«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Nuestro Glorioso Señor Jesucristo, Digno De Toda Adoración

Por Rich Carmicheal

    Queridos amigos, ¡qué gran alegría me produce poder enfocar este artículo en la supremacía de nuestro Señor y Salvador Jesucristo! "Decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza" (Apocalipsis 5:12). Consideren conmigo unas de las expresiones de adoración hacia Él en Su Palabra:

    Cuando Él nació: "Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor" (Lucas 2:8-11). Entonces, "Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!" (Lucas 2:13-14). Cuando los pastores de Belén vieron al niño en el pesebre pasó así: "Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño" (Lucas 2:16-17). Y sigamos leyendo, "Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho" (Lucas 2:20).

    Simeón cargó al niño Jesús en sus brazos y alabó a Dios. "El le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel" (Lucas 2:28-32).

    Ana, una profetisa, cuando vio al niño en el templo exclamó así: "Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, pues había vivido con su marido siete años desde su virginidad y era viuda hacía ochenta y cuatro años; y no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén" (Lucas 2:36-38).

    Unos magos viajaron del Este para ver al que había nacido rey de los judíos. "Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle" (Mateo 2:1-2). "Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra" (Mateo 2:11).

    Juan el Bautista les confesaba a otros que no se sentía digno de desatar los calzados de Jesús. "Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado" (Marcos 1:7). Cuando Jesús le llegó a Juan para que le bautizara a Él, ocurrió así: "El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo" (Juan 1:29-30). Juan el Bautista también le ofreció alabanza al Señor de esta manera: "El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido. Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe" (Juan 3:29-30).

    Cuando Natanael conoció a Jesús, él declaró, "Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel" (Juan 1:49). Jesús entonces le dio más revelación: "Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre" (Juan 1:51).

    Cuando Jesús calmó la tempestad los discí;ulos fueron asombrados a la demostración de Su poder y preguntaron, "¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?" (Mateo 8:27). Y después de verle a Él caminar encima del agua le adoraron. "Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios" (Mateo 14:33). Cuando muchos seguidores empezaron a abandonarle a Jesús, los Doce se quedaron: "Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente" (Juan 6:66-69).

    Fíjense en la ocasión cuando Jesús resucitó al hijo de una viuda. "Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud. Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad. Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate. Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre. Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a su pueblo. Y se extendió la fama de él por toda Judea, y por toda la región de alrededor" (Lucas 7:11-16).

    Y luego, vemos a esta demostración emocionante: "Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comemzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume" (Lucas 7:37-38).

    Piensen en el caso de un hombre leproso que Jesús sanó. "Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano" (Lucas 17:15-16).

    Respondiendo a Jesús, veamos lo que hizo Zaqueo: "Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado" (Lucas 19:8).

    Pónganse a pensar en los gritos de la muchedumbre durante Su entrada a Jerusalén: "Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!" (Mateo 21:8-9).

    Y no se olviden de la mujer con su vaso de perfume: "Vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa" (Mateo 26:7).

    También un ladrón crucificado con Jesús testificó de Él: "Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús; Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino" (Lucas 23:41-42).

    Enfóquense en la mente a María Magdalena y María después de la Resurrección: "He aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron, sus pies, y le adoraron" (Mateo 28:9).

    Observemos a los discípulos en el momento de la Asención de Jesús: "Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo" (Lucas 24:52).

    Oigamos a Tomás, al ver a Cristo después de la Resurrección: "Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!" (Juan 20:28).

    Por cierto, el cuadro de la gloria de Cristo en los Evangelios es por la mayor parte un cuandro de gloria velada. Pablo hizo este comentario sobre su vida terrestrial: "Se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres" (Filipenses 2:7).

    Pero los 4 Evangelios sí, nos dan vistas de Su gloria mayor. Por ejemplo en la Transifiguración: "Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente. Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías; quienes aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén. Y Pedro y los que estaban con él estaban rendidos de sueño; mas permaneciendo despiertos, vieron la gloria de Jesús, y a los dos varones que estaban con él. Y sucedió que apartándose ellos de él, Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, una para Moisés, y una para Elías; no sabiendo lo que decía. Mientras él decía esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor al entrar en la nube. Y vino una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd" (Lucas 9:29-35).

    Del Libro del Apocalipsis aprendemos que el Apóstol Juan, aunque había disfrutado una relación personal con Jesús durante su vida terrestrial, fue amaravillado cuando vio al Cristo Glorificado. "Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semehantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza. Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades" (Apocalipsis 1:12-18).

    Juan continuó describiendo escenas en el cielo que poderosamente revelaba la gloria del Cordero de Dios: "Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza" (Apocalipsis 5:11-12). Y entonces oyó Juan: "Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 5:13).

    Más tarde Juan vio esta visión gloriosa de Jesús: "Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale suna espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES" (Apocalipsis 19:11-16).

    También el Apóstol Pablo escribe: "Y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo" (2 Tesalonicenses 1:7-8). Y nos cuenta: "Cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros)" (2 Tesalonicenses 1:10).

    Pablo también nos recuerda: "Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia" (Colosenses 1:17-18).

    ¡Cristo es digno de nuestra adoración!" "Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre" (Filipenses 2:9).

    Oh, que nos fijemos nuestros ojos y nuestros corazones más y más en Él, que hagamos más profundo nuestro amor por Él, que renovemos nuestro compromiso de seguirle a Él y de prepararnos para Su venida. Como dice Cristo, "Sí, vengo pronto" (Apocalipsis 22:20).