«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

¿En Qué Consiste Un Nombre?

Por Dave Butts

    En la Biblia, el nombre de una persona tuvo gran significado. Mucho se aprendía acerca de la persona y de sus antecedentes por medio de su nombre. El nombre de Abram fue cambiado a Abraham cuando él recibió la promesa de Dios que sería el padre de muchas naciones. "Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes" (Gen. 17:5). El nombre de Jacobo, el enganador, fue cambiado a Israel cuando luchó con Dios y ganó. "Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido" (Gen. 32:28). Como con Abraham e Israel, usted puede aprender mucho acerca de Dios a través de Sus muchos nombres. Nuestro Dios es demasiado grande para tener un sólo nombre. En la Escritura hay muchos nombres asignados que describen a Dios.

    El más común es el de Jehová o Yahweh. Eso quiere decir "Yo soy que yo soy." Este es el nombre que Dios mismo se puso cuando habló con Moisés. Es el nombre que quiere decir que…Él es…Él existe. El hecho de que Dios existe es realmente todo lo que necesitamos. Pero Dios nos ofrece mucho más en describirse.

    Hay ocho nombres compuestos que están conectados con Jehová en el Viejo Testamento. A estos se le dicen los nombres de la redención o del convenio o del pacto. Nos hablan de la relación entre Dios y Su pueblo del pacto.

    El primero de estos nombres compuestos de Dios se encuentra en Genesis 22:14 – Jehová-Jireh. Esto está traducido "El Señor Proveerá." "Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto" (Gen. 22:14). El contexto aquí es cuando Abraham llevó a Isaac al monte para hacer un sacrificio. Cuando Isaac preguntó dónde estaba el sacrificio, Abraham le contestó que Dios Mismo proveería el cordero para el sacrificio. En ese momento Abraham estaba pensando que Isaac iba a ser el sacrificio que Dios proveería. Pero en el monte Dios le dió un carnero para substituir a Isaac, un cuadro perfecto de la muerte de substitución del Cordero de Dios que vendría…Jesús.

    Hoy necesitamos entender que Dios es nuestra provisión. Muchos todavía se cargan el peso de sus pecados. Muchos aun tratan de proveer su propia expiación. Pero tenemos un Dios que proveerá. Él nos ha entregado al Cordero de Dios para quitarnos nuestra culpabilidad y ponernos en una relación reacta con Sí Mismo.

    El próximo nombre se encuentra en Éxodo 15:26 – Jehová-Rafah (El Señor que sana). "Y dijo: Si oyes atentamente la voz de Jehová tu Dios, y haces lo recto delante de sus ojos, y das oído a sus mandamientos, y guardas todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador." Fue un incidente fascinante. El pueblo de Israel, en el desierto, tenía sed y corrió a las aguas que fueron amargas y unos de ellos se enfermaron. Respondiendo a la petición de Moisés, Dios hizo dulces las aguas amargas y sanó a los que estaban enfermos. Después de eso habló Dios.

    Hay una traducción que interpreta, "Yo soy el Señor que es su médico." Muchos médicos cristianos entienden que es el Señor que sana. Algunas veces un médico humano tiene que decir, "Lo siento mucho, pero no hay más nada que puedo hacer." Nuestro Dios nunca jamás tiene que decir eso. Él es nuestro sanador.

    En Éxodo 17:15, encontramos a Jehová-Nissí (Dios es mi bandera o mi estandarte). "Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nissí." En la Biblia encontramos a Josué y el ejército de Israel peleando contra el ejército de Amalec y vemos que Israel necesitaba ayuda. Moisés subió a la cumbre del collado con la vara de Dios en su mano. La vara representaba el poder de Dios. Fue un estandarte…una bandera que anunciaba a Israel, que peleaba abajo en el valle que Dios estaba obrando. En una manera espectacular y maravillosa, cuando Moisés levantaba la vara en sus manos, Israel prevalecía en la batalla. Pero cuando se cansaban las manos de Moisés y él debaja bajar la vara, empezaba a ganar Amalec. Por fin, con la ayuda de Aarón y Hur, Moisés pudo aguantar la vara suficientemente tiempo para que ganara Israel.

    Cuando terminó la batalla, Moisés construyó un altar en el valle, y le puso el nombre Jehová-Nissí (Dios es mi Bandera). Quizás usted se haya encontrado en una batalla así donde necesitaba ayuda desesperadamente. Cuando le pasa así, levante la bandera…el estandarte. Es un señal de fortaleza, de avivamiento para el pueblo de Dios. ¡Jesús es nuestra bandera y estandarte…nuestra vara – levantado para traernos la victoria!

    El cuarto nombre de Dios se encuentra en Levítico 20:7. "Conságrense a mí, y sean santos, porque yo soy el Señor su Dios." Jehová-m’Kadesh quiere decir, "Yo soy el Señor que los hace sagrados." En esta situación, Dios le dió a Israel una lista de mandamientos que tenía que ver con santificación. Dios les había mandado a salir de entre todas las naciones…de separarse por Sus propósitos. Y entonces declaró Dios, "Obedezcan mis estatutos y pónganlos por obra. Yo soy el Señor, que los santifica" (Lev. 20:8). Las Escrituras declaran que somos una nación sagrada, mandada a estar separada para el uso divino…un instrumento poderoso de Dios. Aunque no nos sentimos así, nos podemos confiar en el hecho de que tenemos un Dios santificado que nos hace a nosotros santificados.

    En Jueces 6:22-24 encontramos el nombre Jehová-Sálom: el Señor es nuestra paz. En este pasaje, los madianitas estaban oprimiendo a Israel. Un ángel se acercó a Gedeón y le instruyó en cómo él (Gedeón) iba a guiar y a mandar a Israel a la victoria. Cuando Gedeón se dió cuenta de que estaba hablando con un ángel, pensaba que se iba a morir, "Cuando Gedeón se dio cuenta de que se trataba del ángel del Señor, exclamó: ¡Ay de mí, Señor y Dios! ¡He visto al ángel del Señor cara a cara! Pero el Señor le dijo: ¡Quédate tranquilo! No temas. No vas a morir. Entonces Gedeón construyó allí un altar al Señor, y lo llamó ‘El Señor es la paz’, el cual hasta el día de hoy se encuentra en Ofra de Abiezer" (Jueces 6:22-24). Fue un acto tremendo de fe, porque los madianitas todavía tenían el poder. Todavía le quedaba por delante mucha batalla. Pero Dios se había declarado un Dios de la paz.

    ¿Camine usted en la paz? ¿Es la paz una característica sobresaliente de su vida? Nuestra paz no es una paz que depende de las circunstancias, sino que está basada en Dios. Jesús dijo, "Mi Paz yo les doy." En un mundo que tan desesperadamente necesita paz, servimos a un Dios cuyo nombre es Paz. "Que la Paz de Dios esté con usted," debe ser nuestra palabra a este mundo.

    Salmo 23 contiene el nombre de Jehová-Ra-ah (El Señor es mi Pastor). Aquí hay un joven pastor que sabía cuidar bien a su rebaño. Y escribió bajo la inspiración del Espíritu Santo escribió que Dios es nuestro pastor. Él es un pastor que guía y provee por cada necesidad. Él guía a Su rebaño con seguridad en lugares peligrosos; Él da consolación, Él unge, Él da bondad y misericordia y permite que Su rebaño viva en Su casa. ¡Qué pastor! "El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos me hace descansar. Junto a tranquilas aguas me conduce; me infunde nuevas fuerzas. Me guía por sendas de justicia por amor a su nombre. Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque tú estás a mi lado; tu vara de pastor me reconforta. Dispones ante mí un banquete en presencia de mis enemigos. Has ungido con perfume mi cabeza; has llenado mi copa a rebosar. La bondad y el amor me seguirán todos los días de mi vida; y en la casa del Señor habitaré para siempre" (Salmo 23). ¡QUÉ PASTOR!

    De nuevo necesitamos ver que este buen pastor es Jesús. En Apocalipsis 7:17 leemos, "Porque el Cordero que está en el trono los pastoreará y los guiará a fuentes de agua viva; y Dios les enjugará toda lágrima de sus ojos."

    Jeremías 23:5-6 revela Jehová-Tsidkenu (El Señor es nuestra justicia). Eso fue una temporada bien mala en la vida de la nación de Judá. Los oficiales fueron corruptos y la nación se encontraba en problemas serios. Pero Dios habla a través de su profeta Jeremías de tiempos mejores que vendrían. "Vienen días," afirma el Señor, "en que de la simiente de David haré surgir un vástago justo; él reinará con sabiduría en el país, y practicará el derecho y la justicia. En esos días Judá será salvada, Israel morará seguro. Y éste es el nombre que se le dará: El Señor es nuestra salvación" (Jeremías 23:5-6).

    Las Escrituras nos enseñan que ninguno de nosotros es justo. Nadie se encuentra justo en los ojos de Dios. Por eso, Jesús se hizo nuestra justicia, y los que le siguen se visten en Su Justicia.

    Jehová-Sama (El Señor está allí), se encuentra en Ezequiel 48:35. Fue una temporada de destrucción para Judá. Babilonia había triunfado y Judá estaba exilada. El Templo había estado destruido y parecía que Dios se había ido. ¿Dónde viviría sin Su templo?

    El mensaje de Ezequiel fue severo hasta el final, cuando llegó una gran visión del tiempo que vendría cuando Dios otra vez viviría entre Su pueblo. Somos el templo del Espíritu Santo, la habitación de Dios. El Señor está allí. En el Día de Pentecostés, la gloria de Dios, la llama de Dios, vino y se cernió sobre las cabezas de los creyentes, demostrando que Dios había venido de nuevo a Su templo. El Dios que está allí está presente con nosotros hoy día. Dios establece una relación con Su pueblo del pacto con Sus nombres del pacto. Dios nos ha incluido en Su pacto a través de Jesús. En cada uno de estos nombres, se revela una característica de Dios y nosotros somos los recipientes de cada uno de ellos por medio de Jesús. Podemos pasar una vida completa estudiando quién es Dios y nunca jamás podremos aplomar, sondear las profundidades de nuestro Padre asombroso y maravilloso. ¡Que los nombres del pacto, del convenio nos ayuden a nosotros mientras crezcamos y avancemos en el conocimiento de nuestro querido Padre amante!