«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

La Oración Poderosa Que Prevalece

Por Wesley L. Duewel

    Uno de los secretos de la oración prevaleciente es la seguridad interior de que estanos orando según la voluntad de Dios. El Espíritu Santo es nuestro Consejero, enviado por el Padre y dado por Cristo. El vocablo griego parakletos, utilizado repetidas veces por Jesús para referirse al Espíritu Santo (Juan 14:15,26; 16:7), está repleto de significado. Se le traduce como Consolador, Ayudador o Consejero.

    El es nuestro consejero en todos los aspectos de la vida. El es de manera especial nuestro Consejero-Ayudador en la oración (Romanos 8:26-27). El Espíritu siempre ora según la voluntad de Dios. El jamás le guiará a usted ni le concederá el poder para orar, en contra de la voluntad del Padre.

    Cuando conocemos la voluntad de Dios respecto al asunto por el cual oramos, nos da una confianza y una fortaleza formidables para prevalecer en oración. Dios se regocija cuando unimos nuestra voluntad con la suya en oración prevaleciente. Esto es lo que de hecho pedimos cuando oramos empleando el Padre Nuestro: "Hágase tu voluntad…en la tierra".

    ¿Qué pasos nos dan seguridad de que estamos orando en armonía con la voluntad de Dios?

    1. Ríndase totalmente, por el resto de su vida, a la voluntad de Dios. Esta postura implica un acto concreto de entrega absoluta de todo el ser: su condición de persona, sus ambiciones, sus deseos; sus posesiones, su presente y su futuro. Haga que el compromiso sea tan completo y permanente, que de ahora en adelante sólo tenga que reafirmar la completa consagración que ya ha hecho.

    ¿Puede Dios hacer con usted lo que a El le plazca? ¿Puede El cambiar sus planes, sus metas y sus ambiciones? ¿Puede El anular sus planes sin darle a usted explicaciones? ¿Puede El trasladarlo de una situación a la otra sin que usted pueda protestar? ¿Está la voluntad suya tan rendida a Dios que El le puede pedir lo que El quiera? Si usted puede responder afirmativamente a todas las preguntas anteriores, entonces usted, empleando las palabras de Bengel: "Es propiedad del Señor". Esto es lo que Bengel se denominaba a él mismo.

    McConkey dice lo siguiente: "Para conocer la voluntad de Dios es necesario querer la voluntad de Dios. La voluntad propia es la más densa y segura cortina que hace separación entre nosotros y el conocimiento de la voluntad de Dios… Nos sorprenderemos… al descubrir cuánto de nuestra vida de oración es un esfuerzo por lograr que Dios apruebe y lleve a cabo nuestra propia voluntad, en vez de ser una petición que armonice con su voluntad".

    Algunas personas no recibirán lo mejor de Dios a lo largo de gran parte de sus vidas, por haber fallado en hacer y mantener una entrega completa. Dios prefiere que nosotros nos rijamos por su primer plan. Mas si persistimos en que se haga nuestra propia voluntad, se presentará una situación tras otra en las que Dios habrá de darnos bendiciones secundarias. Mientras menos entregados estemos, menos capaces seremos de prevalecer en oración.

    2. Manténgase activo en su entrega diaria. Una vez que usted se ha entregado completamente, no se resigne pasivamente a lo que Dios pueda hacer que ocurra. Trate activamente de descubrir su voluntad y de aprobarla en cada situación. Cuando usted pide: "Hágase tu voluntad…en la tierra" (Mateo 6:10), se compromete a procurar que se haga la voluntad de Dios, de tal forma que la voluntad de usted se una a la de él. Después de habernos consagrado completamente no nos convertimos en seres débiles e indiferentes. Participamos activamente en el cumplimiento en la tierra de la voluntad de Dios. Aférrese ansiosamente de la voluntad de Dios. Entréguese deseoso a la voluntad de Dios en usted, y de igual manera ríndase al cumplimiento de su voluntad por medio de usted. La voluntad de Dios no se cumple automáticamente mediante una persona consagrada. El cumplimiento y la ratificación de la voluntad de Dios debe convertirse en la pasión de su alma.

    3. Manténgase a la expectativa en cuanto a la voluntad manifiesta de Dios para su vida de oración. Cuando usted vive dentro de la esfera de la voluntad de Dios, puede esperar que el Espíritu le revele paso a paso los actos de obediencia que El desea de usted y las peticiones que desea hacer por mediación suya. Harry Jessop dice: "La voluntad de Dios es una esfera que tiene límites claros entre los que habitan conscientemente las almas". Dios quiere que entendamos cuál es esa voluntad (Efesios 5:17). "Para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta" (Romanos 12:2).

    Samuel Chadwick escribió: "Los más humildes seguidores de Jesús puede que conozcan la Divina Voluntad de primera mano. El privilegio de cada hombre es tener completa seguridad en la voluntad de Dios…Acuda directamente a Dios. No moleste a otra gente. Traiga ante El toda pregunta y El le aclarará cuál es su voluntad. Cuando Dios habla sus palabras se entienden con facilidad.

    4. Convierta las prioridades de Dios en sus prioridades de oración. Día tras día Dios tiene la mejor opción para cada situación y para cada vida. A medida que Dios le muestre las oraciones que El quiere que haga, confíe en la dirección del Espíritu para que éste le conduzca a las prioridades urgentes y especiales en momentos de necesidad. Usted no sabe quién necesita su oración o por cuál necesidad quiere Dios que usted ore con mayor premura en un momento determinado.

    Viva en una comunión ininterrumpida con el Señor. Hágase el hábito de prestarle atención. Cada vez que El le muestre a una persona, una situación o una necesidad en forma vívida, conviértala en prioridad de oración mientras que Dios mantenga esa preocupación en su corazón. Si es posible, busque momentos libres y un lugar apartado donde pueda orar por esta prioridad. A usted le hace falta conocer los pormenores: sólo obedezca la dirección del Espíritu para orar en el momento en que El le haga ver la necesidad en su mente de manera vívida.

    S. D. Gordon escribió: "El Espíritu…es el Maestro de la oración. El conoce la voluntad de Dios a la perfección. El sabe por qué cosas debemos orar ante todo en cada circunstancia. Y El habita en usted y en mí. El está presente como el Espíritu de la oración. El nos insta a orar. El nos llama a que nos apartemos a un sitio tranquilo para que nos pongamos de rodillas…Dios, que nos escucha desde lo alto, se da cuenta de que sus propósitos y sus plances se repiten, por medio de Espíritu, en el hombre que se encuentra aquí en la tierra".

    5. Por medio de la oración cumpla deliberadamente la voluntad de Dios. Ahora que usted conoce la voluntad de Dios sobre sus motivos de oración, debe dedicar, a propósito, todo su ser, incluso su voluntad, a insistir en la oración. A trévase a orar combativamente respecto a la situación: "¡Hágase tu voluntad!"

    No se someta mansamente a las demoras de Satanás, ni s sus diabólicas maquinaciones en contra de la voluntad de Dios. Aférrese al poder de Dios con valor y hágale resistencia a Satanás (Santiago 4:7). Asiente sus pies sobre las promesas de Dios y párese firme sobre las mismas. Decida mantenerse firme de parte de Dios. Avance con Dios en contra de Satanás. Póngase a la ofensiva con Cristo en la oración.

    "El espera que en nuestro ministerio haya el deseo de hacer la voluntad de Dios, con el fin de que le concedamos la libertad de obrar conforme a esa voluntad. Y aunque sabemos que todo aspecto de la oración depende de Dios, El quiere hacernos ver que todo depende también de nosotros".

    El pastor Johann Blumhardt, utilizado poderosamente en la oración para la sanidad de los enfermos y en echar fuera demonios, have ya más de un siglo en Alemania, sabía que el poder que tenía para realizar este ministerio estaba relacionado con el orar según la voluntad de Dios. En sus primeros años, a menudo pasaba horas enteras orando, antes de saber si era o no la voluntad de Dios que fuera sanada una persona en particular, por quien se había pedido oración. Mas él testificó que "al cabo de dos años aproximadamente había llegado a familiarizarse tanto con la voz interior de Dios, que a menudo apenas había alzado su corazón al Señor en comunión, el parecer de Dios acerca de ese asunto se le revelaba claramente".

    Nunca insista en salirse con las suyas o con lo que otros desean. Una madre insistió en que Dios sanara a su niño moribundo. Parecía que Dios le decía: "¿Estás segura de que lo mejor para tu hijo es que viva?" Ella respondió: "¡Yo quiero que viva, sea o no lo mejor para él". El niño vivió, pero la madre llegó a verlo ahorcado por ser un criminal.

    Un obispo anglicano le pidióal doctor Goodell, por medio de un telegrama, que orara por la sanidad de su hijo, quien se estaba muriendo. Al cabo de unos días llegó un segundo telegrama, en el que se pedía que se orara con más ahínco. El doctor Goodell oró intensamente, mas no oyó noticias de los resultados. Después de varios años se encontró con el obispo y le preguntó que cómo estaba su hijo. "Me temo que cometí un error al insistir. Hubiera sido mejor que el Señor se lo hubiera llevado en aquel momento. Ahora ya es un hombre, y qué angustia me causa verlo vivir en pecado y maldad".

La dinámica de la alabanza

    Dios ha predestinado que nuestra vida cristiana le traiga alabanza y gloria a él (Efesios 1:5-6). Debemos ser para alabanza suya ahora y por la eternidad (v.14). Por lo tanto, nuestros labios y nuestro estilo de vida deben alabar a Dios constantemente. Dios se goza en nuestra alabanza. Debemos iniciar nuestra adoración con alabanza (Salmo 100:4; Isaías 60:18). Debemos alabarle con nuestras voces (Salmo 34;1), con cántico (147:1), y con música (150:3). Debemos estar revestidos de alabanza (Isaías 61:3), y nuestras vidas mismas deben ser una alabanza a Dios (1 Pedro 2:9).

    ¿Qué tiene que ver la alabanza con la oración prevaleciente? La alabanza nos prepara para poder prevalecer en oración y es en sí un medio santo de prevalecer durante el tiempo de oración.

    1. La alabanza hace que el corazón se concentre en Dios. La alabanza alza nuestros corazones a Dios en adoración, culto y amor. El hecho más importante de prevalecer en oración es que ésta se dirige a Dios. Para que nuestras oraciones valgan la pena debemos tener suprema conciencia de Dios. El problema o la necesidad por la que oramos puede ser abrumadora, mas debemos ver a Dios más grande que nuestros propios problemas, capaz de satisfacer todas nuestras necesidades. La alabanza hace que todo nuestro ser se concentre en Dios.

    Hallesby escribe: "Cuando doy gracias, mis pensamientos aún giran alrededor de mi persona, mas en la alabanza mi alma asciende a la adoración que hace que uno se olvide de uno mismo, de tal forma que sólo se ve y se alaba la majestad y el poder de Dios, su gracia y su redención".

    2. La alabanza limpia nuestro corazón de preocupaciones, de temores y de pensamientos puramente terrenales. Es necesario que entremos en la presencia de Dios y que le cerremos la puerta al mundo exterior. Pra poder prevalecer con efectividad es necesario que nos olvidemos de nuestros deberes, de nuestras actividades, de las cosas en que estamos envueltos y de las que nos importan. La alabanza cierra la cortina ante todas las cosas externas. La oración cierra la puerta a las ideas impertinentes, a nuestro pensar cotidiano y a las sugerencias satánicas. Lo encierra a usted con Dios y sus ángeles.

    3. La alabanza engendra fe y la aumenta. Mientras más alabe usted a Dios, más consciente de Dios se hará y más absorto estará en su sabiduría, su fidelidad y su amor. La alabanza le hace recordar todo lo que Dios puede hacer y lo que ya ha hecho. La fe viene mediante la palabra de Dios y por medio de la alabanza. La fe aumenta a medida que usted alaba al Señor.

    La alabanza le proporciona el espíritu del triunfo y la conquista. La alabanza lo enciende con celo santo. Lo alza por encima de las batallas para ver según la perspectiva del trono de Dios. La alabanza reduce las filas del enemigo. "Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?" (Romanos 8:31). ¿Qué podrá hacer el hombre cuando Dios está de su parte? (Salmo 118:6; Hebreos 13:6). Las huestes angélicas de Dios que nos acompañan son más numerosas que todos los que nos hacen resistencia (2 Reyes 6:16).

    Augusto H. Francke, ministro luterano que vivió alrededor del siglo dieciocho, quien fue fundador de los orfelinatos de Halle, Alemania, cuenta de una ocasión en que le hacía falta una suma considerable de dinero. El tesorero acudió a él a pedirle el dinero. Francke le dijo que viniera después de almuerzo, mientras que él oraba intensamente. Después de almuerzo el tesorero volvió en busca del dinero y Francke le pidió que regresara en la noche. Mientras tanto, un amigo de Francke vino a verlo. Los dos oraron juntos. Cuando Francke comenzó a orar, Dios le hizo recordar todas sus bondades en favor de la humanidad, hast remontarse a la misma creación. Frnacke alabó a Dios repetidas veces por sus bondades y por su fidelidad a lo largo de los siglos, mas no se sintió con libertad de menciónar su imperiosa necesidad. Cuando el amigo se marchaba, Francke le acompañó hasta la puerta. Y allí se encontró con el tesorero, que esperaba recibir el dinero, y a su lado estaba un hombre que luego le entregó una cuantiosa suma de dinero a Francke, con la que pudo satisfacer plenamente la necesidad.

    4. La alabanza invoca la presencia, el poder y los ejércitos de Dios. Dios manifiesta su presencia en medio de su alabanza. Dios está entronizado entre sus criaturas que le alaban. La alabanza parece llamar a Dios de manera especial a que obre en medio de su pueblo, puesto que invoca la manifestación y el uso de su omnipotente poder. No hay nada que nos una más con los ángeles de Dios que alabarle a El, y quizá nuestra adoración y alabanza militante los une a ellos en nuestro esfuerzo y en la contestación (Hebreos 1:14), pero seguramente jamás lo hacen como cuando prevalecemos en oración, como lo hicieron en el caso de Jesús en Getsemaní.

    Huegel cuenta de un pastor que anhelaba que se produjera un nuevo avivamiento en su iglesia. El convocó a que se tuviera una semana de reuniones solamente. Al principio la gente no comprendía y le seguía pidiendo cosas a Dios. Mas el pastor les explicó que lo único que quería era que alabaran a Dios. El Miércoles el culto comenzó a cambiar. El Jueves hubo mucha alabanza, y el Viernes hubo más todavía. El Domingo "había llegado el amanecer de un nuevo día. Fue un Domingo como la iglesia jamás había presenciado. Se produjo un genuino avivamiento. La gloria de Dios inundó el templo. Los creyentes volvieron a su primer amor. Los corazones se derritieron…Fue algo maravilloso. La alabanza era lo que lo había logrado".

    5. La alabanza confunde, aterroriza, cohíbe y disminuye a Satanás. La alabanza derrota los poderes de las tinieblas, dispersa a los demonios que se oponen y frustrs las estrtegias de Satanás. La alabanza le arrebata de las manos la iniciativa a Satanás. Constituye un medio formidable para nacerle resistencia a Satanás y para lograr que huya. Un creyente lleno del Espíritu, ungido y lleno de poder, puede tomar por asalto, mediante la alabanza, las fortalezas de Satanás. Ezequías, Isaías y el Israel de sus días no son los únicos que han derrotado al enemigo por medio de la oración.

    Durante mi labor misionera en la India, los estudiantes y los miembros deo cuerpo docente de la escuela de señoritas de otra sociedad estaban orando y ayunando por la liberación de una estudiante poseída por un demonio. Me pidieron que hiciera algo, pero me sentí muy impotente. Mientras oraba, sentí que debía acercarme a la muchacha, que estaba semiinconsciente, y a quien varios adultos tenían sujeta para poder controlar sus sacudidas y tirones.

    Le dije al oído: "Jai Masih Ki" (victoria a Cristo), la forma idiomática de decir "Gloria a Dios" en su idioma. Al decirle lo anterios al oído, comenzó a responder, como si pudiera oír lo que yo le decía. Luego luchó por controlar su boca trabada. Mas cuando pudo abrirla, repitió: "Jai Masih Ki". Y fue liberada al instante. La oración y el ayuno casi seguro que ayudaron a preparar el camino, mas fue la alabanza el arma que empleó el Espíritu para liberarla.

    Huegel, un misionero en México de mucha experiencia, ha dicho que a menudo, cuando la oración no consigue la respuesta, el añadirle la alabanza resulta en victoria. El afirma: "Hay un poder en la alabanza que no tiene la oración. Por supuesto, la distinción que se hace entre las dos es artificial…La mayor expresión de la fe no es la oración en su forma habitual de petición, sino la oración en su expresión más sublime de alabanza".

    – Tomado del libro LA ORACION PODEROSA QUE PREVALECE por Wesley Duewel. © 1990. Usado con permiso del Duewel Literature Trust, Inc. Los libros de Dr. Duewel se pueden comprar de Duewel Literature Trust, Inc., 740A Kilbourne Drive, Greenwood, IN 46142-1843.