«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Confesando Nuestros Pecados Juntos

Por Dave Butts

    Hay una tendencia a pensar de la confesión como un acto personal que hacemos ante Dios. Por cierto que mucha de la confesión es un asunto personal y privado solamente entre cada individuo y Dios. Pero la Palabra de Dios nos da otro cuadro de la confesión que en la práctica es algo corporado. Es la confesión de un grupo de personas que se dan cuenta del aspecto corporado de su pecado y saben que la confesión privada no es suficiente para resolver el problema.

    Yo creo que la llamada de Dios a Su Iglesia hoy es por confesión de este tipo. Si llega avivamiento en nuestro día de hoy será que llega a un pueblo que se ha humillado en una manera corporada ante su Dios y ha buscado Su rostro. Esta humildad llega cuando reconocemos que mucho de lo que ha pasado por "Cristianismo" en nuestro día de hoy ha sido muy egoista, mundano y un insulto al Señor. La única manera en que la Iglesia puede resolver el dilema del pecado es que la Iglesia confiese sus pecados y se arrepienta.

    El ejemplo bíblico que viene a la mente es la historia de Israel durante los tiempos de Esdras, cuando el pueblo de Dios se casaba con las tribus paganas en sus alrededores. El exilio de 70 años en Babilonia había terminado. Los exiliados volvieron a Jerusalén a través de varios años en distintos grupos. El lider de uno de los grupos fue el gran escolar bíblico y hombre de Dios, Esdras.

    La presencia de este hombre de Dios Esdras movió al pueblo a confesar que ellos, una vez más, habían dañado a su posición con Dios por desobedecer a Su mandamiento claro de no casarse con las gentes que no eran judíos en sus alrededores. La tristeza y la oración de Esdras después de esa revelación es algo poderoso.

    Mientras leen ustedes el texto del Libro de Esdras incluido aquí seguidamente, anoten varios puntos que debemos aplicar a nuestras propias vidas:

    1. Esdras se identificó con los pecados del pueblo. Aunque él mismo no había cometido este pecado, oró acerca de "nuestro pecado."

    2. Esdras y su pueblo tuvieron una gran tristeza y mucho lamento sobre este pecado. El oró, "Dios mío, estoy confundido y siento vergüenza de levantar el rostro hacia ti."

    3. Esdras basó su consciencia del pecado en las Escrituras no en su propia tradición. El literalmente citó Escritura a Dios en su oración para demostrar su consciencia de la gravedad de la rebelión que había ocurrido.

    4. El afirmó la justicia y la misericordia de Dios. Hasta que él le dice a Dios, "No nos has dado el castigo que merecemos."

    5. Después de la oración de arrepentimiento y confesión hay acción tomada para rectificar la situación. Fue una decisión difícil para muchas personas. Familias se rompieron para que la nación se alineara con la Palabra de Dios. Eso no fue solamente conversación religiosa, sino firme acción de obedecer a Dios.

    ESDRAS 9:1 – 10:4:

    "Después de todo esto, se me acercaron los jefes y me dijeron: ‘El pueblo de Israel, incluso los sacerdaotes y levitas, no se ha mantenido separado de los pueblos vecinos, sino que practica las costumbres abominables de todos ellos, es decir, de los cananeos, hititas, ferezeos, jebuseos, amonitas, moabitas, egipcios y amorreos. De entre las mujeres de esos pueblos han tomado esposas para sí mismos y para sus hijos, mezclando así la raza santa con la de los pueblos vecinos. Y los primeros en cometer tal infidelidad han sido los jefes y los gobernantes.’

    "Cuando escuché esto, me rasgué la túnica y el manto, me arranqué los pelos de la cabeza y de la barba, y me postré muy angustiado. Entonces, por causa del pecado cometido por los repatriados, se reunieron a mi alrededor todos los que obedecían la palabra de Dios. Y yo seguí angustiado hasta la hora del sacrificio de la tarde.

    "A la hora del sacrificio me recobré de mi abatimiento y, con la túnica y el manto rasgados, caí de rodillas, extendí mis manos hacia el SEÑOR mi Dios, y le dije en oración:

    "‘Dios mío, estoy confundido y siento vergüenza de levantar el rostro hacia ti, porque nuestras maldades se han amontonado hasta cubrirnos por completo; nustra culpa ha llegado hasta el cielo. Desde los días de nuestros antepasados hasta hoy, nuestra culpa ha sido grande. Debido a nuestras maldades, nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes fuimos entregados al poder de los reyes de los países vecinos. Hemos sufrido la espada, el cautiverio, el pillaje y la humillación, como nos sucede hasta hoy.

    "‘Pero ahora tú, SEÑOR y Dios nuestro, por un breve momento nos has mostrado tu bondad al permitir que un remanente quede en libertad y se establezca en tu lugar santo. Has permitido que nuestros ojos vean una nueva luz, y nos has concedido un pequeño alivio en medio de nuestra esclavitud. Aunque somos esclavos, no nos has abandonado, Dios nuestro, sino que nos has extendido tu misericordia a la vista de los reyes de Persia. Nos has dado nueva vida para reedificar tu templo y reparar sus ruinas, y nos has brindado tu protección en Judá y en Jerusalén.

    "‘Y ahora, después de lo que hemos hecho, ¿qué podemos decirte? No hemos cumplido los mandamientos que nos diste por medio de tus siervos los profetas, cuando nos advertiste: ‘La tierra que van a poseer está corrompida por la impureza de los pueblos que la habitan, pues de un extremo a otro ellos la han llenado con sus abominaciones. Por eso, no permitan ustedes que sus hijas ni sus hijos se casen con los de esos pueblos. Nunca busquen el bienestar ni la prosperidad que tienen ellos, para que ustedes se mantengan fuertes y coman de los frutos de la buena tierra y luego se la dejen por herencia a sus descendientes para siempre.’

    "‘Después de todo lo que nos ha acontecido por causa de nuestras maldades y de nuestra grave culpa, reconocemos que tú, Dios nuestro, no nos has dado el castigo que merecemos, sino que nos has dejado un remanente. ¿Cómo es posible que volvamos a quebrantar tus mandamientos contrayendo matrimonio con las mujeres de estos pueblos que tienen prácticas abominables? ¿Acaso no sería justo que te enojaras con nosotros y nos destruyeras hasta no dejar remanente ni que nadie escape? ¡SEÑOR, Dios de Israel, tú eres justo! Tú has permitido que hasta hoy sobrevivamos como remanente. Culpables como somos, estamos en tu presencia, aunque no lo merecemos.’

    "Mientras Esdras oraba y hacía esta confesión llorando y postrándose delante del templo de Dios, a su alrededor se reunión una gran asamblea de hombres, mujeres y niños del pueblo de Israel. Toda la multitud lloraba amargamente. Entonces unos de los descendientes de Elam, que se llamaba Secanías hijo de Jehiel, se dirigió a Esdras y le dijo: ‘Nosotros hemos sido infieles a nuestros Dios, pues tomamos por esposas a mujeres de los pueblos vecinos; pero todavía hay esperanza para Israel. Hagamos un pacto con nuestro Dios, comprometiéndonos a expulsar a todas estas mujeres y a sus hijos, conforme al consejo que nos has dado tú, y todos los que aman el mandamiento de Dios. ¡Que todo se haga de acuerdo con la ley! Levántate, pues ésta es tu responsabilidad; nosotros te apoyamos. ¡Cobra ánimo y pon manos a la obra!’"

    Esta es verdadera confesión y arrepentimiento. El pueblo de Dios quedó condenado del pecado por la Palabra de Dios. En dolor y en humildad se sometieron ante Dios en oración y en acción. Dios escuchó a sus oraciones y restauró a su nación.