«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Las Dinámicas Del Deseo Y Del Fervor

Por Wesley L. Duewel 

    El deseo tiene un formidable poder en lo que respecta a la oración que prevalece. Mientras mayor sea su deseo de recibir las respuestas de Dios, mayor su deseo de ver a Dios en acción, y más apremiante sea el gemido de su corazón por ver el triunfo de Cristo, con mayor poder el Espíritu Santo podrá orar a través de usted. El deseo santo es un poder santo que le imparte energía a la oración. Constituye una dinámica del Espíritu.

    Fénelon escribió lo siguiente: "Aquel cuyo deseo no brota de lo más profundo de su corazón, hace una oración engañosa". El cielo desea sinceridad, no palabras hermosas y corteses. El cielo desea profundidad de espíritu, no tibia palabretía. Después de escuchar muchas de nuestras oraciones familiares y aun oraciones pronunciadas desde el púlpito, los ángeles de Dios, quienes ven nuestras almas con claridad meridiana, deben tener el deseo de pronunciar las palabras que escribió Salomón en Eclesiastés 1:2, "Vanidad de vanidades, todo es vanidad". Hemos pronunciado las mismas palabras tan a menudo que casi las podemos decir sin pensar. No hay nada nuevo porque no se desea nada de corazón.

    La repetición es agradable a oídos de Dios cuando se trata del profundo deseo del alma. Jesús hizo repeticiones en su agonía en Getsemaní, mas la repetición se convierte en tibieza insignificante cuando se trata de palabras no sentidas que se dirigen, consciente o inconscientemente, tanto para los oídos de la gente como para los de Dios. Tales palabras puede ser que constituyan un sedante para nuestra alma. Sin embargo, tales palabras no llegan a Dios.

    Quizás usted tenga que prevalecer ante Dios durante algún tiempo antes de alcanzar la sinceridad completa y profunda en la oración. Fraser escribió: "La verdadera súplica es hija del deseo sentido genuina y profundamente, aquella no puede prevalecer sin este último; y debe ser un deseo que no sea terrenal y que no brote de nuestros corazones pecaminosos, sino que haya sido forjado en nosotros por Dios mismo. ¡Oh, qué deseos estos!" Haciendo hincapié en la necesidad de recibir deseos espirituales y de convertirlos en oración, él dice lo siguiente: "Un deseo intenso por las cosas espirituales es una campana que suena en favor de la oración. No se trata de que debamos esperar a que lleguen tales deseos. Es necesario orar en todo tiempo, tengamos deseos de orar o no. Mas si tenemos un saludable apetito por la oración, mucho mejor".

    En cierto sentido, su profundo y santo deseo es en sí mismo oración. "El deseo de los humildes oíste, oh Jehová; …y haces atento tu oído" (Salmo 10:17). Aunque su corazón clame continuamente a Dios con profundo deseo, no siempre le será posible expresar ese deseo. Pero aun cuando la oración no la tengamos a flor de labios, el deseo con el que todo su ser clama al Señor, arde como una llama inextinguible de oración a la vista de Dios.

    Así era la oración incesante del corazón de Pablo. El escribió lo siguiente: "Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes, según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas" (Romanos 9:1-4).

    ¿De dónde sacaba Pablo semejantes deseos profundos y constantes, que ardían como una llama en el altar de su alma? El saturaba su alma con la verdad del Antiguo Testamento. El vio a Isaías describiendo a Dios como aquel que se hallaba en pie todo el día, anhelante, con sus manos extendidas al pueblo (Isaías 65:2). El le oyo suplicar por medio de Ezequiel, lo siguiente: "Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?" (Ezequiel 33:11). El oyó a Dios suplicar por medio de Oseas de esta forma: "¿Cómo podré abandonarte?…se inflama toda mi compasión" (Oseas 11:8). Pablo oyó a Dios en estas escrituras, y el clamor de su corazón se hizo uno con el de Dios.

    Para que deseemos pedir e interceder en oración, es fundamental que reconozcamos la necesidad que tenemos. No hay nada más importante que esto. Andrew Murray dice: "El deseo es el alma de la oración, y la causa de la oración insuficiente o de la oración sin éxito es a menudo la falta de deseo o la debilidad de éste". Mientras que nos interese poco si nuestras oraciones reciben respuesta o no, seguiremos sin prevalecer.

    El deseo hace que la oración sea específica, que se enfoque y se verifique la prioridad. El deseo hace que la oración sea asunto vital y personal. Pablo dice lo siguiente acerca de su profunda oración en favor del incrédulo Israel: "Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación" (Romanos 10:1). Y a los filipenses les escribe lo siguiente: "Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más" (Filipenses 1:9). Pablo enfocó su intercesión en esa forma, cada vez que pensaba en ellos.

    Su intercesión será más prevaleciente a medida que usted comience a decir con Pablo que todo aquello por lo que usted ora es de veras "mi oración": el clamor, el llamado constante de mi corazón a Dios. Según las palabras de David: "Una cosa he pedido al Señor, y ésta buscaré" (Salmo 27:4). El deseo hace que su oración se convierta en algo muy personal. Convierte a la oración en el clamor mismo de su corazón. Además, no sólo es un incentivo para la oración sino que le ayuda a vislumbrar la respuesta a la misma y hace que aumente su fe. El cristiano indiferente es de poco provecho para Dios o para el hombre. La gente lo tiene por hipócrita, y Dios no lo puede usar grandemente.

    La falta de sinceridad y la tibieza en la oración o en otros asuntos espirituales son inservibles para Dios (Apocalipsis 3:15-16). La falta de corazón y de calor le causan repulsión a Dios. Cristo desea que sus seguidores estén bautizados con fuego (Mateo 3:11), y que la iglesia esté ardiendo con la presencia y el poder del Espíritu. Nuestro Dios es un Dios de fuego, y El desea compartir con nosotros no sólo su presencia y su pureza, sino también su ardiente deseo y su celo. El Espíritu le agrega fuego a nuestras oraciones. Bounds dice lo siguiente: "Esta santa y fervorosa llama en el alma despierta el interés del cielo, llama la atención de Dios, y coloca a disposición de aquellos que la practican, las inagotables riquezas de la gracia Divina".

    El deseo tiene la virtud de refinar y purificar su oración de muchos clisés fáciles de proferir. Filtra la vaguedad y las repeticiones piadosas de frases que no se dicen de corazón. Destila las frases escogidas de la oración, que en verdad no dicen nada sobra su alma y que sólo son meras palabras para Dios. El deseo purifica las palabras que se encuentran al borde de la hipocresía que arrulla a su propia alma y las mentes de los oyentes y los conduce al sueño, y que se elevan un poco más alto que su propia cabeza. Poseen tan poco significado que nunca llegan al trono de Dios.

Como hacer más profundo su deseo

    Reciba con agrado los deseos que Dios pone en usted. Desde cierto punto de vista, el deseo auténtico es un regalo de Dios. Desde otro punto de vista, usted debe profunizar sus propios deseos con la ayuda de Dios. Finney enseña que si usted reconoce un deseo para el bien de otras personas le ha causado una fuerte impresión, es muy posible que sea el Espíritu Santo el que está concediendo y profundizando ese deseo, con el fin de empujarle a la oración. El agrega lo siguiente: "En tal caso, no hay grado de deseo o de importunidad que sea inapropiado. Un cristiano puede acudir como esté y asirse de la mano de Dios". Preste atención a la oración de Jacob: "No te dejaré si no me bendices" (Génesis 32:26). ¿Insultó a Dios su actitud? ¡Claro que no! Convirtió a Jacob en un príncipe ante Dios, con un nuevo nombre: Israel. Moisés oró con tal deseo que Dios se acercó hasta estar cara a cara con él (Exodo 33:12-23; Números 12:8).

    No apague ni pierda estos deseos santos. Estos son un fuego del Espíritu Santo. No los apague (1 Tesalonicenses 5:19). No permita que otras cosas lo desvíen o lo distraigan. Permítale al Espíritu Santo que profundice su oración cada vez más, a medida que usted atesora estos deseos santos y los desea cada vez más profundamente. La mayoría de las cosas que le rodean a usted son de una índole tan secular que lo que hacen es entremeterse en su tiempo de oración y desvancer sus deseos santos y su conciencia de la presencia de Dios.

    Dios no anda jugando con usted. Los deseos nacidos del Espíritu y profundizados por El, indican lo que Dios desea hacer. El da deseos tocantes a lo que El desea ver hecho realidad. El Espíritu Santo nos dirige hacia los precisos propósitos del corazón de Dios y a que prevalezcamos a cabalidad.

    Renuncie a sus propios deseos. La ley es inmutable: Dios se ofrece y se entrega a aquel que de todo corazón se entrega a Él completamente. Recuerde que en su humanidad usted puede a menudo desear cosas y tener motivos egoístas, en lugar de ser motivado por Dios. Su oración puede estar matizada más por sus propios intereses que por el deseo de traer gloria a Dios. La oración prevaleciente es generalmente posible sólo en favor de cosas que armonizan con la voluntad de Dios. Si usted se empeña en tener deseos egoístas y en exigir que se haga su propia voluntad, puede ser que un día le pese el haber hecho tales oraciones. El pueblo de Israel clamó ante Dios hasta que El les dio lo que pedían, mas llegó el día en que les pesó lo que habían pedido (Salmo 106:14-15). Esta forma de orar se da en raras ocasiones si usted somete su propia voluntad y ora verdaderamente como Jesús nos enseñó: "Hágase tu voluntad" (Mateo 6:10).

    Usted puede ser "lleno del conocimiento de su voluntad" (Colosenses 1:9). Usted puede comprobar cuál es "la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta" (Romanos 12:2). Aquellos que viven más cerca de Dios son los que generalmente reconocen la voluntad de El con mayor seguridad y rapidez. Usted puede desarrollar su oído para escuchar a Dios.

    El Espíritu Santo habrá de enseñarle fielmente la perspectiva divina, las prioridades de Dios y el proceso empleado por Dios, si usted permanece lleno del Espíritu y dedicado sin reservas a Su voluntad. Entonces los deseos divinos y los humanos resplandecen y se hacen uno.

    Tenga confianza en Dios en cuanto a las cosas que usted desea, y alábelo. A medida que usted insiste ante Dios con profundo y santo deseo de que se haga Su voluntad en la situación por la que usted está orando, el Espíritu le llevará al punto en que la fe se apoderará de la promesa de Dios y el Espíritu le concederá el "manto de alegría" (Isaías 61:3). Tal vez en este punto su petición ya haya sido concedida, o quizá el Espíritu le esté conduciendo hacia la dinámica de la fe, hacia la dinámica de la alabanza, o hacia ambas a la vez. (Estos niveles se aclararán más en capítulos subsiguientes.)

    Otro término que se emplea en sustitución de hambre es "deseo". A no ser que haya suspiros, anhelo, hambre y sed, y tal vez aun lágrimas, es probable que usted no haya llegado todavía a prevalecer en la oración. A no ser que su corazón clame desde lo más hondo de su ser, los obstáculos de Satanás parecen a veces infranqueables, y los cautivos de Satanás continúan atados.

    Fue el hambre inefable la que se manifestó en la oración que pronunció Juan Knox: "¡Dame a Escocia o me muero!" Juan Smith clamó en Inglaterra empleando casi las mismas palabras: "¡Dame almas o si no me muero!" Dios le dio almas. Esta misma oración fue repetida diariamente por un evangelista coreano, quien es quizás el motivo por el cual yo he servido durante cincuenta años a través de OMS Internacional. Su rostro resplandecía con la presencia de Dios, y su corazón clamaba constantemente por las almas. El ganó para Cristo a miles de personas en sólo unos años, y se le comenzó a conocer como el D.L. Moody de Corea. Tristemente, nuestro ministerio de OMS lo perdió y Dios también lo perdió para su servicio. Las cosas seculares le arrebataron el apetito y sus labios se convirtieron en labios de barro. El dejó de prevalecer. El perdió su poder. Murió en una ciudad extranjera, casi como un desconocido.

    ¡Oh, amigo cristiano, atesore ese apetito! Proteja el apetito que usted tiene por las respuestas de Dios a la oración. El procurar mantener este apetito puede costarles a usted malentendidos y aun sufrimientos. Lo pueden ver como un extremista o aun como un fanático. Hay muchas iglesias en las que se practica muy poca oración prevaleciente.

    Mas ¿habrá Jesús de llevar solo la cruz? El siempre le ha concedido la pasión de su alma a aquellos hijos suyos que andan en sus pasos. ¿De dónde sacaron Juan Wesley, Jorge Whitefield, Carlos Finney, Guillermo Booth, Hyde el Intercesor y Carlos Cowman, el apetito por las respuestas a la oración, por los avivamientos y por la salvación de las almas? Ellos llegaron a conocer lo que hacía palpitar el corazón de Jesús. Finney dice: "Cual debe ser la intensidad del deseo que Dios siente cuando Su Espíritu produce en los cristianos una agonía tan maravillosa, tal angustia de espíritu, semejantes dolores de parto – Dios ha escogido el mejor vocablo para expresarlo; se trata de la frase dolores de parto: dolores de parto del alma".

    Aprenda a beber en el Espíritu de Cristo mientras que El anhela ver romperse las cadenas de hábitos perversos, de las drogas y de Satanás, y a la gente puesta en libertad. Aprenda a llorar sobre su Jerusalén con Jesús, si usted desea que llegue a su ciudad o a su iglesia el avivamiento dado por el Espíritu. Las poderosas respuestas a la oración pueden ser costosas, mas el precio que se paga por las mismas vale la pena. Aprenda a tener apetito si usted va a prevalecer.

    Las dinámicas del deseo y del fervor están estrechamente relacionadas; sin embargo, cada una, en particular, tiene algo que aportar a la oración prevaleciente. Una apoya y fortalece a la otra; cada una por sí sola es esencial. El deseo tiene más que ver con el apetito que con la urgencia. El fervor tiene más que ver con la pasión y con el celo. El deseo nace de la necesidad; el fervor es hijo del amor. Necesitamos ojos que vean la necesidad, y un corazón al que el amor haga arder.

    El amor le abre a uno el corazón a Dios, quien es el único que puede abastecer todas las necesidades. El amor constituye la naturaleza misma de Dios. Su corazón arde en amor por nosotros y por Su mundo. La llama que arde en el corazón de Dios hará arder su corazón si usted se acerca a El lo suficiente. Su amor irradia hacia su corazón. A medida que usted ora Su amor coloca en su corazón profundo interés por las necesidades que El ve y que quiere que usted vea. Su amor, al saturarle, hace que su oración se convierta en una dulce fragancia en Su presencia (Salmo 141:2).

    El amor de Dios es dinámico. Y este amor le agrega amor, deseo y celo a sus oraciones. Carlos Finney dijo: "Usted debe tener tanto del amor de Dios en su corazón – un amor como el que Dios le tiene a los pecadores – que le hace estar listo para hacer cualquier sacrificio o realizar cualquier labor. Usted debe sentir como Dios siente…amor por las almas". A no ser que usted posea lo anterior, afirma él: "las oraciones con este objetivo tendrán poca intensidad y carecerán de poder ante Dios".

    Andrew Murray insistía en lo siguiente: "La misma naturaleza del amor consiste en abandonarse y olvidarse de sí mismo por el bien de los demás. Toma las necesidades de los demás y las hace suyas; encuentra verdadero gozo cuando vive y muere por los demás, como lo hizo Cristo…el verdadero amor…se convertirá en nosotros en el espíritu de intercesión…el verdadero amor debe orar".

    A la dinámica del fervor se le ha dado el nombre de ley de la intensidad. ¡Cuántas oraciones fracasan por la falta de fervor! Richard Watson, un teólogo que vivió hace alrededor de doscientos años, escribió lo siguiente: "La oración sin fervor no es oración; es hablar, mas no es orar. La oración carente de vida no es oración, de igual manera que el retrato de un hombre no es un hombre". Acker agrega lo siguiente: "El incienso no huele ni puede ascender sin el fuego; tampoco la oración, a no ser que sea fruto del calor espiritual y del fervor…Las oraciones frías, carentes de vida y estáticas son como aves sin alas…las oraciones meramente de labios hacia fuera son oraciones perdidas".

    Adoniram Judson, pionero de las misiones, sabía cómo prevalecer. El escribió lo siguiente: "Un espíritu atormentado, la angustia de deseo que produce una gran carga, pertenece a la oración. Un fervor lo suficientemente fuerte como para quitar el sueño, lo cual inflama el espíritu y lo hace devoto,…pertenece a la oración que lucha y prevalece. El Espíritu, el poder, el aire y el aliento de la oración radican en esta clase de espíritu".

    Isaías se lamentaba de la siguiente forma: "Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti" (Isaías 64:7). Israel se hallaba en necesidad, mas nadie se levantaba con el fin de prevalecer en intercesión en favor de la nación. El término hebreo significa levantarse, despertar, incitar. Usted debe despertarse y profundizar cualidades como el interés, el amor y el celo dentro de usted. Usted debe despertarse espiritualmente y prevalecer.

    Necesitamos movimientos nuevos y poderosos del alma. Hace falta que nos despertemos de nuestro sueño y que nos levantemos con el fin de aferrarnos a Dios en poderosa oración. Necesitamos reunir todos nuestros recursos espirituales y todas nuestras energías santificadas, para hacer la oración que prevalece. A no ser que nuestra oración posea potencia ferviente, carecerá de poder para vencer dificultades y ganar poderosas victorias.

    Hay diversos términos bíblicos que hablan sobre el fervor y la pasión en la oración. Uno de los vocablos es "invocar". Lo utilizan Samuel, David, Elías y muchos de los profetas. El alma se extiende hacia Dios, invocándole con una fuerza y una intensidad que esperan ser escuchadas. Otro de los términos es gritar o clamar. "Oh, Señor,…de día y de noche he clamado delante de ti…inclina tu oído a mi clamor" (Salmo 88:1-2).

    Otro de los vocablos es "derramar". El Salmista describe cómo su alma brama por Dios como brama por agua un ciervo perseguido por los cazadores. El tiene sed de Dios, anhela encontrarse con Dios, llora día y noche mientras que anhela que Dios le responda y derrama su alma (Salmo 42:1-4). En el Salmo 62:8, David nos insta de la siguiente forma: "Derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio". Este versículo es una vívida expresión del fervor y la pasión del alma.

    Todos estos hombres y mujeres de Dios que imploraron en oración, según Finney, sintieron la presión que ejercía una gran causa". No hay lugar en la oración para los deseos flojos, los esfuerzos indiferentes y las actitudes de pereza. E. M. Bounds conocía por experiencia propia lo que es la oración prevaleciente. El escribió lo siguiente: "Los deseos inflamados apasionan, la insistencia incansable produce deleite al cielo…El cielo no tiene tiempo para escuchar oraciones hechas sin ánimo".

    La visión de la necesidad por la que usted ora debe convertirse en una pasión ardiente que desea ver la respuesta de Dios. Debe convertirse en un profundo principio en usted, que se da a la tarea de conseguir la respuesta. Debe convertirse en un impulso que constriñe. Debe añadirle fervor a su oración y colocar el poder de la determinacón dentro de su alma. ¡Usted no debe aceptar una negativa como respuesta!

    Samuel Chadwick afirma que el fervor, por sí solo, hace que la oración ordinaria se convierta en oración prevaleciente.

    "Hay pasión en la oración que prevalece. Elías era un hombre de pasiones…Todo lo que él era se vertía en todo lo que hacía. Preste atención a su oración en la cámara de muerte. Obsérvelo en el Carmelo. Escúchelo implorar por la honra de Dios y al Señor por la aflicción del pueblo.

    "Siempre es lo mismo: Abraham intercediendo por Sodoma, Jacob luchando en la quietud de la noche, Moisés de pie sobre el monte, Ana ebria de angustia, David con el corazón destrozado por el remordimiento y la angustia; Jesús sudando gotas de sangre. Súmesele a estos la lista de los anales de la iglesia, de la observación y la experiencia personal, y siempre encontrará el precio que cuesta la pasión, hasta derramar sangre. Esta prevalece. Convierte a mortales ordinarios en hombres de poder. Trae poder. Trae fuego. Trae lluvia. Trae vida. Trae a Dios. No existe poder como el de la oración prevaleciente."

    La forma más importante de medir la oración no consiste en su longitud, sino en su profundidad; no en sus bellas palabras, sino su intensidad. No se trata en sí de cuántas horas usted dedica a la oración, sino de cuán intensa es su oración cuando usted la hace. Existe una dinámica de la perseverancia; la oración a veces hay que continuarla por algún tiempo; mas ya sea corta o larga, que su oración sea ferviente.

    Una ley de la oración es que todos los que buscan de todo corazón, hallan. "Me invocaréis, y vendréis y a rogarme, y yo os escucharé. Me buscaréis y me encontraréis, cuando me busquéis de todo corazón. Me dejaré hallar por vosotros, declara el Señor" (Jeremías 29:12-14). Moisés empleó casi las mismas palabras, cuando aclara, diciendo: "De todo tu corazón y de toda tu alma" (Deuteronomio 4:29).

    Chadwick dice nuevamente. "La intensidad es una ley de la oración…la oración que lucha, prevalece. La oración ferviente y eficaz del justo tiene una gran fuerza. Dios aborrece el fuego extraño. Nunca debemos tratar de producir una intensidad emotiva…Si el espíritu gime en la intercesión, no le tenga miedo a la agonía de la oración. Hay bendiciones del reino que sólo ceden ante la violencia del espíritu vehemente".

    En Hebreos se nos asegura que: "Cristo, en los días de su carne," ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas" (Hebreos 5:7). Parecerse a Cristo es estar tan cargado en la oración que oramos con pasión. Pablo le pidió a los santos en Roma "que me ayudéis orando por mí a Dios" (Romanos 15:30). "Que me ayudéis orando", en griego, son dos palabras que significan literalmente: "agonicen conmigo". ¡Eso es orar con pasión!

    R.A. Torrey escribe: "La oración que prevalece ante Dios es aquella en la que derramamos toda nuestra alma, extendiéndose hacia Dios en intenso y agonizante deseo…Si oramos con tan poco entusiasmo, no podemos esperar que Dios se entusiasme mucho en contestar nuestras oraciones…Cuando aprendemos a acudir a Dios con una intensidad que retuerce el corazón, entonces conoceremos una clase de poder en la oración que la mayoría de nosotros no conoce en la actualidad."

    Alexander Whyte, el gran predicador y escritor escocés, afirma la siguiente: "Que cada hombre derrame su pasión en sus oraciones". La descripción que hace Santiago de Elías: "oró fervientemente" (Santiago 5:17), en el griego literalmente dice "con oración oró", y esto es un modismo que significa que él oró con intensidad o con pasión.

Resumen

    La verdadera pasión en la oración tiene tres características:

    1. Es fruto del amor que hay en su alma.

    2. Es fruto del deseo santo.

    3. Puede ser un don directamente otorgado por Dios en un momento en que él quiere utilizarle en la oración.

    4. Puede ser el resultado de su nueva visión de una necesidad.

    5. Puede ser el resultado de la convicción que paulatinamente se ha ido profundizando sobre la urgencia de una necesidad y de la voluntad de Dios para satisfacer tal necesidad. Finney aconsejó lo siguiente: "Si usted se siente movido a orar poderosamente por ciertas personas, y lo hace con gran compasión, agonía, fuerte llanto y derramamiento de lágrimas por determinada familia, vecindario o por determinadas personas, déjese llevar por una influencia tal".

    6. Puede convertirse en un rasgo característico de su vida de oración, a medida que usted se dedica a la intercesión.

    7. Despierta y fortalece tu fe.

    Lo que no es la pasión en la oración:

    1. No es sinónimo de oración vociferante y escandalosa. Puede ser oración apacible y aun silenciosa. Muchas personas han prevalecido en la noche, de manera tan silenciosa, que los que han estado durmiendo cerca ni se enteraron.

    2. No es sinónimo de esfuerzo físico. La lucha espiritual no depende de la actividad física. La pasión en la oración no la produce levantar la mano, mover el brazo, ponerse de pie, arrodillarse, postrarse en el suelo, caminar de un lado a otro, ni ninguna otra acción o posición mientras que se ora. El Espíritu Santo puede guiarle a que haga tales cambios de postura, especialmente cuando usted está orando a solas en su lugar secreto.

    A veces el empleo de tales posturas, por el momento concuerdan con el estado de su alma o lo expresan: humildad ante Dios, peticiones fervorosas hechas a Dios, esperar en su presencia, o una determinación espiritual y premura. Muchos guerreros en la oración, como Brainerd y Finney, han sudado profusamente como resultado de la intensa angustia del alma en la oración prevaleciente, como el sudor de Cristo en Getsemaní, que era como grandes gotas de sangre. Mas no procure fabricar la intensidad espiritual mediante su esfuerzo físico.

    3. No es sinónimo de la oración contestada. Muchas oraciones reciben contestación inmediatamente o sin que uno tenga que orar intensa y prolongadamente. Muchas peticiones expresadas en la oración son concedidas mientras que usted se deleita en el Señor. (Salmo 37:4).

    4. No es una clase de "obras". No consigue la salvación o la bendición de Dios. El fervor es, más bien, una obra accesoria del ministerio del Espíritu Santo en usted.

Como adquirir pasion en la Oracion

    1. Pídale al Espíritu Santo que le dé Su amor, su pasión y su celo.

    2. Reciba con agrado y alimente cualquier provocación del Espíritu a la oración. Bounds nos asegura lo siguiente: "No tenemos el poder, quizás, de producir fervor de espíritu voluntariamente, mas podemos pedirle a Dios que lo siembre en nosotros. A nosotros nos toca, por tanto, alimentarlo y protegerlo para que no se extinga, para impedir su disminución o deterioro".

    3. Lea y relea relatos bíblicos o relatos que aparecen en libros de profunda espiritualidad, de la forma en que Dios ha llamado a las personas a que oren y cómo ha dado respuesta a sus oraciones.

    4. Continúe profundizando su vida de oración mediante la fidelidad en sus hábitos y compromisos de oración.

    5. Tome varios asuntos importantes o cargas en su corazón, y haga que se conviertan en la perspectiva especial de su oración: por ejemplo, seguir orando por un avivamiento, su iglesia, su país, el ministerio juvenil, el ministerio de las cárceles, el ministerio en los países comunistas y el ministerio en tierras musulmanas. Las cargas pueden incluir necesidades especiales, tales como la pornografía, las drogas, el maltrato infantil, o el SIDA. Pueden incluir a un país en particular: India, China, Indonesia, Cuba, u otro que Dios ponga en su corazón. Puede incluir el ministerio radial, el ministerio mediante la televisión, o ministerios internacionales o nacionales, tales como los de Billy Graham, Luis Palau, o "Focus on the Family" (Enfoque a la Familia). Usted no podrá orar extensamente por todo, mas sí puede pedirle a Dios que le dirija a escoger varios asuntos especiales de oración.

    6. Mantenga sus oídos abiertos para cualquier tarea de oración que Dios pueda darle, como urgente carga de oración temporal. Puede ser que su oración sea necesaria para una necesidad especial, en un día o a una hora particular. Si le es posible, recurra de inmediato a la oración por esa necesidad. Emplee cada minuto libre que le sea posible, hasta que Dios quite de su corazón el interés de orar por esta necesidad. Su pasión en la oración aumentará tremendamente a medida que usted responde a esta carga del Espíritu.

    Hagamos un resumen empleando las palabras de Bounds: "Las oraciones deben estar al rojo vivo. La oración ferviente es la que es efectiva…El fuego es necesario para que la oración avance. El calor del alma crea un ambiente favorable para la oración…Mediante la llama es que la oración asciende al cielo. Mas el fuego no quiere decir incomodar; no es calor, ni ruido…Estar absorto en la voluntad de Dios, tener tal intensidad en cuanto a cumplir Su voluntad, que todo nuestro ser arda, es la condición que califica al hombre que habrá de tomar parte en la oración eficaz".

    – Tomado del libro LA ORACION PODEROSA QUE PREVALECE por Wesley L. Duewel. ©1990. Usado con permiso del Duewel Literature Trust, Inc. Los libros de Dr. Duewel se pueden comprar de Duewel Literature Trust, Inc., 740A Kilbourne Drive, Greenwood IN 46142-1843.