«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

El Buen Pastor

Por Rich Carmicheal

    Lectura de las Escrituras: Juan 10:1-30

    Porque nuestro Señor Jesucristo es tan imponente, la Biblia usa una amplia gama de títulos y descripciones para ayudarnos a asir todo lo que Él es y todo lo que Él hace. Cualquier título o descripción no es suficiente en sí mismo para describir toda Su gloria. De hecho, así como tomamos a pecho todos los títulos y descripciones, sin embargo, todavía tenemos tan solo un atisbo de toda Su gloria. Vendrá un día, sin embargo, cuando «lo veremos como tal Él es» (1 Juan 3:2). Ahora sólo conocemos en parte, entonces conoceremos totalmente (1 Cor. 13:12).

    Aunque ningún título o descripción pueden captar la plenitud de Cristo completamente, cada uno es no obstante una mina de oro de riquezas espirituales. Esto es verdad porque Cristo es tan glorioso, hasta una mirada fugaz de Él es gloriosa.

    Por ejemplo, considere conmigo un tal cuadro de Cristo: Él es nuestro Pastor. Cuando Jesús comparte con nosotros que Él es nuestro Pastor, Él abre un baúl de tesoros de significado para nosotros considerando Su naturaleza, carácter y obra. Aquí hay algunas de las verdades gloriosas empotradas en la realidad maravillosa de que Cristo es nuestro Pastor:

    • Él es poderoso y con todo bajo control. La Biblia asocia al Señor como el Pastor con cualidades como el poder, majestad y gobierno. Por ejemplo, Isaías escribe «...el Señor omnipotente llega con poder, y con su brazo gobierna... como un pastor que cuida su rebaño» (Isa. 40:10-11). Y el salmista clama, «Pastor de israel, tú que guías a José como a un rebaño, tú que reinas entre los querubines...Muestra tu poder, y ven a salvarnos» (Sal. 80:1-2).

    Estas figuras son prominentes en las palabras siguientes que el Señor habló a través del profeta Miqueas en anticipación de la venida de Cristo que serviría como el gran Pastor sobre el pueblo de Dios: «Pero de ti, Belén,... saldrá el que gobernará a Israel...Pero surgirá uno para pastorearlos con el poder del Señor, con la majestad del nombre del Señor su Dios. Vivirán seguros, porque él dominará hasta los confines de la tierra. ¡Él traerá la paz!» (Miqueas 5:2,4-5). Jesús, como nuestro Pastor, es un Gobernante que es fuerte y majestuoso, y de quien la grandeza alcanza a los fines de la tierra. Él es poderoso y en completo control. Él ha desarmado los poderes y autoridades, triunfando sobre ellos por la cruz (Col. 2:15), y le ha sido dado toda la autoridad en el cielo y en la tierra (Mat. 28:18). Él es el Victorioso que está reinando ahora y que reinará para siempre. No hay ninguna amenaza, y nunca habrá amenaza alguna, a Su soberanía. Cuando confiamos en Él como nuestro Pastor, tenemos la confianza de que Él tiene la fuerza y habilidad para sostenernos firmemente ahora y por toda la eternidad. Cuando Él declara: «Yo les doy [a Mis ovejas] vida eterna; y nunca perecerán, no nadie podrá arrebatármelas de la mano. Mi Padre, que me las ha dado, es más grande que todos; y de la mano del Padre nadie las puede arrebatar» (Juan 10:28-29). ¡Nuestro Pastor es fuerte!

    • Él es un Buen Pastor con el corazón de un verdadero pastor. Jesús no sólo se describe como el Pastor, sino como «el Buen Pastor» (Juan 10:11). Lamentablemente había (y hay) pastores malos. Al compartir, Jesús dice: «Todos los que vinieron antes de mí eran unos ladrones y unos bandidos...» y «el ladrón no viene más que a robar, matar y destruir...» (Juan 10:8,10). El Señor tiene una palabra dura contra dichos pastores: «¡Ay de ustedes pastores de Israel, que tan sólo se cuidan a sí mismos!... No fortalecen a la oveja débil, no cuidan de la enferma, ni curan a la herida; no van por la descarriada ni buscan a la perdida. Al contrario, tratan al rebaño con crueldad y violencia» (Ezequiel 34:2-4).

    Jesús, por otro lado, es el Buen Pastor que auténticamente cuida Su rebaño, dando cuidado adicional al más necesitado. Podemos asegurarnos que Él siempre tiene en mente nuestro bienestar. Él tiene el corazón de un verdadero pastor, poniendo las necesidades de Su oveja sobre Sus propias necesidades. Él nos fortalece cuando somos débiles, nos sana cuando estamos enfermos, nos venda cuando nos dañamos, nos restaura cuando nos extraviamos, y nos busca búsquedas para nosotros cuando nosotros estamos perdidos. Él no nos gobierna severamente o brutalmente, pero es manso y humilde hacia nosotros (Mat. 11:29). «Como un pastor que cuida su rebaño, recoge los corderos en sus brazos; los lleva junto a su pecho, y guía con cuidado a las recién paridas» (Isa. 40:11). Nuestro Pastor es bueno, y podemos confiar en Él completamente.

    • Él nos conoce y nos ama profundamente. El hecho que somos comparados con las ovejas es, en algunos aspectos, muy poco halagüeño. Las ovejas son, después de todo, animales bastante tontos que están en la necesidad de atención constante, dirección detallada y cuidado meticuloso. Ellas tienden a vagar y a extraviarse, y se pierden fácilmente con poca o ninguna capacidad de encontrar su camino de regreso. Sin el cuidado de un pastor, ellas quedan desamparadas y dispersas (Mat. 9:36) y fácilmente caen víctimas del peligro.

    A pesar de estas fallas, sin embargo, o quizás debido a estas fallas, un vínculo profundo se desarrolla entre el pastor y su oveja. Jesús dice que cuando el pastor de las ovejas entra por la puerta, «… las ovejas oyen su voz. Llama por nombre a las ovejas y las saca del redil. Cuando ya ha sacado a todas las que son suyas, va delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque re conocen su voz» (Juan 10:3-4).

    Nuestro Pastor ciertamente tiene un profundo afecto por nosotros. Él cuida a todo el rebaño y también cuida a cada oveja individual. Así como Él sabía el nombre de Simón, Natanael, Zaqueo, María, Marta, Lázaro, Tomás – y la lista sigue sin parar – así Él nos conoce a usted y a mí por nombre. Así como Él enfocaba Su atención en los individuos como la mujer de Samaritana, Nicodemo, el centurión, un niño pequeño, el ladrón en la cruz - nuevamente, la lista sigue sin parar – así Él presta una atención especial a cada una de Sus ovejas. Él nos conoce y Él se preocupa por nosotros. Él sabe nuestras alegrías, dolores, problemas, preocupaciones, necesidades, fuerzas y debilidades. Él conoce su situación en este mismo momento. Y Su deseo, como el Buen Pastor, es guiarlo y cuidarlo.

    Después de todo, si usted se ha vuelto a Él para la salvación, usted pertenece a Él. Note el idioma personal que Jesús usa: «…Yo conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas...» (Juan 10:14-15). Jesús nos ha comprado y nos ha redimido con Su propia sangre. Somos Sus ovejas, las ovejas que Su Padre le ha dado a Él (Juan 10:29). Él compara nuestra relación con Él con Su relación con Su Padre. ¡Qué vínculo y comunión maravillosos que tenemos con nuestro Pastor!

    Se ilustra su amor por cada una de Sus ovejas en esta hermosa parábola: «Supongamos que uno de ustedes tiene cien ovejas y pierde una de ellas. ¿No deja las noventa y nueve en el campo, y va en busca de la oveja perdida hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, lleno de alegría la carga en los hombros y vuelve a la casa. Al llegar, reúne a sus amigos y vecinos, y les dice: "Alégrense conmigo; ya encontré la oveja que se me había perdido"» (Lucas 15:4-6).

    • Él da Su vida por nosotros. La última expresión de Su amor y preocupación por nosotros es que Él dio Su vida por nosotros – «… el buen pastor su vida da por las ovejas» (Juan 10:11). Nosotros estábamos completamente desvalidos y desesperados en nuestra propia fuerza contra los enemigos del pecado y de la muerte. Nuestra única esperanza era que nuestro Pastor conquistaría a nuestros enemigos por nosotros. Y esto que Él hizo de buena gana, incluso al más grande costo para Él. En la Cruz Él «cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores...Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados. Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el Señor hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros» (Isa. 53:4-6). ¡Oh, qué regalo indescriptiblemente precioso poder ser liberados del pecado por la sangre preciosa de Cristo!

    Así como nuestro Pastor tenía la autoridad de dar Su vida por nosotros, Él también tenía autoridad para tomarla de nuevo: «Nadie me la arrebata [Mi vida], sino que yo la entrego por mi propia voluntad. Tengo autoridad para entregarla, y tengo también autoridad para volver a recibirla. Éste es el mandamiento que recibí de mi Padre» (Juan 10:18). Al dar su vida por nosotros, nuestro Pastor nos libró de nuestro enemigo, el pecado. ¡Al tomarla de nuevo por Su Resurrección, Él nos da la victoria sobre el poder de la muerte! Podemos regocijarnos que nuestro Dios «Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas…» (Heb. 13:20). Nuestro Pastor ha quitado «la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio...» (2 Tim. 1:10).

    • Él nos conduce a la salvación y la vida. Jesús no sólo es el Pastor, sino que también es la Puerta para Sus ovejas, y Él promete que «...El que entre por esta puerta, que soy yo, será salvo. Se moverá con entera libertad, y hallará pastos...yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia» (Juan 10:9-10). Nuestro Pastor es nuestra fuente de salvación y vida. Él Mismo es nuestra vida (Juan 1:4; 5:26; 6:35; 14:6). Él es todo lo que necesitamos. Él solo satisface de verdad. Porque el Señor es nuestro Pastor, nada nos faltará. Él nos lleva a los verdes pastos, a las aguas de reposo, a la restauración, y en los caminos de justicia (Sal. 23:1-3). Él es de hecho «el Pastor y Obispo de [nuestras] almas» (1 Pedro 2:25) y Él nos da vida eterna (Juan 10:28).

    Nuestro Pastor «...va delante de [Sus ovejas], y las ovejas lo siguen porque reconocen su voz» (Juan 10:4). Aunque el camino a los pastos abundantes y a las aguas de reposo puede ser a veces difícil, conocemos la voz y el corazón de nuestro Pastor. Sabemos que Él siempre nos llevará a los lugares buenos y nunca para dañarnos. Incluso cuando el camino nos lleva a través del valle de sombra de muerte, no temeremos, porque nuestro Pastor está con nosotros. Su vara y Su cayado infunden aliento (Sal. 23:4). Aun cuando los enemigos están cerca, nuestro Pastor nos alimenta, nos cuida, nos protege, y nos da paz (Sal. 23:5). Una asalariado abandonará las ovejas cuando viene el lobo, pero nuestro Pastor nunca nos abandonará (Juan 10:11-13). Él promete siempre de estar con nosotros. ¡Nuestro Pastor siempre es fiel para llevarnos a la vida abundante!

    • Su rebaño se extiende a todas las naciones. Jesús pastorea Su rebaño en la fuerza del Señor y Su grandeza alcanza a los fines de la tierra (Miqueas 5:2,4-5). Su reino y gobierno atraviesa los límites nacionales, límites raciales y límites sociales. Aunque le enviaron a la oveja perdida de Israel (Mat. 15:24), Él también introduce ovejas de entre los Gentiles: «Tengo otras ovejas que no son de este redil, y también a ellas debo traerlas. Así ellas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor» (Juan 10:16). ¡Si es judío o gentil, esclavo o libre, varón o hembra, nos podemos regocijar que nuestro Pastor nos recoge como un rebaño!

    • Él viene otra vez para recompensar y para juzgar. El Apóstol Pedro da este estímulo a los ancianos que sirven bien como pastores del rebaño de Dios: «...cuando aparezca el Pastor supremo, ustedes recibirán la inmarcesible corona de gloria» (1 Pedro 5:4). Así como el Pastor Principal recompensará a estos pastores fieles, Él promete premiar a todas Sus ovejas que lo sirven fielmente: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, con todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones se reunirán delante de él, y él separará a unos de otros, como separa el pastor las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: Vengan ustedes, a quienes mi Padre ha bendecido; reciban su herencia, el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo» (Mat. 25:31-34).

    ¡Qué Pastor majestuoso, poderoso y amoroso que tenemos, y qué privilegio tan bendito que seamos sus ovejas! Él es digno de nuestra confianza completa y nuestra obediencia sincera. «Vengan, postrémonos reverentes, doblemos la rodilla ante el Señor nuestro Hacedor. Porque él es nuestro Dios y nosotros somos el pueblo de su prado; ¡somos un rebaño bajo su cuidado!» (Sal. 95:6-7).