«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Tu Avivamiento Personal

Por James A. Stewart

    La carga de mi vida cada minuto del día es que el Señor reavive su obra. Por esta razón, mucha gente del pueblo de Dios me amarga la vida, pues su corazón está entregado sólo a medias, y no cien por ciento, al Señor Jesucristo.

    Anhelo y oro por un avivamiento mundial porque creo que los días de avivamiento no son cosa del pasado. Mientras que el bendito Espíritu Santo, el gran milagro permanente, more y obre sobre la tierra, el potencial de la Iglesia es el mismo que el de los tiempos apostólicos.

    Siempre que un predicador diga que a su parecer es una imposibilidad actual tener un avivamiento, su ministerio personal será tan fuerte como su fe. No ayunará ni orará; no agonizará en las noches; no se lamentará por su propia condición apóstata y la de su gente. Será presumido y complaciente, y así apagará al bendito Espíritu. Su ministerio será tan cierto como su doctrina. Ese hombre nunca tendrá un avivamiento o movimientos extraordinarios del Espíritu Santo en su vida y en su ministerio.

    Creo que Dios quiere enviar una poderosa oleada del Espíritu a todas las iglesias. Hemos visto que esto sucede una y otra vez en nuestro propio ministerio, trayendo como resultado la salvación de miles. Tengo muchas razones para pensar que Dios quiere, hermano y hermana, enviarte aviva- miento en estos días y esto tiene que ver con sus planes y propósitos para las vidas de sus redimidos.

    Dios nunca está contento, en ningún tiempo, con que su pueblo viva por debajo de las normas que Él ha establecido para la Novia de su Hijo. Ningún hombre estaría satisfecho de que su novia fuera subnormal, ya sea física o mentalmente. Menos todavía pensar que nuestro Padre pueda estar contento, siquiera por un instante, al ver a su Iglesia poco menos que santa y poderosa, viviendo en comunión vital con Él, tal y como se lo ha propuesto. Una iglesia subnormal y apóstata es un insulto y una desgracia para un Dios santo y Todopoderoso.

¡Todos necesitamos avivamiento personal!

    Lo que cada hijo de Dios necesita es un avivamiento personal. Un viejo santo metodista en la Gran Bretaña, curiosamente dibujó una marca con tiza a su alrededor y dijo, "¡Oh, Señor, aviva a todos los que están dentro de este círculo!" ¡Esto se estaba cerrando! Estaba haciendo las cosas personales y prácticas. ¿Estás preparado para esas drásticas medidas? ¿Estás preparado para ayunar y orar a fin de ver lo que está obstaculizando al Espíritu Santo para que pueda usarte en una manera más plena y profunda?

    El señor Moody lo expresó claramente cuando dijo: "En las iglesias existe gran cantidad de riquezas sin consagrar, poder sin usar o mal usado, multitudes descansando en Sion, testigos que no dan testimonio para el Señor, obreros sin el poder conquistador del Espíritu, discípulos que siguen de lejos, formas sin vida, el mecanismo de la iglesia que sustituye a la vida interna y el poder".

    ¡Ay de nosotros!, como consecuencia de no estar llenos con el Espíritu Santo, tenemos muchos creyentes privados de indecibles riquezas en Cristo, las cuales el Espíritu que mora en nosotros, podría ministrarles si le permitieran llenarlos. Los recursos ilimitados y el poder inmensurable que, potencialmente son suyos en Cristo, permanecen ociosos y sin usar, esperando ser puestos por obra en la vida mediante la presencia llenadora y controladora del Espíritu de Cristo.

    El poder de Dios para nosotros está declarado en el primer capítulo de Efesios, para ser nada más la fuerza trascendente de Dios, por la cual Cristo fue resucitado de la muerte y exaltado y entronizado a la diestra del Padre. Así como la liberación de Egipto fue la señal del poder de Dios a favor de su pueblo prometido, igualmente la resurrección de Cristo ejemplifica la excesiva grandeza de la potestad divina, la cual está disponible en el Espíritu Santo para la vida y la obra de la Iglesia.

    Piensa en todas las potencialidades de una vida llena del Espíritu (Efesios 1:17-23). Pero, además, mira la tragedia en el hecho de que miles de cristianos están vendiendo su primogenitura por un plato de lentejas (Génesis 25:31-34).

    Sí, son salvos. Han sido regenerados por la obra del Santo Espíritu. Están en camino al cielo. Sin embargo, muchísimos no tienen el deseo de las cosas profundas de Dios, no anhelan, no tienen sed para llenarse del Espíritu, para poseer todas sus posesiones en el Señor Jesucristo. Cristo les dijo a sus discípulos: "Todo es vuestro" (1 Corintios 3:21), y potencialmente, en el momento en que a Él se le recibe en el corazón como Salvador, todo lo que Él posee se vuelve propiedad del creyente. No obstante, experimentalmente, uno sólo puede recibir los dones maravillosos y disfrutar de las benditas experiencias en la medida en que se apropie de ellas para sí.

    Cuánta ignorancia revelan muchos del pueblo de Dios, al vivir como lo hacen, por debajo del nivel de todas las bendiciones espirituales que están envueltas en el Señor Jesucristo en los cielos, simplemente porque sus ojos han sido cegados por el diablo. Se han vuelto carnales y sin gozo en la vida cristiana. No tienen deseo de buscar las cosas profundas de Dios.

    Por otra parte, David oró, "Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh, Dios, el alma mía" (Salmos 42:1).

    "Hay una solemne acusación en contra del pueblo de Dios, y es la de que no tienen hambre ni sed de las cosas de Dios. No anhelan tener una obra de Dios genuina entre ellos, pero en su lugar desean la excitación. A menudo se aburren, no tienen interés. Pero la única manera de ver a Dios obrando en la vida, la única manera de ser lleno y ungido con el Espíritu Santo, la única manera de experimentar un avivamiento, es ¡tener hambre de Dios!

    "En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba" (Juan 7:37).

    Debemos recordar que existe toda la diferencia del mundo entre la posesión del Espíritu Santo del creyente y la posesión del creyente del Espíritu Santo. Nunca podemos decir que un creyente no tiene el Espíritu Santo, pero existe la triste posibilidad de que el Espíritu de Dios no posea al creyente.

Más grandes alturas y profundidades

    Qué tragedia, qué honda pena sería para nosotros alcanzar la gloria y tener que mirar hacia atrás y ver que no fuimos todo lo que Dios pretendía que fuesemos, que vivíamos vidas cristianas decepcionadas y mezquinas, cuando todo el tiempo debíamos de haber sido multimillonarios en nuestro Cristo resucitado. Se rechaza al Espíritu Santo, y sin embargo, sólo Él puede hacer entrar experimentalmente al creyente en un lugar de riqueza en Cristo y revelarle ese poder divino que potencialmente es suyo en Jesucristo.

    Sólo el Espíritu Santo puede hacer que estas cosas sean reales, preciosas y verdaderas en nuestras vidas y corazones. Existe la triste posibilidad de haber sido redimido por la preciosa sangre de Cristo y estar en el camino a la gloria y todavía estar entregado a medias, siguiendo de lejos. La vida del que no es un ganador de almas, del que no tiene pasión por las almas, del que no tiene hambre de la Palabra de Dios y del que no tiene sed de una vida más plena y rica en Cristo, es una contradicción al glorioso evangelio del amado Redentor. Esa vida no lleva la fragancia del Señor Jesús. El único remedio para esta deplorable condición es ser lleno con el Espíritu Santo. Entonces, la vida se llenará de poder y hablará para el Redentor.

    – Tomado de Tu Avivamiento Personal por James A. Stewart.