, metodología y asuntos doctrinales que no son esenciales. En cuanto que sea posible, prometo estar en paz con todos los hombres (Hch. 4:32; Rom. 12:18; 1 Cor. 1:13; 12:26; Ef. 4:3).

    10. SEÑOR, estoy de acuerdo contigo tocante a Tu fuerza y capacidad.

    Señor, concuerdo que hace demasiado tiempo que vivo en el dominio de la debilidad, lo ordinario y lo rutinario y que, aun como los incrédulos, he conocido demasiado la forma de la santidad mientras niego el poder de esto (2 Tim. 3:5).

    Señor, concuerdo que Tú eres capaz de hacer muchísimo más que todo lo que yo haya pedido o haya imaginado alguna vez (Ef. 3:20).

    Señor, concuerdo que Tú eres capaz de usarme poderosamente como instrumento de rectitud y como un recipiente de misericordia (Rom. 6:13; 2 Cor. 4:7).

    Señor, concuerdo en ponerme continuamente a Tu disposición para Tu uso y por fe vivir en expectativa regular de dar fruto en temporada (Sal. 1:1-3; Juan 15:1-8, 16).

    Señor, concuerdo en no apagar al Espíritu Santo en mi y por mi a causa de pensar negativo o despreciarme sabiendo que Tú puedes hacer aun a una persona como yo un recipiente de honor (Rom. 9:21; 2 Tim. 2:21).

    11. SEÑOR, estoy de acuerdo contigo tocante al honor y la gloria.

    Señor, concuerdo que Tú solo eres Dios y que exaltarme como si yo fuera Dios o exaltar a cualquier otro ser creado o cosa es de verdad una violación seria de los mandamientos dados a Moisés (Éx. 20:2-5).

    Señor, concuerdo que Tú solo eres digno de alabanza, honor y gloria, y rehuso glorificarme o buscar o aceptar aquella alabanza y honor que son Tuyos solamente. Darte la gloria por todo lo que transpira en mi vida y a través de mi vida desde ahora en adelante será no simplemente mi deber sino mi privilegio glorioso (Sal. 18:3; Apoc. 4:11; 5:12).

    Señor, concuerdo que jamás he tenido ninguna razón para glorificarme o para recibir alabanza y honor para cualquier cosa que haya hecho, porque en Cristo vivo y muevo y tengo mi ser (Hch. 17:28) y sin Él no puedo hacer nada (Juan 15:5b).

    Señor, concuerdo que el orgullo es un pecado de raíz en mi corazón, que es tontería (Mc. 7:21-22) pues no tengo nada de que gloriarme sino Tu misericordia benévola. Por lo tanto resistiré firmemente todas tendencias hacia la auto-evaluación o vanagloria. Reconozco que Tú me has mandado a humillarme (St. 4:10; 1 Pe. 5:5-6) y no Te insultaré más ni por pedirte que hagas lo que ya me has mandado hacer ni por permitir que el orgullo reine en mi vida (Pr. 8:13; St. 4:6-7).

    Señor, concuerdo que Tú desprecias el orgullo corporativo tanto como el orgullo individual y por consecuencia me comprometo a hacer todo lo que hay dentro de mi poder de eliminar el orgullo que existe tanto en la iglesia como en la sociedad en general (2 Cr. 7:14).

    12. SEÑOR, estoy de acuerdo contigo tocante a quien va a soportar la culpabilidad de todos mis pecados y fracasos pasados, presentes, y futuros.

    Señor, concuerdo en dejar de empeñarme en el auto-crítica destructiva. Acepto el hecho de que soy una criatura nueva en Cristo Jesús (2 Cor. 5:17) y que todo lo puedo hacer por Cristo Jesús que me fortalece (Flp. 4:13).

    Señor, concuerdo que Cristo pagó el castigo por mis pecados y que no tengo derecho de castigarme por pecados de los cuales Cristo ya pagó. Reconozco que estoy cansado de soportar el peso de la culpabilidad de estos pecados y por lo tanto aquí y ahora dependeré en ti para soportarlos muy lejos para siempre (Is. 53:5; 1 Pe. 2:24; 1 Juan 1:7).

    Señor, concuerdo en la confesión rápida de cualquier pecados que ocurren desde ahora en adelante y yo inmediatamente al confesarme aceptaré Tu perdón y purificación y jamás me cargaré con el peso de lo que Tú ya has perdonado (1 Juan 1:9).

    Señor, concuerdo que a la luz de todo que Tú has hecho por mi, estoy a vivir en la victoria (Rom. 8:35-39; 1 Cor. 15:57; 2 Cor. 2:14) y el poder (Hch. 1:8; 2 Tim. 1:7) por la fe en el Señor Jesucristo que me amó y me compró con Su propia sangre (1 Pe. 1:18-19).

    Señor, hasta concuerdo en dejar que Tú soportes la culpabilidad de cualquier fracaso y todos mis fracasos al cumplir con estos artículos de acuerdo y de no desanimarme por estos fracasos o de abandonar estos acuerdos sin importar cuanta frecuencia o terriblemente fallo en guardarlos. Por Tu gracia, si fallo, inmediatamente me arrepentiré del fracaso y me levantaré y seguiré adelante en acuerdo explícito contigo en todos estos artículos.

    En Testimonio de mí sincero acuerdo con estos Artículos de Acuerdo con el Señor Dios Todopoderoso, aquí inscribo mi nombre:

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    Firma                                                                                    Fecha 

    – Permiso para reimprimir concedido por Richard Owen Roberts y International Awakening Ministries.