«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Esperando Ansiosamente A Su Venida

Por Dave Butts

    «Pero el día del Señor vendrá como un ladrón. En aquel día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada. Ya que todo será destruido de esa manera, ¿no deberían vivir ustedes como Dios manda, siguiendo una conducta intachable y esperando ansiosamente la venida del día de Dios?…Por eso, queridos hermanos, mientras esperan estos acontecimientos, esfuércense para que Dios los halle sin mancha y sin defecto, y en paz con él» (2 Pedro 3:10-12, 14).

    ¿Está usted esperando ansiosamente a la venida de Jesús? Muchos cristianos contestarían automaticamente: «¡Por supuesto!» Pero, ¿es esa una respuesta sincera, cuidadosamente pensada y comprobada por nuestras acciones? Muchas veces contestamos según creemos que debemos contestar en vez de responder como actualmente nos sentimos.

    ¿Quiere usted que Jesús vuelva pronto? ¿Está orando según la Escritura, «¡Ven pronto, Señor Jesus!»? ¿Puede ser posible que en realidad la mayoría de nosotros oramos en el fondo de nuestros corazones, «¡No todavía, Señor Jesús. No todavía!»?

    ¿Por qué sería que los cristianos, los que están llamados a ser la Novia de Cristo, no quisieran desear apasionadamente a estar unidos para siempre con su Señor? Yo creo que existen varias razones.

Preocupación por nuestros seres queridos que no están salvados

    Yo menciono primero a este motivo porque creo que es la mejor de las posibles razones. Cada cristiano tiene a seres queridos que no conocen al Señor y que fervientemente desean su salvación. Por eso, en vez de estar añorando a la venida del Señor, muchos se encuentran pidiéndole al Señor que se demore.

    El problema con eso tiene dos puntos. Primero, el cristiano está mandado a esperar con ansiedad al Día del Señor. Es difícil para una persona esperar con anticipación a algo cuando en realidad existe el miedo de la posibilidad de que se encuentre separado de unos seres queridos por la eternidad. Y segundo, y quizás el problema más crítico es que demuestra una falta de confianza en la señoría del horario del Señor. La Escritura ya nos enseña que Dios no es lento en cuanto al Final, pero se está demorando porque Él quiere que todos vengan al arrepentimiento. Tenemos que creer en Su Palabra, confiando en que Él sepa cuando la cosecha en su máxima medida ya se haya terminado y que ya haya llegado la hora de bajar la cortina de esta edad en que vivimos.

    Cuando rezamos, «¡Ven pronto, Señor Jesús!» estamos expresando nuestra fe en Su omnipotente poder y en su soberanía. Y hasta que Él venga, tenemos la oportunidad y la responsabilidad de compartir nuestra fe y de guiar a otros a Cristo.

El amor a este mundo

    Los cristianos muchas veces luchan con la inminencia del cielo porque se sienten demasiado acomodados y confortables en este mundo. Eso pasa con mucha facilidad a los que se encuentra con una abundancia de posesiones y privilegios. Si nos descuidamos podemos encontrarnos lamentando la idea de tener que dejar «todo esto.» Aquí se encuentra una clara indicación de la falta de entendimiento de la belleza y la majestad del cielo, más la falta de amor para la presencia del Señor.

    Un tipo sutil de este error se encuentra en los que no añoran al cielo a causa de su amor y afán por su ministerio en este mundo. Ellos racionan, «Pero Señor, YO no he terminado todavía. Todavía ME queda tanto por hacer.» ¿Cuándo terminaremos? Otra vez, si no nos cuidamos, podemos encontrarnos amando más al servicio del Señor que al Señor Mismo.

    El Apóstol Pablo seguramente amó al servicio del Señor, pero le amó más al mismo Señor que al servicio a Él, «Me siento presionado por dos posibilidades: deseo partir y estar con Cristo, que es muchísimo mejor, pero por el bien de ustedes es preferible que yo permanezca en este mundo» (Filipenses 1:23). El estaba dispuesto a quedarse en este mundo y servir si esto fuera lo que quisiera el Señor, pero su propio deseo fue simplemente de estar con el Señor. Esa es la manera de pensar, el actitud que debemos nosotros de desarrollar.

La falta de santidad personal

    Yo creo, trágicamente, que la razón más común por la cual los cristianos no desean la venida del Señor es su falta de santidad personal. Estos versos de 2 Pedro al principio de este artículo le dan énfasis al hecho de que en anticipación de la venida del Señor debemos estar viviendo vidas sagradas y devotas. Además, la Escritura nos mando a estar sin mancha y sin defecto y en paz con Él. Y allí está el problema. No estemos listos para la segunda venida de Jesús porque nuestras vidas no aparean con las claras demandas de la Escritura.

    Aunque tengamos congregaciones locales que están creciendo rápidamente, todavía no estemos alistados para la venida del Señor. Aunque formemos grupos de estudios bíblicos y grupos pequeños, todavía no estemos preparados para la venida del Señor. Aunque tengamos programas inspirados y muchas conferencias, todavía no estemos listos para la venida de nuestro Señor. Solamente cuando la mismita vida de Jesús empieza a estar demostrada en nosotros, cuando sean visibles nuestras vidas de santidad y devoción, entonces será que nos encontraremos viviendo en anticipación ardiente de la Segunda Venida de Cristo.

    La vida sagrada no es la vida perfecta. Muchos creyentes se caen en una trampa sobre este asunto porque saben que es imposible obtener la perfección absoluta en esta vida. Entonces, ellos racionan que es inútil luchar para obtener una vida sagrada. La santidad, como se explica en las Escrituras, significa estar separado para un propuesto. Los cristianos son los que han sido separados para amar, servir y adorar al Señor. Los que toman en serio a esta misión, se esforzarán a dejar cualquier pecado que los impida a vivir una vida completamente dedicada a la gloria de Dios.

    Cuando entra el pecado, (y segurísimo que sí entrará), debe de existir de inmediato un pesar sobre el pecado y una confesión (un acuerdo con Dios) y arrepentimiento. La vida de santidad del creyente se trata más de saber cómo actuar cuando entra el pecado que de cómo evitar el pecado. Verdadero pesar y sincera aflicción sobre el pecado, que lleva a confesión y arrepentimiento enseñará a un cristiano a odiar al pecado y tratar de evitarlo a todo costo.

    La santidad es un proceso que está perfeccionado solamente cuando dejamos este cuerpo de carne y hueso y nos paramos ante nuestro Señor cara a cara. Añorando y deseando a la santidad y dependiendo del Espíritu Santo de Dios a apartarnos del pecado y a guiarnos hacia el Señor, eso creará en nosotros un gran deseo de verlo en el esplendor de Su santidad. Nos encontraremos en paz con Él, nuestros pecados cubiertos con la sangre preciosa de Jesús, creando dentro de nosotros la habilidad de anticipar al día de Dios, y de apresurar su llegada.

    Si usted se ve reflejado en cualquier área que hemos mencionado antes, ¿oraría por un cambio de corazón? «En verdad, Dios ha manifestado a toda la humanidad su gracia, la cual trae salvación y nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas. Así podremos vivir en este mundo con justicia, piedad y dominio propio, mientras aguardamos la bendita esperanza, es decir, la gloriosa venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo» (Tito 2:11-13). ¡Ven pronto, Señor Jesús!