«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

La Ley De Dios Del Avivamiento Es Real

Por Armin Gesswein

    Las Escrituras nos revelan que existe una sencilla ley del avivamiento. Es profunda y real. Tiene sentido y es muy impresionante en su modo de operación. Jesucristo trajo esta ley a una perspectiva más completa al finalizar su ministerio terrenal. Hablando respecto al Espíritu Santo, Él dijo:

    «...Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado» (Juan 16:7-11).

    Este es un compendio clásico de lo que sucede cuando el Espíritu Santo viene en poder de avivamiento. Debo confesar que durante largo tiempo al leer pasé por alto la palabra «VOSOTROS». Pero es la palabra clave y no debemos perderla de vista.

    Jesús nos está diciendo: «Cuando envíe el Espíritu Santo para VOSOTROS (primero)…para VOSOTROS mi pueblo…para VOSOTROS mis cristianos…para VOSOTROS mi Iglesia, entonces Yo (a través de vosotros) convenceré al mundo (a los no cristianos) de pecado, de justicia y de juicio....»

    De pronto somos llevados a la corte celestial. El Espíritu Santo es el Abogado de Dios y cita a nuestras conciencias al tribunal de su juicio. La acción del Espíritu Santo es doble, resultando tanto en el avivamiento como en el evangelismo. Nos da la ley del Avivamiento, la cual se puede establecer de la siguiente manera:

    • El Espíritu Santo trae convicción de pecado a los no cristianos en la medida en que Él obra primero en los cristianos dentro de la Iglesia.

    • Los no convertidos sienten su necesidad de salvación, cuando los cristianos sienten primero la necesidad de que ellos sean salvos.

    • Cuando los cristianos sienten una necesidad profunda del Espíritu Santo, los no cristianos sentirán su propia necesidad de Cristo.

    • La Iglesia debe interesarse por el mundo, si el mundo se interesa por la Iglesia.

    • Los no cristianos se enfrentarán con sus pecados, según el modo en que los cristianos primero se enfrenten a los suyos.

    • Cuando los cristianos se arrepientan, los pecadores se arrepentirán.

    • Los pecadores orarán y buscarán al Señor cuando los cristianos lo hagan primero.

    • Los no convertidos «nacerán de nuevo» del Espíritu Santo, cuando los cristianos sientan carga por ellos y los hagan nacer en oración.

    • Cuando los cristianos sean llenos del Espíritu, los no cristianos se convencerán de pecado y se convertirán a Cristo.

    • Cuando el avivamiento sea fuerte en la Iglesia, el evangelismo será fuerte para alcanzar al mundo.

    • Cuando los cristianos anden en la luz que han recibido, los pecadores verán esa luz en y a través de ellos.

    Cuando el pueblo de Dios enfrente las muchas y sencillas Escrituras que hablan acerca de la vida en santidad, de la limpieza de todo pecado, de la pureza, de la vida cristiana victoriosa, y de la santificación, los pecadores se enfrentarán a la sencilla Palabra de Dios respecto a su salvación.

    La convicción de pecado es el sello distintivo del avivamiento genuino, y la carencia de ambos refleja cuán necesitados estamos.

    En resumen, la Espada del Espíritu es de doble filo, y en el Avivamiento corta en ambas formas: trayendo arrepentimiento y avivamiento en la Iglesia, y al mismo tiempo, fuertes conversiones a Cristo en el evangelismo.

El día de Pentecostés (Hechos 2)

    Cuando el Espíritu Santo llegó el gran día de Pentecostés, accionó esta «ley» exactamente en la manera en que Jesús dijo que lo haría según Juan 16:7-11. Aunque Jesucristo había hablado con tanta claridad, nadie tenía ni idea de que todo sucedería en esa manera, lo que aconteció. Siempre hay algunas sorpresas maravillosas en cualquier avivamiento verdadero.

    Sin embargo, qué hermoso es saber que Dios se aferra a su Palabra, cumple sus promesas y lleva a cabo sus inequívocos mandatos. Esta es su manera, su norma, nunca decepciona. Él es muy confiable, sabe de antemano, predice y sigue a través de su propio patrón. Él dice lo que piensa y piensa lo que dice. Con Dios no existen los «quizás» o los «tal vez». Podemos confiar en que Él guardará su Palabra.

    Este es el patrón que Él sigue en el avivamiento, y ¡así nosotros debemos seguirlo! ¡Nada anda bien siempre que tratamos de cambiar o de mejorar Su plan! No estamos aquí para decirle a Dios lo que tiene que hacer. Él nos ha dicho lo que Él quiere hacer, y además lo que quiere que nosotros hagamos.

    Con Dios, como hemos observado, la oración es siempre lo primario. Así que, lo primero que el Espíritu Santo hizo en el día de Pentecostés fue llegar al «aposento alto» y llenar a los 120 creyentes que estaban juntos «unánimes en oración y ruego» (Hechos 1:14). Él había integrado la primera reunión de oración de la Iglesia del Nuevo Testamento, y ahora respondía a sus tremendas oraciones con poder de lo Alto (Hechos 2:1 sigs.). De inmediato, Jesús nos da aquí las bases bíblicas para la «reunión de oración» de la iglesia. ¡No era opcional! Era un mandato de Jesucristo. ¡Y todavía lo es! Sentó el precedente y allanó el camino para el Pentecostés (Hechos 1:4).

    La reunión de oración es la clave para el avivamiento desde aquel día hasta hoy; desde Jerusalén hasta lo último de la tierra y ¡hasta que Jesús venga otra vez! (Hechos 1:8,14).

    Dirigiéndose a los discípulos que caminaban hacia esa reunión de oración, Jesús dijo: «Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra» (Hechos 1:8).

    Dirigiéndose a los discípulos que caminaban hacia esa reunión de oración, los dos ángeles se aparecieron y les dijeron: «...Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo» (Hechos 1:11).

    La apostasía empieza cuando las iglesias rechazan este patrón de oración y la gloria se aparta de las iglesias. Debemos arrepentirnos y volver hacia esta clase de oración.

    ¡Qué revelación: el Pentecostés llegó a una reunión de oración! Parece que lo hemos olvidado. Los 120 fueron llenos del Espíritu Santo con una doble porción (todos y cada uno) en la más grande exhibición de poder divino de que tengamos noticia en la tierra (Hechos 2).

    Es importante observar que el Espíritu Santo no cayó sobre los judíos de los alrededores de Jerusalén en un cierto tipo de emanación general o promiscua. Él llegó directamente al cuerpo que estaba en oración en el aposento alto.

    Recordemos que Jesús había dicho: «Y cuando Él venga» (a vosotros) (Juan 16:7,8). ¿Entonces qué? Entonces llegó la poderosa explosión del Espíritu! Primero para y luego a través de la nueva Iglesia. Asegurémonos de decir, la IGLESIA QUE ORA. Estaba ardiendo en fuego para Dios, y mediante esos mismos cristianos llenos del Espíritu y sus testimonios para Cristo, miles de judíos corrieron para ver lo que estaba sucediendo.

    Cuando Pedro se levantó a predicarle a esta masa de judíos, miles cayeron en convicción de pecado, de justicia y de juicio, para arrepentimiento – para conversión – para salvación, exactamente como Jesús lo había predicho (Hechos 2:14 sigs.).

    Aquellos judíos inconversos, literalmente, fueron ¡traspasados (perforados, taladrados) en sus corazones! Es la misma palabra que se usó cuando los soldados romanos traspasaron y destrozaron el corazón de Jesús en la cruz. Con terrible convicción de pecado, clamaron: «¿Qué haremos?» (Hechos 2:37 sigs.).

    Luego Pedro predicó ¡como nunca antes lo había hecho! un mensaje completamente nuevo. Predicó abiertamente a CRISTO el MESÍAS por primera vez a miles de judíos. Con una valentía y un dinamismo desconocidos antes en su vida, ¡Pedro se convirtió en el primer predicador del avivamienrto de la Iglesia del Nuevo Testamento! Él nos muestra la combinación correcta para el avivamiento en una iglesia: primero, esa misma clase de oración fuerte, y después, esa misma clase de predicación poderosa.

    Debemos recordar, no obstante, que ese tipo de predicación poderosa de arrepentimiento nunca «penetrará» a la gente hasta que haya antes esa oración fuerte.

    Jesús había mandado «que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados...» (Lucas 24: 47). No sólo el «perdón» y no sólo el «arrepentimiento», ¡sino ambos! Hoy día se está predicando una tremenda cantidad de «perdón de pecados» sin arrepentimiento. Esto es una gran debilidad. No tenemos ningún mandato al respecto, y ¡no tendremos ningún avivamiento! Es una gran parte de nuestra «gracia barata», «credulidad fácil» y de la condición de haber caído del avivamiento, que impera hoy en las iglesias. ¡Debemos arrepentirnos! Cambiar nuestro modo de pensar. Estar de acuerdo con Dios, y hacer lo que Él nos dice, porque Él es el dador del avivamiento.

    Por otra parte, he observado a través de los años que la predicación poderosa sobre el arrepentimiento sin la oración fuerte, no sirve para nada, o hace daño a los no preparados, ¡y no tiene la presencia ardiente del Espíritu Santo! Sólo endurece el corazón. Debe haber la combinación correcta y la sincronización, tal como lo mostró Pedro en Pentecostés. Pedro no sólo predicó al «Cristo crucificado,» predicó al «¡Cristo a quien VOSOTROS crucificasteis!» (Hechos 2:36). Justo en Jerusalén donde lo habían crucificado.

    El despertamiento fue tan poderoso en Jerusalén que miles de judíos, culpables por crucificar a su Mesías, fueron convencidos y como tres mil de ellos se convirtieron a Cristo y se añadieron a la congregación de los 120, ¡todo el mismo día!

    ¡Tres mil judíos! Eso demuestra el enorme nuevo poder del Espíritu Santo, y la forma en que Él puede obrar en un avivamiento poderoso. Se ha dicho que ahora nosotros podemos predicar tres mil sermones sin que nadie se convierta.

    El poder pentecostal del Espíritu desplegado en la primera congregación del Nuevo Testamento en Jerusalén fue la fuerza más grande sobre la tierra, porque aun «las puertas del Hades no prevalecerán contra ella» (Mateo 16:18).

    Todos sabemos que necesitamos un avivamiento, pero ahora sabemos lo que es el avivamiento que necesitamos. Además, sabemos cómo ha de venir, y dónde, y cuándo. El libro de los Hechos (el libro del avivamiento), y todo el Nuevo Testamento, ponen de manifiesto que necesitamos orar por y esperar que el avivamiento se efectúe en la Iglesia; inclusive más específicamente, en nuestras iglesias y congregaciones. El Pentecostés, después de todo, llegó a una congregación local.

    El hecho es que el Pentecostés inició una ¡nueva era de avivamientos! Al mismo tiempo, inició una etapa de un evangelismo mucho más poderoso. Esta clase de evangelismo es la que debemos de experimentar – en iglesias ardientes. Este es el plan de Dios. Hoy día tenemos mucho evangelismo sin avivamiento en nuestras iglesias, pero no de ese evangelismo profundo como cuando la gloria del Señor cayó y llenó a su Iglesia en Pentecostés. Aquí tenemos el auténtico modelo que el propio Señor Jesucristo ha establecido para su Iglesia, y para cumplir con la Gran Comisión de alcanzar hasta lo último de la tierra y hasta la consumación de los tiempos (Hechos 1:8; Mateo 28:16 sigs.).

    La «Gran Comisión» tuvo que esperar – fue puesta en pausa – no pudo ser cumplida aparte de la oración del «aposento alto.» Jesús nunca planeó que la tarea de la evangelización del mundo se pudiera lograr y completar en ninguna otra manera. Cualquiera que haya sido su manera, al principio en Jerusalén había de ser su manera para testificar y alcanzar hasta «lo último de la tierra» (Hechos 1:8).

    Nunca concluiremos la tarea en ninguna otra manera, porque Jesús no nos dio otro plan, no hay ninguna «ruta alternativa.» De esta clase de Poder es del cual se apartan las iglesias fácilmente, y a éste es al que deben retornar, volver otra vez al «primer amor» y a «las primeras obras» (Apocalipsis 2).

    Éste es el avivamiento que necesitamos, y para esto el Señor resuena en el Apocalipsis Su trompeta para despertarnos, llamándonos a nosotros y a nuestras iglesias para levantarnos, arrepentirnos, ¡y volvernos a buscar ese avivamiento! (Apocalipsis 1-3).

    – Tomado del libro, God’s Law of Revival (La ley de Dios del Avivamiento) de Armin Gesswein. Copyright ©1993 del autor. Usado con permiso.