«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Un Reto A Todos Los Que Desean Avivamiento 

Por Don Lamb

    Durante un tiempo que compartimos en una cruzada con los hermanos Ralph y Lou Sutera de la Confraternidad de Avivamiento Canadiense en Johnstown, New York, en mayo de 1987, tuve la oportunidad de observar a algunos cristianos que tenían poco tiempo de haber recibido avivamiento.

    Cuando me senté y escuché a estos cristianos despiertos, me sentí desafiado por sus testimonios acerca del poder limpiador y motivador de Dios.

Las bendiciones del avivamiento personal

    Un padre de familia joven compartió cómo encontró una gran satisfacción al vivir en victoria sobre la carne y el egoísmo que antes controlaban su vida. Se dio cuenta de cómo podía dedicar cada día al Señor cuando se despertaba y pedía el poder de Dios para que le diera fortaleza sobre la «vieja naturaleza.»

    Otros derramaron lágrimas de alegría que reflejaban la paz de Dios vertida sobre sus almas tranquilas. Los cristianos estaban siendo reconciliados con los cristianos; los maridos con sus esposas; los padres con sus hijos; y los laicos confesaban su amargura hacia los pastores y ancianos. Estos fueron los efectos visibles de los avivamientos personales que florecían como frutos de la Cruzada de los gemelos Sutera.

    Empecé a ver en una nueva manera, que las bendiciones de los avivamientos personales son una parte muy importante de la iglesia local. La fuerza de una vida transformada produce un gran impacto sobre cualquier cuerpo de creyentes particular.

    ¡Cuánto más el impacto de avivamientos personales múltiples! Me di cuenta que la carga que Dios había puesto en nuestros corazones por un avivamiento general y un movimiento más amplio del Espíritu Santo sólo se podría cumplir en relación directa a los avivamientos personales.

Los desafíos de la consistencia

    Quizás alguien que esté leyendo este artículo haya experimentado la pureza y el quebrantamiento del avivamiento personal, pero que no ha seguido en ese primer amor.

    Entonces hay algunos que asumen que siempre tendrán una carga por un despertamiento general, porque han experimentado avivamiento personal alguna vez en sus vidas.

    Sin embargo, el hecho de que haya encontrado alguna vez a Cristo en una relación profunda y personal, no garantiza que esté exento de poder crecer escéptico o duro si deja de desear el avivamiento personal a diario.

    Siento que Dios está lanzándonos un reto a todos los que estamos buscando un despertamiento personal y general. El desafío para los que buscan el despertamiento general es el siguiente: no pueden agradar a Dios al buscar un avivamiento general en la Iglesia sin morir a sus propios deseos carnales y permanecer en un despertamiento personal como una parte diaria de su andar cristiano.

    El segundo es un desafío para los que están experimentando avivamiento personal: si su fe y su visión se detienen al orar y estar a la expectativa para que Dios visite su iglesia y su comunidad, su avivamiento personal, eventualmente, se estancará y se orientará hacia ellos mismos.

    Para ayudar a comprender esta verdad veamos en 1 Pedro 2:11-12: «Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.»

    Aquí vemos una breve descripción de cómo un cristiano ha de poner en obra el avivamiento personal. En este texto se nos dan tres mandatos que se deben obedecer para que un creyente experimente avivamiento personal continuo. Los primeros dos son: «que os abstengáis de los deseos carnales» y «manteniendo vuestra manera de vivir entre los gentiles.»

    El tercer mandato se sobreentiende en la última línea del pasaje de la citada escritura: «glorifiquen a Dios en el día de la visitación.» Si Dios va a visitar a un pueblo o a una generación, entonces Él debe ser invitado. El tercer mandato implica que todos los creyentes deberían de orar sin cesar para que el Espíritu de Dios nos visite con el poder reavivante de Cristo.

    Estos breves mandamientos convierten en requisito que los cristianos sean un pueblo santo, un pueblo activo, y un pueblo de oración.

No hay lugar para las concesiones

    La desobediencia en cualquiera de estas áreas interrumpirá nuestro crecimiento espiritual y, a la larga, pondrá en riesgo nuestro testimonio ante los impíos que nos rodean. De acuerdo a ese pasaje, no hay lugar para las concesiones en el avivamiento personal. Si las hacemos, los impíos tendrán terreno sólido para acusarnos de estar haciendo lo incorrecto.

    Un cristiano debe aprender a caminar libre de recrearse en los placeres carnales de su generación. Además, debe vivir un testimonio visible del poder transformador de Cristo ante aquellos que están a su alrededor y que no son salvos.

    Por último, un cristiano nunca debe estar conforme nada más con su avivamiento personal y vivir una vida buena frente a los impíos. Debe creer en Dios que Él enviará una visitación del Espíritu Santo, en la cual usará del ejemplo y las palabras de su propia vida para mover a los corazones duros y egoístas de los que no se han rendido a Cristo dentro de su iglesia y de su comunidad.

    Un avivamiento personal es la condición para buscar un despertamiento general. Muchos creyentes leen sobre los grandes avivamientos del pasado y se emocionan al querer orar para que alguno llegue a sus iglesias o ciudades.

    Sin embargo, muchos de esos cristianos que buscan avivamiento, no se dan cuenta de que la obra debe iniciarse en sus propias vidas. Dios escuchará nuestras oraciones para que una visitación llegue a una comunidad, sólo después de que le permitamos a Él que visite nuestros corazones. Una persona que busca un avivamiento general deberá de hacerlo así, con un corazón que sepa de los efectos y la pureza del avivamiento personal.

    Si tratamos de orar y trabajar para un avivamiento espiritual más amplio con algunos que no han experimentado avivamiento personal, vamos a tener un tiempo difícil para mantener cualquier ímpetu espiritual. Esto explica por qué tantos cristianos se van agotando en la oración y al final, detienen su apoyo para el despertamiento espiritual.

¡Ore por el derramamiento del Espíritu Santo!

    Si un cohete que se lanza hacia el espacio enciende su primera y segunda etapas en perfecta ejecución, pero debido a una falla, la última y tercera etapa no enciende, no alcanzará la órbita y, al poco tiempo, caerá a tierra y será destruido. En 1 Pedro 2:11 y 12 vemos un paralelo espiritual a esta ilustración.

    Las primeras dos áreas de obediencia, abstenerse de los deseos carnales y mantener buena nuestra manera de vivir entre los inconversos, nos impulsan hacia el avivamiento general. Pero, si fallamos al movernos hacia la tercera etapa de orar a la expectativa por un avivamiento general, entonces nuestras vidas espirituales empezarán a decaer.

    El vivir una vida santa y llena del Espíritu, que testifique del poder transformador de Cristo a los que nos rodean y que no son salvos, pone el cohete a través de casi toda la atmósfera. Sin embargo, si nos volvemos complacientes y no encendemos en oración para un derramamiento del Espíritu Santo sobre los corazones de aquellos que rechazan doblegarse ante nuestros alegatos por su salvación, a la larga, nos volveremos egocéntricos y apáticos respecto a nuestro avivamiento personal. El avivamiento personal es el comienzo de las intenciones de Dios para un cristiano, pero no es el final.

El desafío final

    Miremos hacia nuestras vidas y veamos cuánto se parecen a este pasaje de la Escritura. No hay ninguno exento del desafío que se nos presenta. Debemos hacer de Cristo nuestro reavivador personal, y debemos vivir una vida piadosa, buscando al Señor para una visitación más extensa. El resultado final es permanecer en una posición de expectación respecto a lo que el Padre puede hacer «…mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén» (Efesios 3:20-21).

    – Tomado del Boletín Preparad el camino.