«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Un Corazón En Armoní Con El Trono De Dios

Por Al Whittinghill

    Editado de un mensaje entregado en la Conferencia del «Clamor del Corazón por un Avivamiento» cerca de Asheville, Carolina del Norte, abril de 2002.

    Dios tiene dos lugares donde tiene su trono: uno en el cielo más alto y otro en el más humilde de los corazones. En estos corazones modestos y humildes, Dios en su gran misericordia ha sacado el corazón viejo y pecaminoso y ha puesto adentro un corazón nuevo, un corazón que puede conocer a Dios, un corazón en que está escrita la Palabra de Vida y Sus propias leyes. En estos corazones Él se agrada para establecer Su trono. Cuando Isaías vio al Señor alto y sublime, esto cambió su perspectiva para que sea celestial. Humilló su personalidad y le dio un propósito santo. Cuando escribió las palabras que encontramos en Isaías 57:15, escribió directamente del corazón de Dios, dándonos una revelación de la persona que tiene un nuevo corazón: «Porque así dice el Alto y Sublime, el que habita la eternidad y cuyo nombre es el Santo: "Yo habito en la altura y la santidad, pero habito también con el quebrantado y humilde de espíritu, para reavivar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los quebrantados."» El humilde mora con Él en el lugar de Su trono.

    En Isaías 66:1-2 vemos el otro lugar de Su trono: «Jehová ha dicho: "El cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis pies. ¿Dónde está la casa que me habréis de edificar? ¿Dónde el lugar de mi reposo?" [¿Dónde está el lugar donde el hombre podría hacer como una habitación para Dios?] "Mi mano hizo todas estas cosas, así todas ellas llegaron a ser", dice Jehová. "Pero yo miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu y que tiembla a mi palabra."» Cuando este hombre oye la palabra de Dios, él es conmovido en su interior. El está andando en el temor de Dios. El respeta al Señor. Esta es la persona, Dios dice, en quien yo estableceré el lugar de Mi trono.

    En el sistema mundial cuando algo está roto, está puesto a un lado. Pero en el Reino de Dios, Él pone a un lado las cosas que no están quebradas. Son las cosas preciosas y quebrantadas que Él usa para confundir a los sabios y mostrar Su gran gloria al mundo por medio de los vasos de barro.

    Nuestro Señor Jesús se vació. Él que era la plenitud de la divinidad corporalmente vino del cielo, e hizo su tabernáculo o cubierto por un velo en la carne. Jesús fue crucificado. Su sangre fue derramada por usted y por mí. Fue sepultado, resucitó, ascendió y fue entronado por el Padre y ahora Él envía Su Espíritu Santo de nuevo al mundo.

    Nosotros cantamos: «Ven a mi corazón, oh Cristo», pero Él no viene como algún espíritu ambiguo. Él viene a sentarse en el lugar del trono, a los quebrantados, a los humildes, a los contritos, a los que vienen y saben que necesitan la cruz y que son pecadores que están sin esperanza aparte de la Sangre preciosa de Jesús. Ellos rasgan el velo de su carne, y a su hombre interior, el hombre del espíritu, viene el Señor Jesucristo, resucitado y radiante. Él está entronizado y el lugar del trono del Padre halla un lugar en nosotros.

    Es el lugar secreto de su vida. Usted tiene un atrio exterior (un cuerpo); tiene un alma que es como un lugar santo (la voluntad, el intelecto y otros aspectos de su alma); pero en el hombre interior está el espíritu, la lámpara del Señor. En ese lugar secreto del Altísimo, Él quiere vivir. La Biblia dice: «No sois vuestros, pues habéis sido comprados por precio» (1 Corintios 6:19-20). Usted tiene el Espíritu Santo en usted si usted es un cristiano y es obra de Dios. Él es puesto en el hombre oculto del corazón. En su corazón Él quiere ser entronizado en majestad y en poder. Él quiere establecer Su Señorío como dice en Romanos 14:8-9, que para esto Cristo fue crucificado y sepultado y resucitó para ser el Señor de los vivos y de los muertos. Él quiere establecer su Reino: «Venga tu Reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.» «Para siempre, Jehová, permanece tu palabra en los cielos» (Salmo 119:89), pero nosotros tenemos el privilegio de darle un lugar para establecerse en la tierra. Cuando Él viene podemos «reinar en vida» (Romanos 5:17), no que nosotros reinemos, sino que Él reina en nosotros. Reinamos en vida por el Señor Jesús. Él quiere que sea Cristo en mí la esperanza de gloria (Colosenses 1:27).

    Tenemos que llegar a un acuerdo interno – el lugar del trono de nuestro corazón con el lugar del trono de Dios. Si quiere saber lo que tiene que estar en su corazón, si quiere saber la actitud y atmósfera y lo que debe llenar su corazón, entonces necesita mirar qué es lo que está pasando en el lugar del trono de Dios. Cualquier cosa que no cabe allí no debe caber aquí. Lo que está pasando allí tiene que caber aquí. Esa es la gran clave. En cualquier aspecto de un avivamiento, es cuando el lugar del trono de Dios se siente y se conoce.

    Jesús dijo: «El reino de Dios está entre vosotros» (Lucas 17:21). Él también dijo: «El reino de Dios no vendrá con advertencia» (Lucas 17:20). Esto significa que viene por revelación; viene cuando Dios quita el velo de los ojos de su corazón, y usted lo ve alto y sublime. Usted lo ve como dice la canción: «Más allá de la sagrada página.» Es cuando usted ha oído algo más allá del oído humano. «Cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu» (1 Corintios 2:9-10). Dios quiere en su corazón la misma atmósfera, la misma actitud, la misma adoración, la misma atención, la misma autoridad que usted ve alrededor del lugar del trono de Dios. Esta es Su voluntad para su vida.

    «Dice Jehová: Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos y mis pensamientos más que vuestros pensamientos» (Isaías 55:9). Debemos tener una perspectiva elevada. Debe haber un cambio de realidad en nosotros. Es la llamada ascendente de Dios. Yo debo ser como Pablo que dijo: «No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas» (2 Corintios 4:18). Es el secreto de los santos de la antigüedad. Ellos vivieron en el lugar del trono de Dios.

    Es caminar en Su presencia. «En tu presencia hay plenitud de gozo» (Salmo. 16:11). Esto no es algo que nos esforzamos por lograr. Este es un regalo puramente de gracia. Si usted es un cristiano, está viviendo en los lugares celestiales y se sienta con Cristo por la fe en el lado de la Vida de la cruz. Usted nunca desampara la cruz, porque es a los quebrantados y a los contritos y a los que toman la cruz – sobre ellos es que brilla la luz. La carne y la sangre no se los puede revelar sino el Padre qué está en el cielo (Mateo 16:17).

    ¿Usted ha visto más allá las actividades de su iglesia? ¿Ha visto que tiene el privilegio de vivir sin cesar en el lugar del trono de Dios y que Él está diciendo: «Ven hacia mí y ven audazmente por la Sangre de Jesús al trono de gracia? Allí encontrarás que tus necesidades son totalmente satisfechas en Mí.»

    Usted es un coheredero con Cristo (Romanos 8:17). Pero tiene que tener un corazón nuevo para apreciarlo y tiene que guardar ese corazón porque ¿quién subirá al monte de Jehová? ¿Quién podrá estar de pie en Su lugar santo? El que tiene las manos limpias y un corazón puro, que guardan su corazón y no se toma ciertas libertades (Salmo 24:3,4).

Las arpas del cielo

    He estado estudiando acerca del arpa. Mientras leía el libro de Apocalipsis estudiando el lugar del trono del cielo, encontré que por encima de todo el sonido de alabanza y adoración y por encima de toda la gloria de ella, en Apocalipsis 14 y 15, en esos primeros versículos mientras Juan es arrebatado, dice: «Después miré, y vi que el Cordero estaba de pie sobre el monte de Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente. Oí una voz del cielo como el estruendo de muchas aguas y como el sonido de un gran trueno. La voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas. Cantaban un cántico nuevo delante del trono...» A veces en el Antiguo Testamento tenían mil arpas sonando. Las arpas se identifican con la adoración.

    El arpa es un cuadro del corazón humano. ¿Oyó decir alguna vez: «Eso tocó una (fibra) cuerda de mi corazón»? El arpa es un instrumento de alabanza. Por eso dice que debemos estar cantando y haciendo una melodía en nuestro corazón al Señor. Él nos ha dado una canción nueva. Hay un instrumento de alabanza en el santuario interior que se supone que se compara con lo que estoy leyendo en Apocalipsis 15:1: «Vi en el cielo otra señal grande y admirable: siete ángeles con las siete plagas postreras... y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, sobre su marca y el número de su nombre, de pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios. Y cantan el cántico de Moisés, siervo de Dios, y el cántico del Cordero...» - una canción de liberación. Los que lo ven más claramente en el universo están cantando sobre Su expiación; están cantando acerca de Su cruz. En ninguna otra parte se nos dice de otra actividad de los santos en el cielo, los que son los redimidos y lavados en la Sangre.

    He oído que si se toma un arpa y se toca una nota o un acorde y se pone un arpa silenciosa al lado de él, muy pronto las cuerdas de la misma nota o acorde en el arpa silenciosa, empezarán a vibrar. Lo llaman las «vibraciones simpáticas.» El segundo arpa recogerá las vibraciones del primer arpa y habrá una resonancia. Si no tiene una canción en el corazón, ponga su arpa silenciosa al lado de los sonidos de la adoración gloriosa en el Cielo.

¿Cómo se afina el corazón?

    ¿Cómo se afina el corazón? Hay por lo menos tres maneras que sugiere la Biblia:

    Una Biblia abierta en la presencia de Dios. Más allá de las páginas sagradas, busque la Palabra viva, el Rhema de Dios. Mientras está en las Escrituras y su corazón es levantado, llega a estar cada vez más de acuerdo con la mente de Dios, renovado en el espíritu de su mente, santificado por la renovación de su mente. Mientras aprende Sus pensamientos y la mente de Cristo brilla a través de la Palabra de Dios y usted esconde esa Palabra viva en su corazón, su corazón se afina para estar de acuerdo con Dios. Estar de acuerdo con Dios diariamente y cada vez más hondo, es sencillamente un arrepentimiento diario cada vez más profundo, volviéndose de su manera antigua de pensar. Es una mente intercambiada, la mente de Cristo en lugar de la mente de este mundo y de la carne que es todo lo que hemos tenido alguna vez.

    Al venir cada vez más todos los días al Señor con una cara sin el velo, mirando en la Palabra de Dios como si fuera la misma faz del Señor Jesús, mientras le adora, usted está siendo transformado incluso por el Espíritu de Dios en esa misma imagen que usted observa en el espejo de la Palabra. Mientras usted lo ve en Su luz usted tiene la luz.

    En segundo lugar, el tiempo a solas con Dios en oración. No es tan solo la lectura de su Palabra y teniendo el cielo abierto, sino que es escuchar Su voz. Es temblar ante Su Palabra, escuchando esa resonancia santa del Dios vivo que se abre a nosotros, el Espíritu Santo tomando las cosas de Cristo y mostrándolas a nosotros. Mientras está en oración, permaneciendo quieto, manteniendo su corazón junto a ese lugar del trono de Dios y conociéndolo a Él, su corazón empieza a temblar, y usted es transformado.

    Y una tercera cosa: el ajuste realizado por santos piadosos. Yo necesito su comunión y ellos me necesitan a mí. Dios mostrará algo de cómo Él es a través de otros santos y por Su Espíritu ajustará mi corazón para estar de acuerdo con esa realidad. Nosotros vemos la fusión de Su voluntad celestial y el compartir de Su corazón y simpatía mientras nos congregamos en Su nombre. Cuando hay una comunicación honesta y una reunión juntos ante el trono de Dios, se libera el poder de Su presencia corporativamente en nuestras vidas. Qué claramente se ve esto en esos primeros capítulos de los Hechos.

    Yo debo menguar para que Cristo pueda crecer. Y es la vieja y preciosa cruz que es tomada, no sólo una cruz sino la cruz. Ya no soy Yo, sino Cristo. La cruz como me es revelada a mí – un pecador perdonado; la cruz revelada en mí – el santo es purificado; la cruz revelada a través de mí – el Salvador es proclamado a un mundo que no tiene ninguna respuesta excepto el que Él ha puesto en su corazón como una mayordomía. Usted tiene que tener allí el lugar del trono del Cordero.

    El Señor quiere levantar nuestra perspectiva a la Suya. Él quiere que cantemos y hagamos una melodía en nuestros corazones. Demasiados de nosotros hemos perdido esa gran maravilla y asombro y el temor que yo pienso que son el temor del Señor, un sentir de quién es Él en la santidad de Su presencia. ¿Se puede decir que las palabras como maravilla y asombro y sorpresa y admiración y fascinación describen nuestra adoración? Si hemos perdido contacto con el lugar del trono de Dios, que el Señor afine nuestros corazones mientras pasamos un tiempo a solas con Su Palabra. Que Él pueda abrirnos las Escrituras. Nuestros corazones empezarán a arder mientras tomamos la página y Él nos señala al Señor Jesucristo. ¿Cuándo fue la última vez que estuvo totalmente asombrado solo, en la presencia de Dios? Usted se quedó sin palabras. Todo lo que podía hacer era simplemente estar en un temor reverente. ¿Le ha sucedido recientemente? Debemos vivir allí. Debemos vivir en esa presencia santa. Hasta que estemos en el lugar del trono real y permanente de Dios, necesitamos tener una visión, una revelación como Isaías, del Señor Jesús alto y sublime.

El lugar del trono arriba

    Juan el Amado conocía a Jesús tan bien como cualquiera en esta tierra. El vio los milagros que Jesús realizó; caminó con Él; conocía tanto de lo que nosotros pensamos que sabemos a un nivel tangible. Pero cuando Juan estaba en Patmos y estaba orando en el Espíritu en el día del Señor, oyó una voz y cuando se volvió para ver, vio al que es el Sumo Sacerdote del lugar del trono del Reino del Cielo. El languideció y se volvió como un hombre muerto. El lo vio a Aquel cuyos ojos eran como llama de fuego, cuya voz era como de muchas aguas, cuyo pelo era blanco como la lana, cuya cara era más luminosa que el sol del mediodía. Él que puso su cabeza en el pecho de Jesús en la última cena, y podría oír el latido normal de su corazón en Su pecho, cuando vio a Jesús como Él es hoy, con la gloria que tenía con Su Padre antes de la fundación del mundo, cayó a Sus pies como un hombre muerto. El Señor Jesús en gracia, dijo: «No temas; Yo soy el que estuve muerto. Yo vivo por los siglos de los siglos. Quiero mostrarte algo.»

    El Señor se reveló a Juan y le mostró la consumación de todas las cosas. En los primeros tres capítulos de Apocalipsis, Jesús se reveló adónde a Él ama le agrada vivir – en Sus iglesias. Apocalipsis 4 y 5 están donde están, yo creo, por un propósito. En el capítulo 6 se ve que empiezan a caer los juicios y mirando los juicios, podría hacer que su corazón desfallezca. Dios reunió los capítulos 4 y 5 aquí, yo creo, como un ancla para su alma. Nunca hay pánico en el lugar del trono de Dios. Afine su corazón a estas cosas imponentes.

    En Apocalipsis 4 leemos:

    «Yo [Juan] miré, y vi que había una puerta abierta en el cielo...» y eso es lo que tiene abierto ante usted. El historiador Josefo nos dice que el velo en el Templo era tan pesado que requería de 3,000 sacerdotes para colgarlo. Cuando el Señor Jesús fue crucificado, Dios lo rasgó de arriba abajo, diciendo: «El camino al lugar santísimo está ahora abierto porque la sangre de Aquel de quien se profetizó se ha derramado y el que quiera, puede venir a Mí.»

    «La primera voz que oí era como de una trompeta que, hablando conmigo, dijo: "¡Sube acá y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas!" Al instante, estando yo en el Espíritu, vi un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado.» El Libro de Apocalipsis menciona la palabra «trono» 46 veces, más que cualquier otro libro de la Biblia. La palabra «Cordero» se menciona en Apocalipsis 28 veces, más que en cualquier otro libro del Nuevo Testamento. La palabra «adoración» se usa 24 veces en Apocalipsis. Cuando se ponen estas tres palabras juntas, encontramos que el énfasis del libro es «Adora al Cordero sobre el Trono.» Eso es lo que está sucediendo en la presencia de la Deidad. Eso es lo que está pasando en los corazones y mentes de los que tienen la visión más inteligente de Él en todo el universo.

    Juan sigue escribiendo: «La apariencia del que estaba sentado era semejante a una piedra de jaspe y de cornalina, y alrededor del trono había un arco iris semejante en su apariencia a la esmeralda.» Vemos que el que se sienta sobre este trono es un Dios que guarda el pacto. Éste es el que se sugiere en Génesis 9 con el arco iris del pacto de Noé, que yo soy el Dios que nunca quebranta Su Palabra. El cielo y tierra pasarán pero Mis promesas están seguras.

    «Alrededor del trono había veinticuatro tronos, y en los tronos vi sentados a veinticuatro ancianos vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas. Del trono salían relámpagos, truenos y voces. Delante del trono ardían siete lámparas de fuego, que son los siete espíritus de Dios. También delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal, y junto al trono y alrededor del trono había cuatro seres vivientes llenos de ojos por delante y por detrás. 7El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando. 8Los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos, y día y noche, sin cesar, decían: "¡Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir!". Cada vez que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran....»

    Siete veces en el Libro de Apocalipsis, cuando ellos lo ven en Su trono, ellos se caen ante Él. Cuando usted y yo lo vemos en el trono, nosotros, también, debemos dejar nuestro trono, debemos caernos ante Él y debemos permitirle en todo tener la preeminencia.

    «Cada vez que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: "Señor, digno eres de recibir la gloria, la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas."» No es el asunto de cuánto placer está consiguiendo, o su esposa o sus hijos están recibiendo de su vida, sino cuánto placer Dios está consiguiendo. ¿Ha visto que la manera como usted le permite obtener placer es de entronizar a Su misma majestad en su vida? Por esa razón fuimos creados.

    Así que en el capítulo 4 vemos a Dios alabado como el Señor y Creador Soberano y aprendemos que hay un trono. ¿Cuál es el pecado? El pecado es estar alejado de ese trono. El que lo hizo tiene derecho de reinar en su vida y si usted está lejos de ese trono, independiente y sin quedar en contacto, eso es pecado. No importa cuán bueno un hombre dice que sea, es pecado. La Biblia dice que todos nos hemos descarriado por nuestro propio camino. El arrepentimiento en su esencia es de regresar a ese trono. Derramar lágrimas sin regresar a ese trono es sólo presunción. Requiere un regreso al trono de Dios, humillándonos y diciendo: «Tú eres un Dios que guarda el pacto. Yo fui hecho para Tu placer. Yo fui hecho para Tu gloria. Entronízate.» Esa es la santidad de Dios.

Alabanza superior

    Pero vemos algo más en el capítulo 5. La alabanza incluso eclipsa la del capítulo 4. «Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.» Esto habla del pergamino del pariente redentor. No era como uno de nuestros libros, sellado con siete sellos visibles, sino que era un pergamino. Una porción del pergamino estaba escrito en ambos lados, arrollado y sellado; había más escrito en ambos lados, arrollado y sellado y así sucesivamente, hasta que la porción restante del pergamino estaba escrito, arrollado y sellado. Sólo la persona que tiene el derecho para redimir puede abrir el pergamino. Dios está buscando al que pueda redimir la tierra.

    «Y vi un ángel poderoso que pregonaba a gran voz: "¿Quién es digno [¿quién es el pariente redentor?] de abrir el libro y desatar sus sellos?"» Es un desafío a todo el universo. «Pero ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni siquiera mirarlo. Y lloraba yo mucho,» dice Juan porque amaba al Señor y quería que llegara la justicia eterna, que viniera el Reino con poder.

    «Entonces uno de los ancianos me dijo: "No llores, porque el León de la tribu de Judá, la raíz de David,» -que sugiere fuerza y permanencia - «ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos."» Él ha vencido para abrir el libro y abrir los siete sellos. Estas son las cualidades majestuosas del Mesías y así Juan mira para ver a este que ha vencido.

    «Y he aquí (Miré...)» – un término de asombro – «y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes y en medio de los ancianos estaba en pie un Cordero como inmolado,» este Cordero sufriente con las marcas de la muerte es un Cordero de pie – «que tenía siete cuernos» – que significa todo el poder en el lenguaje de las Escrituras – «y siete ojos,...» eso es omnisciencia en el lenguaje de las Escrituras – y «los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra» – eso es Omnipresencia en el lenguaje de las Escrituras.

    Y ésta es una palabra exclusiva para el "Cordero." Significa «cordero manso», mientras que cuando usted ve la palabra "cordero" en otras Escrituras, es más un cordero de mediana edad, crecido maduro. Pero éste es un cordero con poco tiempo de nacido y manso, un cordero juguetón. En el trono hay Uno que es tierno, manso y compasivo que es un Cordero, y es también un Cordero Todopoderoso. «Y Él vino y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.» «Yo soy el que abrirá el libro», está diciendo.

    «Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero. Todos tenían arpas y copas de oro...que son las oraciones de los santos. Y cantaban un cántico nuevo,» Con sus arpas y sus corazones cantando, ellos cantan esta canción, eclipsando la alabanza del capítulo 4:

    «Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje, lengua, pueblo y nación; nos has hecho para nuestro Dios un reino y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra». Reinaremos sobre la tierra – esto está sucediendo ahora mismo, amigos. Vea Romanos 5:17.

    "Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, de los seres vivientes y de los ancianos. Su número era millones de millones, y decían a gran voz:» escuche el arpa que está en armonía con el cielo: «El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza». Ése es el latido del lugar del trono – ¡la alabanza al Cordero de Dios!

    «A todo lo creado que está en el cielo, sobre la tierra, debajo de la tierra y en el mar, y a todas las cosas que hay en ellos, oí decir: «Al que está sentado en el trono y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Los cuatro seres vivientes decían: «¡Amén!». Y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.»

    En Apocalipsis, capítulo 4, puede ver el poder y la existencia eterna y la soberanía del trono de Dios. Se le ve como el Señor soberano. Pero en el capítulo 5 podemos ver algo enaltece todo lo que eso significa para usted. ¡Usted mire al Cordero! Mientras que en el capítulo 4 la alabanza es ofrecida al Señor soberano, la alabanza en el capítulo 5 eclipsa la del capítulo 4. ¿Por qué es eso? En el capítulo 4 como el creador soberano, todo lo que Él tenía que hacer para crear era hablar. Pero en el capítulo 5, como el Cordero de Dios, Él tenía que verter Su Sangre. Él es el Cordero sufriente. Ellos lo están alabando alrededor del trono en este momento como el Cordero de Dios, nuestro Redentor que vertió Su Sangre.

    La gran lección es esta: En el capítulo 4 usted ve el dominio y el poder del trono. Esto me devuelve a Él. En el capítulo 5 usted ve a la persona que está sobre el trono. Es el Cordero de Dios sobre el trono, y eso hace toda la diferencia para mí cuando vengo a ese trono y busco de estar bien. Es el Cordero que quiere reinar en el trono de mi corazón. «No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el Reino» (Lucas 12:32). Cuando usted se salva, su nombre es escrito en el libro de la Vida del Cordero (Apocalipsis 21:27). Jesús dijo: «Yo os envío como corderos en medio de lobos.» (Lucas 10:3). Ése es el cuadro que Dios ha escogido para decirnos cómo Él es. Él es un cordero sobre el trono. Cuando regreso al trono y digo: «Señor, establece mi corazón en armonía con Tu trono», si yo voy a estar en armonía con el trono de Dios, voy a tener que estar en armonía con el Cordero de Dios. «¿Andarán dos juntos si no están de acuerdo?» (Amós 3:3).

    Jesús dice: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados,» [si usted está cansado y quebrantado y contrito] «y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros» [ése no es el yugo que hace pensar en un toro, porque Él dice] «y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mateo 11:28-29). Así habla el Cordero. Su yugo es la cruz. Eso es donde usted encontrará el descanso. Mientras usted pierde su propia vida, encontrará que el Suyo es entronizado. Si usted no pierde su propia vida y su propio reino y en cambio escoge su propio lugar del trono y que usted lo está ocupando, perderá la vida de Dios, el Cordero de Dios.

    Nuestra teología debe llegar a ser doxología y el camino a eso es la rodillología. El tiempo a solas con Dios en la Palabra de Dios. Mientras Él nos vivifica, abrirá las Escrituras y nuestros corazones arderán. Y si nuestro corazón se prende fuego, si nuestros huesos están radiantes del lugar del trono, si hay eso en nuestros huesos donde se hace la sangre, entonces tendremos sangre caliente y correrá por todo nuestro ser. Y afectará a todos los demás. El Cordero ha de reinar en el trono de nuestros corazones.

    Así que yo les pregunto, ¿ustedes están en armonía con el lugar del trono de Dios? ¿Hay un Cordero en el trono de su corazón? Si está caminando con Jesús como Él quiere que camine, habrá un Cordero en el trono y Él le enviará como Él fue enviado – no en la misma actividad, sino en el mismo carácter. Esta es nuestra pasión, de vivir en Su lugar del trono y permitir que ese gran lugar del trono llene el lugar del trono de nuestro corazón. Amigo, ¿el Cordero está en el lugar del trono de su corazón? Usted debe permitir que esta mente esté en usted que también estaba en Cristo Jesús. Usted debe doblegar su voluntad y su rodilla día tras día. Tome Su yugo diariamente y camine en la belleza de Su santidad. Es de esta manera que Él nos enviará – alabándolo, en la Palabra, los cielos abiertos, el corazón abierto, la Biblia abierta. El velo ha sido quitado. ¡Nosotros permanecemos en Él y Él permanece en nosotros!

    – El hermano Al Whittinghill ministra en Conferencias de Avivamiento y de la Vida Más Profunda en todo el mundo con los Embajadores para Cristo Internacional.