«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

El Placer De Dios En La Obediencia

Por John Piper

    «¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey» (1 Samuel 15:22-23).

    Las noticias buenas son que Dios es un manantial de la montaña y no un depósito de riego. Su llenura desbordante se magnifica y NUESTROS anhelos son satisfechos en los simples actos de tener sed y de beber.

    Cuando nos volvemos de todo el estallido y burbujeo y bebida embotellada del mundo y nos ponemos de rodillas al lado del manantial de agua viva de la montaña de Dios, nosotros lo honramos y lo glorificamos y lo magnificamos como la única fuente de alegría duradera. Y en el mismo acto de magnificarlo somos satisfechos y fuimos hechos por Dios para vivir por el mismo.

    Éstas son las mejores noticias en todo el mundo – que Dios es la clase de Dios cuyo celo para glorificar Su nombre alcanza su máxima expresión en un acto que satisface los anhelos de mi corazón. Esto significa que siempre que yo esté de lo más sediento y desesperado y más necesitado de ayuda yo puedo estimular mi alma no solo con la verdad de que hay un impulso misericordioso en el corazón de Dios sino también con la verdad que la fuente y el poder de ese impulso son el celo de Dios para actuar por causa de Su propio nombre.

    Puedo orar con los salmistas: «Por amor de tu nombre, oh Jehová, Perdonarás también mi pecado, que es grande» (25:11). «Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre. Y líbranos...» (79:9). «Por tu nombre me guiarás y me encaminarás» (31:3).

    Porque Dios ama la gloria de Su propio nombre, Él también toma placer en los que esperan en Su amor y en los que expresan su esperanza en la oración. Cuando usted espera en Dios usted glorifica a Dios como la fuente del gozo profundo y duradero. Cuando los justos oran simplemente dan expresión a esa esperanza que glorifica a Dios. Ahora avanzaremos un paso más adelante y diremos que la obediencia a Dios hace que esa esperanza que glorifica a Dios sea visible y prueba que es real en nuestras vidas.

    Nuestro versículo en 1 Samuel 15:22 es: «¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová?» La respuesta es claramente NO. El Señor encanta mucho más en la obediencia que en la actuación de ceremonias del culto sin ella.

    Hay dos preguntas que quiero intentar contestar con usted. 1) ¿Por qué Dios se deleita en la obediencia? Y 2) ¿Estas noticias son buenas? ¿Son buenas noticias al escuchar que lo que le agrada a Dios es la obediencia, o es sólo una carga desanimadora?

    Antes de enfocarnos en estas dos preguntas estemos seguros que tenemos la escena clara en nuestras mentes.

    Cuando Israel salió de Egipto y atravesó el desierto, los amalecitas los atacaron. Leemos sobre esto en Éxodo 17:8-16. Dios dio la victoria a los israelitas, pero del mal nunca se olvidó. En Deuteronomio 25:17-19 Dios dijo:

    «Acuérdate de lo que hizo Amalec contigo en el camino, cuando salías de Egipto; de cómo te salió al encuentro en el camino, y te desbarató la retaguardia de todos los débiles que iban detrás de ti, cuando tú estabas cansado y trabajado; y no tuvo ningún temor de Dios. Por tanto, cuando Jehová tu Dios te dé descanso de todos tus enemigos alrededor, en la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad para que la poseas, borrarás la memoria de Amalec de debajo del cielo; no lo olvides.»

    Finalmente la iniquidad de los Amalecitas está completa y el Señor ordena a Saúl, el primer rey de Israel, a ejecutar la sentencia frase contra los Amalecitas. La orden se da en 1 Samuel 15:2-3:

    «Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto. Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos.»

    Así que Saúl reunió su ejército y fue contra la ciudad de Amalec. Él advirtió a los ceneos para que huyeran si querían salvar sus vidas (v. 6). Después él destruyó a los amalecitas desde Havila hasta donde Shur, al este de Egipto.

    Pero el versículo 9 describe la desobediencia fatal de Saúl. «Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir; mas todo lo que era vil y despreciable destruyeron.»

    El Señor vio esta desobediencia y se arrepintió de haber hecho rey a Saúl (v. 11). Sólo una palabra breve al pasar sobre este «arrepentimiento» divino.

    Dice el versículo 29 de este capítulo que «El que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta.» Yo tomo esto para querer decir que el arrepintiéndose de Dios (por ejemplo en v. 11) no es igual al arrepentimiento del hombre. De hecho, es tan diferente que en un sentido no es un arrepentimiento en absoluto, como dice el versículo 29. No está basado en la ignorancia o el engaño. El arrepentimiento de Dios es el vuelco de su corazón en una nueva dirección pero no uno que no estuviera previsto. Dios no se arrepiente porque Él se le encuentra con la guardia baja por algún giro de eventos. Eso ciertamente lo que pasaría con el hombre. Pero la Gloria de Israel no es un hombre para que deba arrepentirse. Cuando la Biblia dice que Dios se arrepiente, significa que Él expresa una actitud diferente sobre algo que Él expresó antes, no porque cualquier giro de eventos fuera inesperado, sino porque el giro de eventos fuera inesperado, sino porque el giro de eventos hace que una actitud diferente sea más adecuada para expresar ahora que lo que habría sido antes.

    Samuel está enfadado con este giro en la actitud de Dios hacia Saúl y clama a Dios toda la noche (v. 11, vea también 12:23). El resultado de su noche de oración es una firme resolución para hacer lo que Dios dice. Se levanta temprano en la mañana y descubre (15:12) que Saúl ha ido a Carmel, se ha levantado un monumento y ha ido a Gilgal donde primeramente lo hicieron rey. (11:15).

    Así que Samuel va a encontrarse con Saúl, y (en 15:13) Saúl dice, « Bendito seas tú de Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová.» Samuel pregunta (en v. 14) qué era ese balido de ovejas y bramido de las vacas si Saúl realmente había destruido todo tal como Dios le había dicho.

    Entonces (en v. 15) Saúl le echa la culpa al pueblo: «De Amalec los han traído; porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas...» Pero nada de lo que Saúl dice funcionará ahora. Él ha desobedecido el mandamiento del Señor y él lo admite finalmente en el versículo 24: «Yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras.»

    Ahora nuestra primera pregunta es esta: ¿Por qué Dios está tan disgustado con la desobediencia? ¿O positivamente, por qué Dios toma tanto deleite en la obediencia?

Por qué Dios se deleita en la obediencia y odia la desobediencia

    Veo por lo menos cinco razones en esta historia por qué Dios odia la desobediencia y se complace en la obediencia. Los mencionaré en el orden desde la menos seria hasta la más seria, según mi parecer.

    1. La desobediencia muestra un temor equivocado.

    Tome nota del versículo 24: «Yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos.»

    ¿Por qué Saúl obedeció al pueblo en lugar de obedecer a Dios? Porque él temió al pueblo en lugar de temer a Dios. Él temió las consecuencias humanas de obediencia más que el temor a las consecuencias divinas sobre el pecado. Él temió el disgusto del pueblo más que el disgusto de Dios. Y ése es un gran insulto a Dios. Samuel había dicho dos veces a Saúl y al pueblo en 12:14 y 24, «Solamente temed a Jehová y servidle de verdad con todo vuestro corazón.» Pero ahora el líder mismo ha temido al hombre y se ha vuelto de seguir a Dios (1 Samuel 15:11).

    2. La desobediencia muestra un placer equivocado.

    Saúl intentó persuadir a Samuel que era una intención noble que lo llevó a desobedecer a Dios y conservar las mejores ovejas y bueyes con vida (v. 21). Él dijo que ellos quisieron sacrificar éstos al Señor en Gilgal. Pero el Señor le había dado la visión a Samuel sobre el verdadero motivo de Saúl y del pueblo. Lo vemos en sus palabras en el versículo 19:

    «¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová?»

    Se lanzaron sobre el botín como pájaros hambrientos y ávidos de llenar sus barrigas. Esta palabra, «lanzó» se utiliza antes en 14:32 para describir cómo el pueblo cayó sobre los despojos cuando los Filisteos fueron derrotados. Dice: «Y se lanzó el pueblo sobre el botín, y tomaron ovejas y vacas y becerros, y los degollaron en el suelo; y el pueblo los comió con sangre.»

    Cuando Samuel dice en 15:19: «¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová?», él implica que el pueblo se manejó con un deseo desmesurado por toda esa carne. (Recuerde, los que sacrifican consiguen comer la carne.) Su placer estaba extraviado. Debía de haber estado en Dios. Pero ellos se deleitaban más en la carne de las ovejas y bueyes que en la sonrisa y comunión con Dios. Esto es, claro, un gran insulto a Dios, y por consiguiente muy desagradable ante sus ojos.

    3. La desobediencia muestra una alabanza equivocada.

    Cuando Saúl había derrotado a los amalecitas lo primero que hizo fue de erigirse un monumento. El versículo 12: «Fue dado aviso a Samuel, diciendo: Saúl ha venido a Carmel, y he aquí se levantó un monumento.» Evidentemente Saúl estaba más interesado en conseguir un nombre para sí mismo que hacer un nombre para Dios a través de la obediencia cuidadosa a Su palabra. Él se había equivocado en la alabanza de Dios y la buscó para sí mismo.

    Este pecado es aun peor cuando se leen los versículos 17-19:

    «Y dijo Samuel: Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel? Y Jehová te envió en misión y dijo: Ve, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes.¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová.»

    Previamente en 9:21 Saúl parecía asombrado que Dios lo escogería para ser el rey sobre Israel cuando él era de la tribu más pequeña, la tribu de Benjamín, y de las familias más pequeñas de su tribu. ¡Y él debía quedar asombrado! Si él quisiera el honor él debía de haber quedado asombrado y satisfecho con el honor que Dios le había dado. ¿Esto es el punto que Samuel señala aquí en el versículo 17 – ¿Por qué eres impulsado por un deseo maligno por la gloria humana cuándo Dios te ha dado de hecho un privilegio glorioso como es el de ser la cabeza de las tribus de Israel y el rey ungido del pueblo de Dios?

    Pero Saúl no estaba satisfecho con la gloria de Dios y el honor de ser Su rey escogido. Él quería su propia gloria y su propia alabanza. Y el camino sumiso de la obediencia no ofrece ese tipo de alabanza y gloria. Así que hizo las cosas a su manera.

    4. La desobediencia es como el pecado de adivinación.

    Ahora estamos en el terreno textual explícito. Ésta es la razón misma que da Samuel para decir por qué la desobediencia es desagradable a Dios en 15:22-23:

    «Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión.»

    Dios había puesto la adivinación en la misma categoría con las cosas horribles que Él odia en Deuteronomio 18:10-12: «No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas...»

    ¿Por qué la rebelión y la desobediencia son como el pecado de adivinación? La adivinación busca de saber qué hacer de una manera que ignora la palabra y el consejo de Dios. Y eso es exactamente en lo que se basa la desobediencia. Dios dice una cosa, y nosotros decimos, pienso que consultaré otra fuente de sabiduría – a saber, ¿cuál? ¡YO MISMO! La desobediencia de la palabra de Dios pone mi propia sabiduría en el lugar de Dios y así insulta a Dios como la única fuente segura y fiable de sabiduría.

    5. La desobediencia es idolatría.

    Esto es lo que Samuel dice en la última mitad del versículo 23: «Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación.»

    Cuando Dios dice una cosa y nosotros consultamos al mago pequeño de nuestra propia sabiduría y después obstinadamente escogemos ir por nuestro propio camino, somos idólatras. No sólo hemos escogido consultarnos a nosotros mismos como una alternativa a Dios, y así llegamos a ser culpables de adivinación, pero vamos más allá de eso y realmente estimamos la dirección de nuestra propia mente por encima de la dirección de Dios y nos volvemos culpables de idolatría. Y lo peor de todo, el ídolo es nuestro propio ego.

    Así que es obvio que Dios estará disgustado con la desobediencia porque en todos los puntos es un ataque a Su gloria.

    • Establece el temor al hombre en lugar del temor de Dios.   
    • Eleva el placer en las cosas por encima del placer en Dios.
    • Busca un nombre para sí mismo en lugar de un nombre para Dios.
    • Consulta la sabiduría del ego en lugar de estar satisfechos con la voluntad de Dios.
    • Y atribuye más valor a los dictados del ego que a los dictados de Dios y así intenta destronar a Dios rindiendo su lealtad al ídolo de la voluntad humana.

    Pero la obediencia, siendo exactamente lo contrario, en todas estas cosas entroniza y honra Dios. Y por consiguiente Dios tiene placer en la obediencia.

¿Son buenas noticias que Dios se deleita en la obediencia?

    Ahora nos volvemos a la segunda pregunta que planteamos al principio: ¿Estas son buenas noticias? ¿Son buenas noticias saber que Dios se deleita en la obediencia, o es simplemente otra carga?

    Yo pienso que son buenas noticias. Y hay seis razones por lo menos por qué pienso así. Sólo tenemos tiempo para mencionarlos brevemente.

    1. El deleite de Dios en la obediencia son buenas noticias porque significa que Él es digno de alabanza y fiable. Si Él no se deleitara en la obediencia Él sería una contradicción viviente: amando Su gloria sobre todas las cosas y sin embargo no contento con las acciones que hacen que se gloria sea conocida. Él sería hipócrita y sus palabras serían falsas. ¡Su belleza desaparecería y con él todo nuestro deleite! Y Él sería inestable porque no se puede confiar en un Dios cuyos valores son tan inconstantes que Él se exalta un momento y aprueba los insultos el siguiente.

    2. El deleite de Dios en la obediencia son buenas noticias porque garantiza la promesa que algún día la gloria de Dios ciertamente llenará la tierra como las aguas cubren el mar. Si Dios fuera indiferente a la desobediencia no habría ninguna certeza de que se habría ninguna seguridad de que el siglo venidero estaría libre de toda la conducta que deshonra a Dios. Pero porque Él odia la desobediencia y ama la obediencia podemos estar seguros que nuestro anhelo por un mundo lleno de la gloria de Dios realmente llegará a suceder.

    3. El deleite de Dios en la obediencia son buenas noticias porque muestra que la gracia de Dios es un poder glorioso y no sólo una débil tolerancia del pecado. La gloria de la gracia de Dios no se ve sólo en el hecho de que Dios pasa por alto los pecados de los creyentes sino que también se ve en el hecho que erradica esos pecados gradual, final, y victoriosamente erradica esos pecados. Si Dios no se deleitara en la obediencia, la gloria de la gracia soberana nunca podría verse en su poder para conquistar el pecado.

    4. El deleite de Dios en la obediencia son buenas noticias porque Sus mandamientos no son demasiado difíciles. Sólo son tan difíciles de obedecer tanto como Su gloria es difícil de querer y Sus promesas son difíciles de creer. Deuteronomio 30:11 dice: «Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos.» Y 1 Juan 5:3 dice: «Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos.»

    5. El deleite de Dios en la obediencia son buenas noticias porque todo lo que Dios nos ordena es para nuestro bueno. Así que aquello en lo que Dios realmente se deleita cuando se deleita en nuestra obediencia es nuestro profundo y duradero gozo. Deuteronomio 10:12-13 dice: «Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad?»

    6. Y finalmente el deleite de Dios en la obediencia son buenas noticias porque la obediencia que Él ama es la obediencia de la fe. Y la fe significa depositar toda nuestra esperanza en la misericordia de Dios. Y la misericordia significa que nuestra obediencia no tiene que ser perfecta; sólo tiene que ser penitente. «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» (1 Juan 1:9).

    Dios todavía es un manantial en la montaña y no un depósito de riego. La obediencia no es una brigada de cubos para satisfacer la necesidad de Él. La obediencia son los esfuerzos de las «relaciones públicas» irreprimibles de los que han saboreado y han visto que el Señor es bueno.

    – Uno en una serie de 12 llamados Los Deleites de Dios, disponible en www.desiringGod.org. Derechos de propiedad literaria 1987 John Piper. Usado y modificado con permiso.