«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

No Conocen El Día De La Visitación Divina

Por Richard Owen Roberts

    Lo siguiente es editado de un mensaje dado en la Conferencia Clamor del Corazón para un Avivamiento en abril de 2006 en The Cove, Asheville, Carolina del Norte EE.UU.

    «Y cuando llegó (Jesús) cerca de la ciudad (Jerusalén), al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación» (Lucas 19:41-44).

    ¡Qué tragedia que es cuando Dios visita a Su pueblo y muchos de ellos ignoran Su visitación! En la compañía a la cual se dirigió Jesús en el pasaje anterior eran fariseos, escribas y sacerdotes principales. ¡Eran un cuerpo importante de personas que estaban cargadas con convicciones religiosas y preocupaciones, las personas honestamente pensaban que tenían razón con Dios y se preparaban para algo que Dios envió, pero cuán desgarrador que ellos no reconocieron el día de su visitación y se lo perdieron!

    ¿No sería necedad suponer que somos suficientemente diferentes de ellos que nosotros que no estamos en ningún peligro de perder nuestro tiempo de visitación? Y cuán trágico sería si usted debe recibir la visitación pero otros a quienes usted ama y por quienes es responsable se pierdan al tiempo de la venida del Señor. Los avivamientos siempre son visitaciones divinas – tiempos cuando Dios se acerca a Su pueblo.

    Para entender el contexto en que el texto anterior ocurrió, vaya al principio de Lucas 19, y en los versículos del 1 al 10 se halla el encuentro de nuestro Señor con Zaqueo. En medio de ese encuentro con Zaqueo, en el versículo 7, está la protesta por ciertos líderes que Cristo asociaría con alguien tan abominable como Zaqueo y otros cobradores de impuestos y pecadores. En los versículos 11 a 27, la parábola del noble y su dinero es muy pertinente porque esa parábola junto con otras numerosas parábolas de nuestro Señor se dirigió inmediatamente a estas personas que perdieron Su visitación divina. En los versículos 28 a 40, en medio de la entrada triunfal en Jerusalén vinieron las burladoras y malignas declaraciones de estos líderes religiosos.

    En los versículos 45 a 46, pasando por encima del pasaje que leímos, tenemos la segunda limpieza del templo. ¿Cuánto bien hizo la segunda limpieza del templo? Parece que no tuvo un impacto mayor que el primero. En la primera limpieza del templo Jesús los manejó fuera por una puerta y ellos ingresaron por otra. ¿No es trágico que cuando Dios en Su increíble misericordia saca a relucir algún amable juicio justo como la limpieza del templo, hay multitudes que no ven la importancia del mismo, permanecen incambiados por el mismo y persisten en su error?

    Al final del capítulo 19, versículos 47 y 48, leemos de su determinación para destruir a Éste que les había traído la más grande de las bendiciones y la bendición que ellos necesitaban desesperadamente pero que no estaban dispuestos a recibir. El capítulo 20 abre en los versículos 1 a 8 con una controversia acerca de la autoridad de Cristo. ¿Quién pensaba que era Él para hacer y decir cosas así?

El juicio pronunció

    Examinemos las declaraciones hechas en nuestro texto, Lucas 19:41-44. En el versículo 41, nuestro Señor se acerca a la ciudad y llora sobre ella. ¿Usted piensa que nuestro Señor hoy pudiera acercarse a su ciudad y podría hacer otra cosa que no sea llorar sobre ella? ¿Usted piensa Él podría acercarse a su propia iglesia y podría hacer otra cosa que no sea derramar lágrimas de tristeza? En el versículo 42, se indica claramente el por qué de las lágrimas: «¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.»

    Eso realmente es el meollo del peligro, que Dios esconda de nuestros ojos Su visitación. Necesitamos estar seguros que entendemos por qué Dios haría tal cosa. Mi propósito hoy es ayudarle para ver que por qué nuestro Señor lo aclaró de modo que no quedaran dudas: ustedes tienen ojos que no ven; ustedes tienen oídos que no oyen; ustedes tienen corazones que no pueden recibir. En los versículos 43 y 44, Él describe la sentencia ante ellos: «Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.» Esto ocurrió literalmente en el año 70. Ellos fueron rodeados por sus enemigos, encerrados por todos lados. ¡Fueron arrasados a nivel de la tierra e incluso embarazadas y los padres, semilla que todavía no había sido plantado, quedaron perdidos! No quedó piedra sobre piedra porque no reconocieron su día de visitación.

    Muchos de ustedes han oído a los predicadores como yo exponer tan cuidadosamente como sabemos la diferencia entre el juicio terapéutico y último juicio. Claramente estamos mirando aquí un juicio final donde se ha perdido toda esperanza, donde no hay ninguna posibilidad en el mundo de su arrepentimiento. Ellos tuvieron su oportunidad y se negaron a doblegarse, así que lo que tenemos en este pasaje no es una llamada al arrepentimiento sino el anuncio de una sentencia. Pero oh, que felicidad es para mí decirle que no tenemos ningún anuncio de sentencia pronunciada sobre nosotros hoy. Tenemos sólo esperanza y expectativa que en la gracia increíble de Dios Él nos visitará todavía. ¡Pero yo le ruego de usted, no pierda Su visitación!

Lo que condujo a perder la visitación

    Lo que espero hacer es trazar a través del Evangelio de Mateo un poco de la historia de lo que llevó a esos líderes religiosos a ese punto dónde ellos perdieron su visitación divina. El problema era obvio para Juan el Bautista. Escuche a estas palabras de Mateo 3:7-8: «Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento.» Hay un registro importante en Lucas 7:30: «Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan.» Oh, que Dios pueda darnos el espíritu de discernimiento, y que podamos aprender a quien no debemos bautizar junto con aquellos que de hecho, por la gracia de Dios, están listos para esa ordenanza maravillosa.

    ¿Alguna vez consideró el Sermón del Monte en relación con estos escribas y fariseos, saduceos e hipócritas? En el capítulo 5 de Mateo, versículos 10 a 12, nuestro Señor estaba describiendo la bendición de perseguirse, pero los perseguidores a quienes Él estaba haciendo la referencia específica eran estos mismos hombres se dirigidos en Lucas 19. El versículo 20 de Mateo capítulo 5 dice: «Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.» En los versículos 21 a 48 de Mateo capítulo 5, nuestro Señor pasó por una serie de declaraciones: «Oísteis que fue dicho… mas yo os digo… » y todos ellos tratan con los dichos de estos fariseos y saduceos desde su punto de vista y juicio.

    Después en Mateo capítulo 6, empezando con el versículo 1, hay una serie de declaraciones dónde nuestro Señor dijo: «Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos.» Ésta es una declaración que resume los corazones de estos hombres. Ellos practican su rectitud para ser vistos de los hombres. ¿Existe un peligro que usted ha estado practicando la rectitud ante los hombres para ser visto por ellos? Yo me atrevo a pensar que si los registros fueran abiertos ampliamente, se revelaría tanto de que la práctica de la justicia rectitud de muchos de nosotros se relaciona directamente con el hecho de ser vistos de los hombres.

    Nuestro Señor les habló en el capítulo 6:2-4 sobre las limosnas; Él habló sobre la oración en versículos 5-13; Él habló sobre el perdón en los versículos 14-15; habló sobre el ayuno en los versículos 16-18; habló sobre amontonar tesoros en los versículos 19-34. Él habló sobre juzgarnos unos a otros en el capítulo 7:1-5; Él habló sobre echar las perlas a los cerdos en 7:6; Él habló sobre los profetas falsos en 7:15-20. El volumen del Sermón del Monte tiene una aplicación inmediata para estos individuos que no estaban preparados durante su día de visitación. Es tiempo que nosotros enfrentamos algunos de estos problemas con el tipo de cuidado que ellos merecen.

    Mueva más adelante al capítulo 9:1-8, del Evangelio de Mateo dónde ellos dijeron que Cristo era un blasfemo por otorgar el perdón a un paralítico. Entonces en los versículos 10-13 de este mismo capítulo ellos fueron ofendidos y registraron su queja porque Él comía con los publicanos y pecadores. Ellos declaraban que Cristo lanzaba fuera los demonios por el príncipe de los demonios en el versículo 34 del capítulo 9. En el capítulo 10:16-23, cuando nuestro Señor mandó a Sus discípulos, Él les dijo: «He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobo...» Y de nuevo es claramente estos mismos hombres que son los lobos involucrando quien nuestro Salvador está advirtiendo a Sus discípulos.

    En capítulo 11 del Evangelio de Mateo, versículos 20-24, Cristo reprochó sus ciudades porque no se arrepentían aunque Él había hecho milagros increíbles en ellas. En 11:25 Jesús alabó a Su Padre porque Él escondió estas cosas de los sabios y entendidos y las reveló a los niños. No hay ninguna duda de quienes eran los sabios y entendidos. Quizá de algún modo usted se ha engañado por su inteligencia. Quizá usted ha dado más importancia a su educación y habilidades que lo que merecen. Es a menudo a aquellos que no significan nada para el mundo que entienden las cosas que pertenecen a la visitación divina.

    En el capítulo 12 del Evangelio de Mateo, versículos 22-45, ellos blasfemaron contra el Espíritu Santo, ya habiendo conspirado juntos, según está registrado en el capítulo 12:14, de destruir a Cristo. Pero en el versículo 2 ellos habían acusado a Sus seguidores de conducta ilegal en ese mismo capítulo, porque ellos habían recogido granos y los habían comido mientras ellos iban por el camino. Nuestro Señor reveló a menudo la condición de ellos en parábolas, pero en 13:10-17 Él explicó con sumo cuidado cual era esa condición: «…porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden» (v. 13), y nuestro Señor dio eso como explicación para Su uso de las parábolas. Ellos se preocupaban más por las tradiciones de los ancianos que los mandamientos de Dios, nuestro Señor trató esto en el capítulo 15:1-14. Jesús los denominó «hipócritas.» Él dijo, «Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres» (vv. 8-9). Y en 16:1-20, ellos le pidieron una señal y les dijo que una mala y adúltera generación pide señales. Él advirtió a Sus discípulos «Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos» (v. 6). Y nuestro Señor en varias ocasiones les dijo a Sus discípulos que Él debía sufrir muchas cosas de los ancianos y sacerdotes principales y de los escribas y ser muerto por ellos, por ejemplo 16:21; 17:22-23; 20:18.

    Cuando llegó el momento para la entrada triunfal, ellos estaban llenos de enojo, e hicieron expresiones horribles de su indignación. Nuestro Señor dirigió la parábola entera del hacendado contra ellos, y por ello buscaron de asirlo, pero tuvieron miedo de las multitudes (21:33-46). Ellos buscaron de hacerle caer en una trampa por los argumentos sutiles acerca de los impuestos de votación y otras tonterías (22:15-40). Y después finalmente, en los capítulos 26 y 27, ellos crucificaron al Señor de gloria.

    Pero no creo que la situación de hoy sea tan diferente de entonces. Me parece que la evidencia está montando substancialmente que muchos están celosos; que muchos son envidiosos; tantos se vuelven enfadados con el Señor cuando Él los reprende a través de uno de sus siervos. No me sorprende que tantos pastores están heridos debido al abuso apilado sobre ellos por los de su congregación que están perdiendo su día de visitación, y todo alrededor de nosotros hay hombres que se lanzan en la iniquidad moral. A otros que describimos como «agotados» y han desfallecido y perdido su confianza en el Señor, y ellos, también, están perdiendo su visitación.

    Enfoquemos más particularmente en lo que nuestro Señor revela en Mateo capítulo 23. En los versículos 1 a 7 nuestro Señor proporciona una declaración que resume la situación de estas personas de quienes yo he estado hablando: «Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: ‘En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos…’» (vv. 1-2). ¿Es posible que la posición que usted ocupa es una que usted agarró, por la cual usted luchó, y que usted se esforzó por conseguir? He observado muchas situaciones en que un hombre sube a la prominencia y por todo el camino están aquéllos a quienes él ha derribado y sobre los cuales puso sus pies para escalar al sitio donde se encuentra. Y no es sólo unos compañeros brutales que tienen la capacidad de comportarse así. Hay multitudes que se han sentado en la cátedra de Moisés. Déle a eso una consideración en oración. Ciertamente lo merece.

    Él sigue diciendo después en el versículo 3: «Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen.»

    ¿Pero no debemos de preguntarnos a nuestros corazones con gran integridad, si no hay cosas que estoy dictando para que otros hagan y que yo mismo no hago? ¿No existe el gran peligro para cada predicador y maestro de poner cuidadosamente instrucciones para la congregación o la clase y que ellos no tienen ninguna intención verdadera de seguir? No son sólo los escribas y fariseos, hipócritas, sacerdotes principales y ancianos que pierden su tiempo de visitación. Hay señoras mayores muy dulces de espíritu que están en una situación igualmente de peligrosa de ser como viles reprobadas de nuestra sociedad. ¿Usted hace lo que usted dice le dice a otros que hagan?

    En el versículo 4, nuestro Señor dijo: «Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas.» Allí, también, nos tenemos que examinar a nosotros mismos y a nuestra conducta honestamente: ¿somos de alguna forma culpables de amontonar cargas sobre las personas que ellos están cansados de llevarlas y ellos están cayéndose bajo el peso? Y nosotros mismos estamos tan desconectados de Dios y Su propósito que no usamos un solo dedo ni siquiera para ayudar. Pero nuestro Señor no lo deja allí. Tome nota de lo que Él dice luego: «Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos…» (v. 5). ¿No debemos hacer una pausa y honestamente preguntarnos, cuánto de lo que yo aparento ser y hacer es debido a mi deseo de ser notados por otros? ¿Nosotros no estamos encontrando a muchos alrededor de nosotros que viven más de las alabanzas de hombres que de las alabanzas de Dios? Yo no creo que cualquiera es automáticamente inmune de dicha conducta. Se cae en este tipo de mal tan fácilmente.

    Simplemente en una conversación de paso afuera en el vestíbulo, surgió el asunto de endurecer el corazón, y yo le pregunté al hermano: «¿Qué tenía que hacer Dios para endurecer el corazón de Faraón?» Y la respuesta es: «Nada, nada en absoluto.» Solo es la gracia de Dios que opera en nosotros que guarda nuestros corazones blandos, y en cuanto nos desconectamos, incluso por un breve período de nuestro Salvador, nuestros corazones empiezan a endurecer, y estos actos atroces y hechos empiezan a aumentar, aun tanto como para comprometer nuestros ejercicios religiosos para ser vistos de los hombres.

    Luego notemos en el versículo 6: «…aman los primeros asientos en las cenas...» Ellos no podrían concebir de tomar el asiento más oscuro. Él sigue para diciendo en el versículo 6, que ellos aman «las primeras sillas en las sinagogas», y en el versículo 7, que ellos aman «las salutaciones en las plazas» y va tan lejos como para decirles que ellos aman de que los hombres les llamen: «Rabí, Rabí.» ¿En qué se siente tocado por estas características específicas? No debemos de estar completamente conscientes que en la medida que somos como estos escribas, fariseos e hipócritas, estamos en gran peligro de perder nuestro tiempo de visitación.

    Nuestro Señor cambia de esos hombres a nosotros. Mateo 23:8: «Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.» Estos fariseos amaban sus títulos. ¿Qué hay de usted? Yo no estoy hablando contra el uso legítimo de condiciones legítimas, pero el ego puede estar involucrado cuando usted simplemente no puede vivir con ser simplemente usted, cuando usted requiere algo más. En este pasaje estamos tratando de hombres que aman los títulos, y nuestro Señor les advierte muy severamente de no caer en esta trampa traicionera. Uno es vuestro Maestro, y todos vosotros sois hermanos. Es en el corazón detrás del uso de títulos en el que el Señor está interesado, esta necesidad de aclamación y afirmación.

    Mire los versículos 9-12: «No llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.» Nuestro Señor ha descrito y ha señalado con precisión a estos escribas, fariseos e hipócritas, y nos advirtió de áreas específicas donde debemos ejercer el mayor cuidado.

¡Jesús pronuncia ayes!

    Pero sigamos adelante ahora del resumen de Cristo de estos hombres y Sus advertencias a nosotros a los ayes que Él pronunció sobre ellos. De nuevo, el capítulo 23, empezando desde el versículo 13: «Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.» Hay hombres en el ministerio que están obstruyendo literalmente el camino al reino de Dios. Parcialmente eso se hace enseñando una cosa y viviendo otra. Ningún hipócrita ayudó alguna vez a otro a encontrar al Señor. Y en parte se hace por la doctrina falsa y en parte por el legalismo. Hay todo tipo de maneras en que puede lograrse, pero cada uno de nosotros debe cuidadosamente ante el Señor hacer la pregunta: ¿yo estoy cerrando el reino de Dios de alguna forma para que otros no puedan entrar?

    Versículo 14: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación.» Yo soy consciente de un pastor en nuestro país que está actualmente comprometido en un gran pleito porque consiguió manipular la propiedad de una mujer y se guardó una grande suma de dinero en su bolsillo. Nuestras habilidades para pecar son interminables. Qué cuidado debemos ejercer que debido a nuestro pecado, perdamos nuestro tiempo de visitación cuando viene.

    Versículo 15: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.» Estamos viviendo en un tiempo de inmoralidad entre el clero. No hay una sola persona aquí que no tiene la capacidad de hacer un daño increíble a aquellos a quienes han querido ayudar. Yo no creo que un solo pastor puede atreverse a evitar este tema tan serio. Debemos caminar con el Señor. ¿Cuánto tiempo toma para encontrar su corazón endurecido? Yo debo pensar que 24 horas son más que suficientes, y una semana de falta de santidad y de la Palabra y de oración en un hombre podría ser el preámbulo de una increíble y terrible caída. Simplemente porque no somos exactamente como estos escribas, fariseos e hipócritas no quiere decir que no nos encaminamos en su dirección, y que con la facilidad podríamos unirnos a ellos.

    Los versículos 16 a 22: «¡Ay de vosotros, guías ciegos! que decís: Si alguno jura por el templo, no es nada; pero si alguno jura por el oro del templo, es deudor. ¡Insensatos y ciegos! porque ¿cuál es mayor, el oro, o el templo que santifica al oro? También decís: Si alguno jura por el altar, no es nada; pero si alguno jura por la ofrenda que está sobre él, es deudor. ¡Necios y ciegos! porque ¿cuál es mayor, la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda? Pues el que jura por el altar, jura por él, y por todo lo que está sobre él; y el que jura por el templo, jura por él, y por el que lo habita; y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por aquel que está sentado en él.»

    Pienso que podríamos resumir todo esto diciendo: «¡Es una estupidez!» Muchos predicadores se dedican a lo que no tiene sentido. Usted los escucha y dice: «Que persona inteligente.» Pero la suma de todo que él dijo es nada. Es posible hablar de tal manera que son conmovidas y arrastradas las grandes masas, pero cuando se analiza el sermón que descubren que son sólo palabras. Ninguno de nosotros es automáticamente inmune. Debemos con la mayor diligencia estar seguros que ninguna de estas cosas venga sobre nosotros y perdamos el día de nuestra visitación.

    El versículo 23: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!» Mirémoslo desde el punto de vista de «esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.» ¿Qué cosas quedan sin hacer? Algunos de ustedes han jurado a un número grande de veces de llegar a ser un hombre o una mujer de oración; queda sin hacer. Algunos de ustedes han jurado dominar las Escrituras; queda sin hacer. Algunos han jurado enfocar sus corazones en la santidad; queda sin cumplirse. Este problema toca nos afecta a cada uno de nosotros, con las cosas que debemos de haber hecho y todavía debemos hacer y todavía quedan sin hacer.

    Muchos han reconocido cuando viene al asunto de visitas divinas, que el camino al avivamiento es a menudo un camino difícil, y eso es verdad. A todos los que yo he observado estrechamente que han llegado a tener una carga por avivamiento y han se han mantenido bajo el mismo han experimentado niveles extraordinarios de dolor y dificultades. Estas cosas usted debe de haber hecho, sí, pero no deje las otras cosas sin hacer.

    Todos los cristianos deben estar bajo el peso de la necesidad de un avivamiento. Debe pesar más fuertemente sobre nosotros que virtualmente alguna otra cosa que podemos pensar porque el avivamiento es Dios en medio de Su pueblo, y nada es más urgente, nada es más maravilloso. Yo espero que a menudo todos ustedes reflexionen sobre las palabras de Salmo 73: «… el acercarme a Dios es mi bien.» ¡Oh, que Dios pueda acercarse, no para una cuestión de momentos o incluso de días, sino que podamos saber que un período de una visitación divina que se alarga año tras año hasta que toda nuestra sociedad cambie grandemente para la buena y notable evangelización y tenga lugar la reforma!

    Pero miremos ahora estos próximos ayes, versículos 25 y 26: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio.» Existe alguna posibilidad de que alguien que ha hecho un trabajo encantador de limpiar lo de afuera y usted se parece a un creyente luminoso y brillante, pero por dentro el hombre viejo todavía reina. Toda la suciedad y corrupción del corazón del pecador están en su corazón aunque fuera de usted es una persona muy impresionante. Ciertamente cada uno de nosotros debe tenerse relación con este problema como nuestro Señor lo declara.

    Seguimos a los versículos 27 y 28: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.» Hay una conexión obvia entre los versículos 25 y 26 y versículos 27 y 28.

    Ahora vaya a los versículos 29 al 31: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos, y decís: Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas. Así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas.» En la superficie, muchos con que yo me encuentro profesan para amar profundamente y el predicando bíblico serio. Pero si sigue por una hora, o si toca su vida y es claro como el cristal de que ellos son los pecadores que necesitan arrepentirse, eso ya es diferente. Ellos declaran que nunca perseguirían a un profeta del Señor. Parecen compartir la turbación sobre sus padres que lo hicieron, pero en realidad, ellos solo aman al profeta con tal de que él esté tocando a otros y no a ellos. ¿Y qué hay de usted? Si de hecho uno de los profetas del Antiguo Testamento estuviera predicando aquí hoy y predicando como siempre lo hicieron, ¿cuál sería su verdadera reacción a ellos?

    ¿Muchos de ustedes se asocian con otros creyentes profesantes que no tienen ningún apetito en absoluto por la Palabra de Dios, y que no es parte de nuestra tarea en esta hora de preocuparnos por otros? Mientras nos afligiríamos por perder nuestra propia visitación, ¿no nos afligiríamos por perder la visitación de Dios a los que nosotrosamamos? ¿No estamos cada uno de nosotros aquí como cargados por aquellos que conocemos y que amamos como a nosotros mismos, y cuándo clamamos a Dios por un avivamiento, no es sobre todo para Su gloria? ¿Y Él no recibirá la gloria mayor si todos aquellos que conocemos, y millones y millones más allá de ellos, están emocionados por esta misma visitación divina?

    Debemos comprometernos para hacer todo absolutamente lo que está en nuestro poder para asegurar a cualquier grado que Dios haga posible, para que otros no pierdan su hora de visitación cuando llegue. Con este fin algunos de nosotros necesitamos ponernos mucho más serios en nuestra predicación y enseñanza. Con este fin, quizás la mayoría de nosotros, necesitemos ponernos mucho más serios sobre la oración y sobre limpiar nuestras propias vidas y haciendo listo la manera del Señor.

    Pero hay unos últimos ayes en este pasaje a los que yo debo llamar su atención. Es más peor que unos ayes. Mire los versículos 31 a 39. Nuestro Señor informa la consecuencia: «Así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas. ¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres! ¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar. De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta. Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.»

    Mire el versículo 32 de nuevo: «¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres!» A cada sola entidad en la tierra, Dios ha concedido una medida de pecado. Y cuando esa medida de pecado está llena, la ira de Dios está en esa entidad al sumo. Lea 1 Tesalonicenses 2:14-16 de nuevo, donde nuestro Señor informó que los judíos que crucificaron a Cristo y trabajaron para impedir que otros oígan el mensaje de los apóstoles difícilmente, realmente había tenido éxito llenando su medida de pecado y éstos estaban entonces bajo la mayor ira de Dios.

    La mayoría de nosotros no somos ni cerca de lo serios que debemos ser sobre estos asuntos. Diga a su propio corazón, «el Todopoderoso Dios ha repartido según la medida de mí pecado. Si esa medida alguna vez se colma, estoy bajo la ira de Dios a lo sumo.» Como dije antes, este pasaje no es una apelación. Este pasaje es una proclamación que era demasiado tarde para éstos a quienes nuestro Señor habló. Su medida de pecado estaba colmada. La ira de Dios estaba sobre ellos a lo sumo, porque no se arrepintieron.

    Cuando nuestro Señor, examinando el sitio de templo, dijo: «Vuestra casa os es dejada desierta» (Lucas 13:35). Él quiso decir eso precisamente. Él se fue del templo en Jerusalén para no volver de nuevo, aunque Él habló esas palabras un día alrededor del año 33, y no fue sino hasta el año 70 que el templo fue destruido. En los años entre Su proclamación y su destrucción, ellos llevaron su religión adelante como si Dios estuviera allí. Ciertamente cada uno de nosotros aquí hoy debe enfrentar la posibilidad aun para nosotros pero ciertamente para nuestra nación que no podemos continuar para siempre en nuestro camino de maldad. La cosa feliz, la cosa jubilosa, lo que estremece mi corazón es que el día de misericordia todavía es nuestro.

    ¿Usted comprometerá su corazón para ver de que no haya ninguna manera posible por la cual usted podría perder su día de visitación, y usted se dedicará de corazón en nombre de aquellos por quienes usted es responsable para que por la gracia de Dios ellos, también, conocerán el tiempo de su visitación? Por favor tome estas palabras acerca de los escribas y fariseos e hipócritas en serio, para que estas palabras precisamente revelen por qué ellos no conocieron su tiempo de visitación.

Oración

    Concede, O Señor, un enfoque tal en nuestros corazones, tal determinación en nuestros espíritus, un compromiso total a nuestro estimado Salvador, el Señor Jesucristo, que ninguno de nosotros y ninguno de aquellos por quienes estamos interesados perderán el tiempo de visitación. Y al Señor Jesucristo que tan amablemente nos ayudó a través de estos pasajes de Escritura, y cuya sangre aun ahora es nuestra sola esperanza de limpieza, levantamos nuestras voces y nuestros corazones ahora en alabanza y adoración tanto ahora, y por Su gracia, para siempre. Amén.