«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Una Respuesta Suplicante Al Terrorismo

Por Dave Butts

    No hay duda del hecho de que vivimos en una edad de terrorismo. La amenaza del terrorismo nos afecta cada vez que vayamos a un aeropuerto o que lleguemos a un sitio para votar. Eso afecta a la política de las naciones y a las vidas diarias de todos los individuos. Las naciones se están mobilizando para enfrentar a las amenazas peligrosas que se aumentan.

    ¿Cómo debe responder la Iglesia a este asunto del terrorismo? Seguramente que nos afecta. En algunos lugares, la Iglesia ha sido el enfoque de los ataques del terrorismo. Para que la Iglesia pueda enfrentar a esta amenaza, tenemos que enfocar al aspecto espiritual de lo que está sucediendo. Lean los siguientes versos de la Escritura de Isaías, y fíjense si eso puede ser aplicado o no a los terroristas de hoy día.

    "…Sus telas no servirán para vestir, ni de sus tejidos serán cubiertos; sus obras son obras de iniquidad, y actos de violencia hay en sus manos. Sus pies corren al mal, se apresuran para derramar la sangre inocente; sus pensamientos son pensamientos de iniquidad; desolación y destrucción hay en sus caminos. No conocen el camino de paz, ni hay justicia en sus pasos; sus veredas son torcidas; cualquiera que por ellas va, no conoce paz" (Isaías 59:6-8).

    El terrorismo no es solamente un asunto de lucha física. Ciertamente que es una batalla espiritual también. Ese tipo de violencia ciega en seguida nos debe indicar que es la obra de Satanás. Se destaca como una característica de él. Jesús dijo de Satanás en Juan 8 y 10 que él es un mentiroso, un ladrón y un asesino. Su intento es de robar, de matar y de destruir. En Apocalipsis capítulo 12, el diablo está ilustrado en sus acciones de guiar al mundo entero por un camino extraviado. El está lleno de rabia porque bien que sabe él que su tiempo es de breve duración.

    Mientras yo visitaba a Tailandia recientemente, yo oí a un líder de oración de Inglaterra que se llama Brian Mills a decir, "Satanás trata de destruir la base de la verdad; se opina él muy lleno de sí y de su propia importancia; él ha revelado que los niños son un enfoque legítimo para la maldad; él es ardientemente anti-judio, anti-cristiano y él trata de interrumpir nuestra comunicación con Dios y también nuestra comunicación de unos con otros. En breve, Satanás es un terrorista. Observamos un espíritu de violencia, intrínsico en el Islam, que se gira hacia afuera."

    Porque la lucha contra el terrorismo es un aspecto de la guerra cósmica entre el Reino de Dios y el reino del príncipe de este mundo, los cristianos deben ponerse en la primera fila de la batalla. Deben llevar la delantera en la batalla. Como en todo tipo de nuestra guerra, en cualquier circunstancia o en cualquier momento, la oración se hace un arma principal en nuestro arsenal.

    En la Segunda Guerra Mundial, Rees Howells y un grupo de intercesores se juntaron con regularidad para vigilar y orar sobre las mayores batallas y sobre los eventos del día. Había numerosas ocasiones en que Dios intervino para mostrarles lo que tuvo que pasar aun antes de que oruccieran los mismos eventos. Estos intercesores fieles oraron unas oraciones estratégicas que cambiaron la dirección de los eventos militares.

    Es hora hoy en día, en nuestra guerra contra el terrorismo, que se levanten los centinelas. El Viejo Testamento usa el término centinela en varias ocasiones para definir y descubrir las acciones de intercesores como Rees Howells y los que oraron con él. El profeta Isaías gritó, "Jerusalén, sobre tus muros he puesto centinelas que nunca callarán, ni de día ni de noche. Ustedes, los que invocan al Señor, no se den descanso" (Isaías 62:6).

    ¿Qué hacen los centinelas?

    • Ellos vigilan y oran.

    • Ellos se mantienen de guardia constantemente y así proveen la protección necesaria. "Levántate y clama por las noches, cuando empiece la vigilancia nocturna"(Lamentaciones 2:19).

    • Ellos deben de escuchar. Jeremias 6:17 dice, "Yo aposté centinelas para ustedes, y dije: ‘Presten atención al toque de trompeta.’ Pero ellos dijeron: ‘No prestaremos atención.’"

    • Ellos deben de advertir. "Hijo de hombre, a ti te he puesto como centinela del pueblo de Israel. Por tanto, cuando oigas mi palabra, adviértele de mi parte" (Ezequiel 3:17).

    • Ellos deben de invocarle al Señor. "Jerusalén, sobre tus muros he puesto centinelas que nunca callarán, ni de día ni de noche. Ustedes, los que invocan al Señor, no se den descanso" (Isaías 62:6).

    Dios ha llamado a Su pueblo que sean centinelas. No debemos ser observadores pasivos o unas víctimas en la guerra contra el terror. Debemos de vigilar y de orar. Cuando leemos los periódicos, nosotros oramos. Mientras estemos mirando las noticias que pasan por la televisión, nosotros estamos orando.

    Con este tipo de mentalidad de batalla, nuestras oraciones deben ser de tipo de batalla también. Tenemos que orar por un vallado de protección para los que se encuentran en las primeras filas de las batallas de la guerra. Le pedimos a Dios que les dé protección a los inocentes. Tiene que ser en tiempos como éstos que le pedimos al Señor de las Hostias de Cielo, que mueva. Su Mano en contra de los enemigos de Dios. Oramos que los propósitos de Dios sean llevados a cabo en medio de todas estas amenazas.

    Cada nación tiene necesidad de los centinelas, de los que se pongan de guardia por ella. Dios nos está llamando a los muros para vigilar y orar. Nuestras oraciones harán una gran diferencia en la batalla contra el terrorismo. En las tinieblas y la oscuridad de la situación en que nos encontramos hoy en día, Dios está llamando a Su pueblo que seamos luz. A través de nuestra oración vigilante nosotros derramamos la luz poderosa de Cristo sobre la batalla. Realmente la batalla le pertenece al Señor: "Y dijo Jahaziel: Escuchen, habitantes de Judá y de Jerusalén, y escuche también Su Majestad. Así dice el Señor: ‘No tengan miedo ni se acobarden cuando vean ese gran ejército, porque la batalla no es de ustedes sino mía’" (2 Crónicas 20:15).