«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Preparando Para La Visitación Divina

Por Richard Owen Roberts

    Lo siguiente es de un mensaje editado de la Conferencia Clamor del Corazón por un Avivamiento en abril de 2006 en The Cove, Asheville, Carolina del Norte, EE.UU.

    Al final del Salmo 73 se halla la frase conmovedora: «… el acercarme a Dios es el bien.» A lo largo de mi vida he aprendido que los períodos más preciosas, los días más maravillosos, incluso los momentos más espléndidos son esos momentos de proximidad, cuando Dios Mismo se acerca. No hay tiempo en la historia de la Iglesia más maravilloso que un tiempo de visitación divina cuando Dios está cerca. ¿Esto es el deseo de nuestros corazones, ¿no es así? ¿Y no es la necesidad de nuestra tierra y de las naciones del mundo? El asunto que ahora ocupa mi corazón es la preparación para dicha visitación divina.

    Vamos a usar un pasaje en Lucas capítulo 3:

    «En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados, como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías, que dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; Enderezad sus sendas. Todo valle se rellenará, Y se bajará todo monte y collado; Los caminos torcidos serán enderezados, Y los caminos ásperos allanados; Y verá toda carne la salvación de Dios.

    «Y decía a las multitudes que salían para ser bautizadas por él: ¡Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego.

    «Y la gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿qué haremos? Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? Él les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado. También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario.

    «Como el pueblo estaba en expectativa, preguntándose todos en sus corazones si acaso Juan sería el Cristo, respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará» (vv. 1-17).

Juan traza un contraste

    En este pasaje en Lucas capítulo 3 Juan intencionalmente traza un contraste: primero, un contraste entre él y Cristo; segundo, un contraste entre su bautismo y el bautismo de Cristo. En el primer aspecto, el contraste entre su persona y la persona de Cristo, Juan le dijo a las personas que vinieron a él, «Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego» (v. 16). Observe la humildad de Juan. La humildad no es negando la verdad. La humildad está en ser bien conscientes de la verdad y escoger deliberadamente de tomar el lugar que corresponde.

    Uno de los problemas mayores de la iglesia norteamericana es puro orgullo. No importa cuán grande usted puede pensar que es, o alguna otra persona pueda pensar de sí misma, nuestro Señor lo dijo muy claramente: «Os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista» (Lucas 7:28). Pero tan importante como Juan era, tan vital como era su ministerio, él entendió que comparado con Cristo él era como nada. Usted no tiene que restarle valor a la verdad para ser humilde.

    De hecho, cuanto más realista sea su apreciación de la verdad, tanto mayor será su perspectiva de humildad. La modestia es otra forma de orgullo; es el orgullo en la marcha atrás de su modelo normal. Pretendemos que realmente somos menos de lo que realmente creemos que somos. No hay ningún fingimiento, ni hipocresía, ni pretensiones en Juan el Bautista. Él sabe quién es. Pero él también sabe quién es Cristo. Y sabiendo quién es Cristo lo habilita para en comparación para decir que él es nada.

    Pocos cristianos norteamericanos tienen alguna idea de cómo acercarse al asunto de la humildad. El orgullo es hinchado y se mantiene por la comparación con el indiferente y el inadecuado alrededor de nosotros. La única cura real para el orgullo no es mantener la comparación con sus pecadores infelices alrededor de nosotros, sino con el Salvador, y según el grado en que fije los ojos en Cristo, descubrirá que usted no es nada. Sucede que yo soy un hombre llamado de Dios. Yo sé eso. Lo he sabido desde que yo era un muchacho. Pero yo también sé que soy sólo un siervo del Altísimo, y si alguna vez yo llego a lograr alguna estatura por pequeña que fuera, incluso sería como nada comparado con Él.

    Muchos de nosotros empleamos mal la Biblia. Vamos a la Biblia para conseguir pequeños bocadillos para hinchar nuestro ego, para sostenernos para que nosotros podamos pasar por otro día difícil. Usamos la Biblia como si fuera escrita acerca de nosotros, como si nosotros fuéramos los protagonistas. Si usted no ha hecho eso, yo le sugeriría que usted declare que durante todo el año próximo usted fijará sus ojos en el Dios que se revela en las Sagradas Escrituras. Mantenga el enfoque en Dios hasta que usted esté absolutamente absorto con Su grandeza y ha sentido su necedad e insuficiencia profundamente. Juan era un hombre humilde porque él sabía bien que no debía desviar sus ojos del que realmente importaba.

    En el pasaje anterior está también el contraste entre el bautismo de Juan y el bautismo de Jesucristo. Hay multitudes que ponen mucho mayor énfasis en el bautismo de agua que en el bautismo del Espíritu Santo y fuego. Nos condenamos a la mediocridad por no comprender que aunque es importante el bautismo en agua, no puede compararse con el bautismo en el Espíritu Santo y fuego. Yo les suplico que se relacionen grandemente con San Juan Bautista y su declaración: su contraste por lo que se refiere a su persona con Cristo, y su contraste por lo que se refiere a su bautismo con el bautismo de Jesucristo.

La obra de Juan el Bautista

    Hay una lista que abarca la obra de Juan el Bautista que se halla en Lucas 1:16-17; 76-77:

    1) Convertir a muchos de los hijos de Israel al Señor su Dios.

    2) Ir como un precursor delante Él en el espíritu y el poder de Elías.

    3) Hacer los corazones de los padres a los hijos.

    4) Hacer volver al desobediente a la actitud del justo.

    5) Para preparar un pueblo para el Señor.

    6) Ir delante del Señor y preparar Sus caminos.

    7) Para dar a Su pueblo el conocimiento de la salvación por el perdón de sus pecados.

    Ése es el trabajo de Juan, y gracias a Dios él lo hizo y lo hizo bien. Quiera Dios que haya algunos precursores hoy. Quizá Dios quiere que usted se prepare para ser un precursor. ¿De qué vale orar por el avivamiento y no prepararse? Si realmente creemos que el Señor va a visitarnos una vez más, ¿usted piensa que la situación hoy está lista? Piense en lo que podría pasar si Cristo viniera en una visita dramática y poderosa a América en este momento.

    Piense en los millones de los que están en la Iglesia que creen que el Evangelio consiste en su propia salud y riqueza. Piense en esas personas que se consideran cristianas que realmente supone que Cristo vino a salvarlos del infierno y después entonces abandonarlos en las garras de sus pecados. ¿Usted ha considerado lo absurdo de enseñar y predicar que Cristo salvará a una persona del infierno para dejarlos en sus pecados? Imagine un Dios que tiene tal odio del mal que Él prepara a un infierno para encarcelar para siempre al impenitente. Entonces Él envía Su Hijo y encomienda a Su Hijo y para morir por el impenitente y Él los deja en su estado impenitente y los libera del infierno preparado para ellos. Algo así es lo que se enseña en muchas iglesias hoy. Demasiadas personas que se piensan cristianas tienen sólo un interés y ése es un escape del fuego del infierno. Ellos aman su pecado. Ellos piensan permanecer en él. No les gusta ni siquiera un predicador que hable contra su pecado.

Un camino de santidad

    Leemos en Lucas capítulo 3 una cita de Isaías 40:3-5: «Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane. Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado.»

    El trabajo preparatorio que se necesita está como el construir un camino. Un camino de santidad necesita ser preparado para que el Señor pueda venir a nosotros y nosotros podamos ir a Él. Si usted estuviera involucrado en la construcción de un camino, ¿qué tipo de pensamientos habría en su mente? ¿Los que construyen los caminos acaso no piensan en los problemas como el desagüe y la durabilidad y capacidad y fuerza y seguridad y velocidad y accesibilidad? Hay mucho trabajo involucrado en la construcción de un camino. Diga a su corazón: «Soy un constructor del camino. Tengo una tarea. Tengo que preparar el camino del Señor.»

    Hay una serie de asuntos específicos aquí. El primero es: «Enderezad sus sendas» (Lucas 3:4). La Iglesia hoy está siguiendo un curso muy torcido. Dobla por aquí y después por allí alrededor de las grandes verdades de las Escrituras, pero no hay ningún camino recto. Nuestra tarea es enderezar los caminos. Nos ordena en este pasaje que cada barranco o el valle sea llenado. Los valles de la duda, de la incredulidad, de autocompasión, de heridas valoradas, de vergüenza, de miedo, de pasiones desordenadas – que cada valle se llene. Necesitamos empezar con nosotros mismos. ¿Yo he rellenado los valles de mi vida? ¡Si no, póngase a hacerlo! ¿Cómo podemos esperar ser usados de Dios cuándo nuestros propios corazones están en desorden?

    No sólo se debe llenar cada valle sino que cada monte será bajado (v. 5). El monte del orgullo debe bajar. El monte de nuestras imaginaciones secretas debe ser destruido. El montaña de la obstinación y rebelión debe recibir un golpe mortal, y ciertamente el monte de las obras muertas también.

    A través de un período de varios años, era mi alegría de asociarme con J. Edwin Orr en lo que nosotros llamamos las Conferencias de Oxford. Año tras año nosotros nos reuníamos en Oxford, Inglaterra, y hablamos entre nosotros y nos exhortábamos y nos animábamos en el avivamiento. Una noche después de nuestro culto normal, muchos hombres estaban orando en la pieza superior de Universidad de Regent Park. Había hombres de todos los tipos de lugares y trasfondos. Algunos de estos hermanos sabían cómo realmente permitir soltarse en oración, y nosotros estábamos clamando a Dios para hacer cosas maravillosas. Era un tiempo encantador, y yo estaba disfrutando cada momento de él.

    Entonces de repente recibí una impresión en mi corazón la pregunta era, «¿Crees que yo voy a mover las montañas?» Yo no pienso que clamé audiblemente pero yo clamé dentro de mi corazón: «¿Qué montañas, Señor?» Y yo pensé en dónde estaba – Oxford en el corazón de Inglaterra, y oh, las montañas allí: las montañas de la duda, las montañas de deseos desordenados, las montañas de las obras muertas, y todo quedó tan vívido en mi mente. Y después la pregunta sobrecogió mi corazón: «Tú crees que yo moveré estas montañas?»

    Mi corazón estaba rebelándose y yo estaba diciendo, «Señor, nosotros estábamos teniendo una reunión de oración tan maravillosa. ¿Por qué destruiste mi disfrute de ella trayendo estos asuntos a mí?» Pero todavía la pregunta estaba allí, y yo dije finalmente, «¿Por qué, Señor, no hay ninguna distancia de Oxford al mar? Sí, yo creo ciertamente que se pasarán estas montañas por la oración al mar.»

    Y entonces la pregunta se hizo mucho más personal: «¿Y qué hay de Chicago y Wheaton? Usted cree que yo moveré estas montañas?» Y yo quedé sin aliento: «Señor, es un camino largo al océano más cercano desde Chicago.» La pregunta, «¿Tú crees?» Y entonces finalmente en fe yo dije: «Sí, Señor, yo creo,» y yo creía y todavía lo creo. Pero vamos a tener que trabajar para rellenar esos valles que podamos y bajar los montes que podamos por la gracia de Dios. Tenemos que preparar el camino del Señor.

    «Lo torcido será enderezado» – las doctrinas torcidas, las prácticas torcidas, las relaciones torcidas, el pensamiento torcido, las auto-apreciaciones torcidas. Y todos los caminos ásperos deben allanarse, los asuntos como nuestras inconsistencias, nuestras subidas y bajadas, nuestro calores y nuestros fríos, nuestra franqueza, nuestro encerramiento, nuestras confianzas, nuestras sospechas. Muchos de nosotros estamos cargados con inconsistencias.

    Recientemente tomé uno de los libros de J. Edwin Orr que no había leído antes. Era sobre el avivamiento que empezó en 1790, y había algunos relatos hermosos en él. Luego él empezó a hablar sobre una visita que él hizo a Wheaton, Illinois en el momento de del maravilloso mover del Espíritu Santo en los años de 1950, cuando fueron conmovidos profundamente Jim Elliot y otros hombres que sacrificaron sus vidas ante los indios Auca. Una cantidad numerosa de otros hombres en la Universidad de Wheaton cuando Dios entró en esa gran visitación llegaron a ser líderes misioneros.

    En su libro Orr dio un extracto del diario de Jim Elliot. Elliot reconoció que él no había tenido mucho cuidado sobre guardar un diario, pero él había oído que Orr hablaba sobre su importancia y también sobre la importancia de establecer un tiempo diario temprano por la mañana con el Señor. Así que Elliot escribió en su diario: «He sido movido para hacer esto profundamente y voy a hacerlo con la mayor integridad que me sea posible. La primera cosa que debo arreglar es la gruesa inconsistencia que ha acompañado mi tiempo con el Señor durante los años, y ahora por la gracia de Dios, yo voy a tratar con eso.» Y todos los que conocen su historia saben que de hecho él lo hizo. Dios movió y lo bendijo maravillosamente. «Todo valle se rellenará, Y se bajará todo monte y collado; Los caminos torcidos serán enderezados, Y los caminos ásperos allanados; Y verá toda carne la salvación de Dios. Cada lugar corvo hizo recto, cada lugar alto derrumbó, cada lugar bajo rellenó, cada camino áspero aplanó y toda la carne verá la salvación de Dios» (v. 6). ¿No es eso aquello por lo cual late su corazón?

Los frutos que siguen al arrepentimiento

    Mire los versos ahora 7 y 8: «Y decía a las multitudes que salían para ser bautizadas por él: ¡Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.»

    ¿Cuán profundamente se preocupa usted de dar fruto acorde con su arrepentimiento? Si uno fuera leer este pasaje descuidadamente, podría quedar boquiabierto al comprender que las multitudes venían y él podía prever a estos que son llamados por Jesús como escribas, fariseos e hipócritas incluso. Parecería que ellos estaban buscando el bautismo allí. Hace tiempo cuando yo estaba meditando en esto comprendí de repente que había un pasaje en Lucas que aclaraba que Juan no bautizó a esos hipócritas, y yo sentí un tremendo alivio.

    Pero algunos pastores han estado bautizando a escribas, fariseos e hipócritas. Hace un tiempo le pregunté a un pastor si él hubiera bautizado en la vida a sabiendas a una persona no convertida, y él reconoció que lo había hecho. Cuando le pregunté por qué, él me dijo: «Usted tiene que entender que yo me he comprometido a construir una mega-iglesia.» «Sí», le dije, «y usted necesita entender que la sangre de cada una de estas personas está en sus manos, hipócrita.»

    Pero yo pregunto de nuevo: «Existe el fruto que es acorde con su arrepentimiento?» Vamos más allá de nosotros. ¿Usted predica el arrepentimiento? ¿Si lo hace, usted exige el fruto destinado al arrepentimiento? ¿Cómo vamos a preparar el camino del Señor si descuidamos el arrepentimiento o si hablamos fervorosamente del arrepentimiento y no hacemos ninguna demanda por lo que se refiere al fruto apropiado?

    Pero hay otro problema aquí yo quiero que usted vea en el versículo 9, y es un problema importante. «Y ya también,» dijo Juan a los que venían a bautizarse, «el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego.» Necesitamos tener una relación con el hacha del Evangelio. Muchos de nosotros, si aplicamos el hacha de algún modo, estamos aplicando el hacha a las ramitas del árbol. Estamos preocupándonos por pequeñeces con el fruto del pecado alrededor. No nos hemos acercado de ninguna manera a las raíces del pecado. Juan tomó el hacha del Evangelio para aplicarla a la raíz del árbol.

    Hay una diferencia entre servir a Dios con los dones y servirlo con la gracia. Yo hago una pausa y le pregunto: «su servicio: ¿Es el de los dones o el de la gracia?» Toma mucho tiempo y oración seria y preocupación pensativa para ser ciertas que en cada ocasión de servicio nuestros dones son bañados por la gracia divina. Nunca debe ser la carne sino siempre el Espíritu que está ministrando. Mis estimados amigos, si vamos a preparar el camino del Señor, vamos a tener que ver que nuestros dones sean saturados con la gracia divina así como Juan el Bautista hizo.

    ¿Usted puede imaginar a un hombre más dotado que Juan el Bautista? ¿O usted puede imaginar a un hombre con mayor gracia? Su mensaje: «… Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento.» Mientras estaba leyendo el pasaje, usted notó los tres grupos diferentes que vinieron a Juan: versículo 10, las multitudes; versículo 12, los recaudadores de impuestos; versículo 14, los soldados. Juan habló una palabra urgente a cada uno de esos tres grupos.

    Y después finalmente, por lo que se refiere al mensaje, las palabras muy significantes del versículo 17: «Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.» ¿Qué si el Señor viniera con Su aventador en este momento? ¿Cuántos serían pura hojarasca que tiene que ser consumida en el fuego?

Aplicaciones directas

    Ciertamente muchos de nosotros que no son culpables de pecados salvajes y horribles de la carne pueden muy bien ser culpables de pecados horribles del espíritu. Ciertamente el orgullo es el mayor pecado contra Dios. Así que yo suplico de nuevo que usted trate con el orgullo y hacerlo de una manera muy bíblica.

    ¡Los pecados de omisión – oh, cómo la Iglesia necesita buscar el arrepentimiento por lo que se refiere a su vida de oración! Qué día trágico en el cual vivir cuando se piensa de la oración tan livianamente en la iglesia típica. También se requiere de nosotros que nos arrepintamos de nuestras obras muertas. Cómo podemos hacerlo si no tenemos ninguna noción de lo que constituye una obra muerta. En primer lugar, una obra muerta es algo que nosotros hacemos donde esperamos obtener el mérito de Dios en lo que nosotros hacemos. Para un porcentaje alto de número de miembros de la iglesia, aceptar a es nada más que una obra muerta. Ellos esperan ganar un poco de mérito – un escape del fuego. Ellos no se preocupan de ninguna manera de vivir para Dios, pero la posibilidad de un infierno al que podrían ser enviados los involucra suficientemente como para que un predicador imprudente e impío les anima a hacer para lo que ellos creen que es la salvación. Este es el trabajo muerto de la regeneración por decisiones, la obra muerta de hacer algo para que ganemos el mérito con Dios.

    Una obra muerta también es algo que nosotros hacemos que no tiene ninguna capacidad para ser vivificada por el Espíritu Santo. Por ejemplo, nosotros leemos: «Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado» (Salmo 66:18). Así, la oración puede llegar a ser una obra muerta. No hay forma de que la oración de un corazón pecaminoso pueda ser vivificado por el Espíritu Santo, tener vida o, que pueda ser eficaz. Un hombre puede predicar sermones bonitos e influenciar a las multitudes con sus palabras, y sin embargo toda su predicación puede ser nada más que obras muertas porque él tiene ninguna capacidad para ser tocado por el Espíritu de Dios porque alberga algún pecado en su corazón. Cualquier ministerio que no puede ser encendido por el Espíritu Santo es nada más que una obra muerta.

    No sólo es los trabajos muertos algo que nosotros hacemos para ganar el mérito con Dios, no sólo son obras muertas algo que nosotros hacemos que no puede vivificarse y ser poderoso por el Espíritu Santo, sino que una obra muerta es cualquier acción en que nosotros cometemos en el poder de la carne y no buscamos la capacidad del Espíritu Santo. Muchos hombres predican domingo tras domingo y no han pasado tiempo luchando en absoluto en oración y suplicando con Dios para un bautismo fresco del Espíritu Santo y fuego.

    Hay también el problema de la doctrina errónea. La Iglesia americana está plagada con doctrinas falsas. Hemos cometido un error al tomar como sinónimos las palabras tales como la conversión, salvación, regeneración y justificación. Preparar el camino del Señor significa que debemos tratar con el pecado, con las obras muertas, y con las enseñanzas falsas, y también debemos tratar con las prácticas falsas. Cuando nuestro Señor dijo: «Mi casa se llamará una casa de oración» (Isa. 56:7; Mat. 21:13), ¿Qué piensa qué Él quiso decir? ¿Usted piensa que Él quiso decir que habría algunas personas orando en ella? Yo creo que Él quiso decir que cada creyente estaría orando con cada otro creyente.

    ¿Usted se ha detenido a pensar en este hecho: nuestro Señor aclaró que una casa dividida contra sí misma no puede mantenerse sin caer? (Marcos 3:25). En la iglesia típica el sentimiento general parece ser que algunas personas tienen el don de la oración, y algunos tienen el don de enseñar, etc., así que permitir a las personas con el don de orar haga la oración y que los que tienen el don de enseñar que enseñen, etc. Cualquier iglesia dónde una porción de las personas ora y una porción no hace, es una casa dividida contra sí misma. Y una de las razones mayores por qué las decenas de miles de hombres están dejando el ministerio en estos días es porque la casa está tan mal y dividida ellos no pueden ver su camino para continuar en el ministerio al que Dios los llamó. Más triste aun, muchos simplemente no están volviéndose al lado a otras ocupaciones, pero muchos están cayendo moralmente.

    Nuestro Señor dio la historia al final del Sermón en la Montaña sobre los dos hombres que construían, un edificio en la arena y el otro edificio en la piedra (Mat. 7:24-27). La iglesia que tiene un grupo de su pueblo orando y una porción no orando es una casa construida en la arena. El cristianismo requiere que todos dentro de un compañerismo dado sean hombres y mujeres de oración. Pastores, ¿por qué ustedes no deben determinar que bajo Dios que cada uno de los creyentes participen regularmente en la vida de la oración de la iglesia? Necesitamos algunas metas santas y altas, y yo no puedo concebir de nada más urgente que convertir una casa de Dios en una casa de oración.

    Yo quiero hablar para un momento sobre los niños. La Iglesia está bajando el nivel intelectual del mensaje del Evangelio en conjunto para los niños. Es importante tratar a los niños por lo que ellos son – seres humanos inteligentes con gran capacidad de abrazar la verdad divina. Si dada la oportunidad, podríamos saber de docenas y docenas de personas que abrazaron completamente el Evangelio de Cristo cuando eran niños y entendieron muchas de las cosas más profundas de la fe cristiana. ¡Oh, que la Iglesia pudiera empezar a asir el potencial de estos niños encantadores! En algunos de los movimientos de avivamiento poderosos del pasado, han sido las reuniones de la oración de los niños que han tenido el tal impacto profundo.

La verdadera comunión cristiana

    Permítame también hablar sobre el asunto de la comunión cristiana. Nosotros consideramos la comunión cristiana como cuando somos amables, amistosos, y tratando a los hermanos amablemente. No muchas iglesias practican lo que yo pensaría es la comunión cristiana genuina. ¿Cuánto tiempo ha sido desde que alguien venga a usted y obviamente en un espíritu de amor le haya preguntado: «Hermano, yo me preocupo por usted. ¿Cómo está marchando espiritualmente?» Usted podría ser un miembro de una iglesia típica durante veinte años y nunca una vez en esos veinte años realmente alguien ha tenido esa comunión con usted. ¿Qué es lo que anda mal de ese antiguo concepto de la clase Metodista donde cada individuo era pastoreado personalmente y cuidado con gran diligencia?

    Mi esposa Maggie y yo tuvimos una experiencia parecida a esto. Yo estaba enseñando en ese momento en una de las iglesias grandes en nuestra área, y yo había estado dando una serie sobre la hospitalidad cristiana y lo que realmente significaba. Entonces de repente vino a nuestra atención una pareja mayor de nuestra iglesia que había sido unos miembros fieles, que se había ido a casa después del servicio de la mañana de domingo, y por pre-arreglo almorzaron juntos, y entonces él tomó un arma y mató a su esposa por la cabeza y después él se tiró un tiró en la cabeza.

    Yo dije: «Nosotros llamamos a ésta una iglesia cristiana y decimos que nosotros practicamos la comunión cristiana. Sin embargo hay una pareja en nuestra iglesia que está hundida tan bajo que entran en un pacto de suicidio, y nadie tiene la más mínima noción de que ellos están en circunstancias tan desesperadas. Necesitamos ponernos serios sobre el compañerismo cristiano.» Los ancianos me convocaron en la semana siguiente y me pidieron que yo cesara todo ese tipo de enseñanza y predicación, y cuando yo me negué, ellos dispusieron para mi salida ligera de la iglesia. Yo sólo estaba allí como un maestro voluntario.

    La tarde del domingo cuando yo hablé tan claramente sobre el problema de la comunión cristiana, me puse muy agitado en mi espíritu y apenas pude sacar de mi mente al joven estudiante africano de la universidad con quien Maggie se había encontrado y había invitado a casa para la cena. Recordé que el muchacho quizá había estado en nuestra casa cinco o seis veces, y todo lo que era extenderle nuestra hospitalidad americana con un poco de sabor cristiano.

    Yo fui a Maggie y le dije: «Maggie, yo estoy muy preocupado por este muchacho, T_____.»

    «Bueno», dijo ella, «Yo también.»

    Yo dije, «Tú debes ponerte al teléfono y debes hablar con el muchacho que venga aquí rápidamente.»

    Ella lo llamó y él vino el martes para la cena.

    Después de la cena él y yo fuimos a sentarnos en unas poltronas, y yo le dije: «T___, primero, debo disculparme con usted. Nosotros le hemos mostrado hospitalidad americana pero nunca le hemos ofrecido realmente el compañerismo cristiano. Esta noche debo preguntarle cómo le está yendo espiritualmente.» De repente él hizo erupción en el lloro más horrible que jamás se había sentido en ese cuarto. Él estaba en una silla giratoria y toda la silla se agitaba y vibraba con sus sollozos. Era un tiempo realmente largo antes de que yo pudiera distinguir una sola palabra de lo que él decía. ¡Pero después quedó claro que él estaba clamando: «¡Nadie se interesa por mi alma! ¡Nadie se interesa por mi alma!» – una y otra vez.

    Por fin consiguió controlarse y me dijo: «Usted es la primera persona desde que yo vine a Norte América que me preguntó cómo estaba marchando espiritualmente. En mi propio país yo había memorizado 500 himnos y yo constantemente estaba cantando y silbando y tarareando. Yo tenía cuatro períodos declarados de oración cada día. Yo caminaba y hablaba con Dios, pero desde que estoy en América me he olvidado de todos los himnos. No he podido orar en absoluto durante meses. De hecho, cuando la Señora Roberts me llamó yo había hecho mis planes para suicidarme, y si no hubiera sido por su llamada telefónica ya yo estaría muerto esta noche!» Dios en Su gracia extendió la mano y tocó ese muchacho y lo restauró.

    ¡Necesitamos estar alertas y listos! La Iglesia debe tomar estos asuntos en serio y debe empezar a ponerse a trabajar ayudándose mutuamente en el camino hacia el reino de Dios.

    Yo entiendo, como usted, que el papel de Juan era maravilloso y especial. Ninguno de nosotros será llamado para ser el precursor en el sentido como lo era Juan. Sin embargo hoy estamos en la necesidad desesperada de otra visita divina y necesitamos preparar el camino del Señor. ¿Usted hará lo que puede y lo que debe, y lo hará en la expectativa maravillosa que el Señor estará pronto entre nosotros, manifestando Su gloria y adelantando Su reino?