«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

Jesús Dijo Que Ayunaríamos

Por Wesley L. Duewel

    El ayuno es una forma de negación de uno mismo ordenada por Dios. La misma naturaleza de la intercesión requiere más negación de uno mismo que cualquier otra clase de actividad espiritual. La mayor parte de la labor de la oración y el ayuno se realiza en secreto. Pensamos que el ayuno es primordialmente abstención del alimento. Sin embargo, el ayuno puede incluir abstinencia de tales actividades comunes como el sueño, la recreación y otras diversiones especiales. Hasta donde es posible, debe incluir la abstinencia de las relaciones sociales con los demás, mientras que dura el ayuno. Puede ser que a usted le sea necesario ayunar, mientras que desempeña sus responsabilidades familiares o su trabajo habitual; o puede ser que le sea posible apartarse completamente durante todo el período del ayuno (1 Corintios 7:5).

    Andrés Bonar definió el ayuno como la abstención de todo aquello que obstaculiza la oración. Aunque era un ávido lector, a veces se veía obligado a ayunar de su excesivo amor a la lectura, para poder tener comunión con Dios. Phillips Brooks definió el ayuno como la abstención de cualquier cosa que fuera inocente en sí misma, con el fin de crecer más espiritualmente o servir a Dios de manera más efectiva. Quizá en nuestra generación el ayuno debe ser, con frecuencia, de la radio o la TV, con el fin de entregarnos de forma más completa e intensa a la oración.

    El propósito del ayuno es (1) sujetar lo físico a la espiritual y darle prioridad a las metas espirituales; (2) desentenderse por un tiempo del ambiente en que uno se desenvuelve, de las cosas materiales, de las responsabilidades cotidianas y de las preocupaciones; y (3) dedicar toda la atención espiritual a Dios y a la oración. No queremos dar a entender que las obligaciones diarias y las necesidades de la vida no sean santas y espirituales; lo que hacemos es supeditar las cosas permitidas, aun las que dan ganancia, a las mayores prioridades espirituales. Andrés Murray enseñó así: "La oración es la mano con la que nos aferramos a lo invisible; el ayuno es la otra, con la que soltamos y desechamos lo visible". El ayuno junto con la oración hacen que nuestra comunión sea más especial para el Señor, y que nuestra intercesión sea más poderosa en el ministerio que rinde al Señor (Hechos 13:2), a medida que El intercede como rey desde el trono celestial (Romanos 8:34). ¿Cuál es, entonces, el papel del ayuno?

    El ayuno es una parte integral para la vida que tiene profunda devoción e intercesión. Ana, la profetisa, es un hermoso ejemplo de un estilo de vida como éste (Lucas 2:37). El ayuno es esencial para la vida de disciplina personal del individuo, y tal disciplina le da realce y poder a la oración prevaleciente.

    Cuando usted anhela fortalecer y disciplinar sus hábitos de oración, y añadirle una nueva dimensión a su prevalecer en oración, agregue el ayuno. Cuando usted busca humillarse completamente ante Dios, en completa sumisión a su voluntad y en total dependencia de su infinito poder, añada el ayuno. Cuando usted se enfrenta a una necesidad muy grande, una imposibilidad humana, y su alma anhela ver a Dios interviniendo mediante su poder sobrenatural, agregue el ayuno.

    En tales situaciones, usted puede sentir una atracción tan poderosa hacia el ayuno, que esté convencido de que le fallará al Señor si no aparta tiempo para orar y ayunar. Las Escrituras son claras en este asunto: Dios llama a su pueblo al ayuno (Isaías 22:12-13). Pero lo trágico es que muchos no están caminando lo suficientemente cerca del Señor como para poder sentir su santa atracción, y para oír su apacible voz. ¡Qué sorpresa se llevarán muchos cristianos en el cielo, cuando vean las bendiciones que se perdieron y cuán a menudo no lograron todo lo que Dios deseaba realizar a través de ellos, sólo por el hecho de que no combinaron el ayuno con la oración!

    Pero es más probable que usted oiga la voz de Dios llamándole al ayuno si ya tiene el hábito de ayunar, como parte habitual de su disciplina espiritual. Jesús dice lo siguiente de nosotros: "Entonces ayunarán" (Mateo 9:15). Usted y yo no tenemos derecho de omitir el ayuno, por no tener motivación emocional, de igual modo que no tenemos derecho de omitir la oración, la lectura de la Biblia o el congregarse con los hijos de Dios, por falta de algún impulso emocional especial. El ayuno es tan bíblico y normal en el andar espirtual de obediencia a Dios, como lo son estas otras disciplinas.

    ¿Por qué no ayunamos más? Por el mismo motivo que vacilamos en negarnos a nosotros mismos y tomar nuestra cruz en otros aspectos. Sin embargo, Jesús dijo de manera enfática: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" (Mateo 16:24). Usted es un discípulo incompleto a menos que haga lo anterior. Pero la negación de uno mismo se predica muy poco y en escasas ocasiones se practica. ¿Qué forma más bíblica existe de negarse a uno mismo que ayunar cuando oramos?

    ¿Cómo toma usted su cruz? Tomar la cruz no es que alguien le ponga una cruz a usted sobre la espalda. La enfermedad, la persecución y el antagonismo de los demás no es su cruz verdadera. Tomar la cruz es una decisión deliberada. Debemos, a propósito, humillarnos, doblarnos y recoger la cruz por Jesús. El ayuno es una de las formas más bíblicas de hacer esto.

    Usted puede, en efecto, negarse a sí mismo algún gasto y dar el dinero para las misiones o para algún otro aspecto de la obra de Dios. Tal acción puede llevar el nombre de tomar su cruz. Usted podría identificarse con una causa no popular y hacerlo por Jesús, y así tomar su cruz. Pero no existe forma que agrade más a Dios y que esté más a su alcance que la de añadir el ayuno a la oración. ¿En qué forma de negación de sí mismo ha hallado usted mayor bendición? ¿O es que usted no practica la negación de sí mismo?

    Puede que haya ocasiones en que usted no pueda ayunar más de una o dos comidas al día, en vez de un día completo o más. Tal vez sus responsabilidades exigen que usted coma, solo o con otras personas. Pero aun así usted puede ayunar. Haga como hizo Daniel. El hizo ayuno parcial durante tres semanas, y Dios en forma maravillosa honró su ayuno. Como primer ministro él tenía ciertas funciones que desempeñar. Le era necesario mantenerse fuerte y no podía pasarse tres semanas invernando. Así que Daniel se privaba de ciertos alimentos (comía sólo lo esencial) y del uso de ungüentos (Daniel 10:3).

    Dios no es un jefe despótico. El entiende su salud y su situación. El desea mantenerle con buena salud y eficiente. Pídales al Espíritu que le guíe y él le mostrará cuándo ayunar. Mas hasta donde le sea posible, pase las horas de ayuno en oración. Separe unas horas para la oración, especialmente si usted se encuentra en una batalla de oración.

    Satanás no quiere que usted ayune. El no quería que Jesús ayunara. El procurará tentarle haciéndole pensar en la comida. El tratará de hacerle olvidar su compromiso de ayunar, de la misma forma en que procura mantenerlo alejado de la oración. Satanás trata de hacerle vacilar en cuanto al ayuno y que así lo postergue. ¿Por qué sorprendernos? El tiene un temor enorme de que sus oraciones se fortalezcan por el ayuno. El puede aun hacer el intento, por un tiempo, de luchar contra usted con mayor intensidad si usted ayuna. El puede llegar a desesperarse. Usted pone en grave peligro su labor cuando ayuna y ora.

VIGILE SUS MOTIVOS

    Recuerde que el motivo por el cual usted ayuna es de suprema importancia. Recuerde también lo que el ayuno no es:

    1. No es una forma de alcanzar la bendición de Dios y la respuesta a sus oraciones. Usted nunca merece su ayuda ni su bendición. Usted le implora que le conceda su amor y su misericordia. Usted no se gana ningún aspecto de su gracia.

   2. No es una obra que nos permite pasar por alto la obediencia. La oración y el ayuno no hacen que varíe la necesidad que usted tiene de serle obediente a Dios y a su voluntad claramente revelada. Dios no escuchará su oración, aunque ayune, si usted está fuera de su voluntad en algún aspecto. Dé el paso de la obediencia y luego comience a ayunar y a orar.

   3. No es un medio que conduce automáticamente a un milagro. El ayuno no es una forma de magia espiritualizada. Por sí solo no funciona. El ayuno puede beneficiarles físicamente, no importa en qué estado espiritual se encuentre usted. Pero el ayuno no es un poder secreto que está al alcance de cualquier persona. El ayuno tiene poder sólo cuando se añada a su búsqueda del rostro de Dios en humildad. Mientras más cerca camine usted de Dios, mayores podrán ser los valores espirituales de su ayuno.

    Puede ser que a usted no le sea posible interrumpir todas las demás actividades, mientras que ayuna durante doce horas o por un día entero. Mas si su alma está de continuo clamándole a Dios, mientras usted realiza su trabajo, si a cada momento usted le está buscando, a medida que trata de cumplir con sus deberes, entonces cualquier tipo de ayuno que haga le añade mucho poder a su búsqueda de la respuesta de Dios.

    4. No acumule poder en beneficio suyo, de modo que pueda ser manifestado por voluntad suya. Usted no utiliza al Espíritu, el Espíritu le utiliza a usted. Usted pierde su poder en el mismo instante en que lo exhiba. En el mismo instante en que haga alarde de su ayuno, deja de ser útil: esto Cristo lo advirtió con claridad meridiana. Si desea que Dios le recompense por sus oraciones, por su ayuno y por sus buenas obras, manténgalas en secreto tanto como sea posible.

    Jesús dio por sentado que usted se daría a la tarea de poner en práctica estas tres cosas. De modo que El no dice: "Ora", sino, "cuando ores". El no dice: "Ayuna", sino, "mas cuando ayunéis" (Mateo 6:2, 5, 16). Cristo le dice a usted que su ayuno, hasta donde sea posible, sólo debe conocerlo Dios, y El le recompensará (v.18).

EL AYUNO FORTALECE LA ORACION

    El ayuno está tan íntimamente relacionado con la oración que le añade su bendición en muchas maneras. Gran parte de sus oraciones se harán sin ayuno, así como gran parte de sus oraciones no incluyen la lucha en la oración y la Guerra. Pero el ayuno siempre tiene esta doble capacidad:

    En primer lugar, puede bendecir y fortalecer su oración regular. Constituye un componente bendecido de una vida devocional profunda, de un andar cercano a Dios. Mi padre imploraba a menudo cuando exhortaba a sus congregaciones y les pedía que ayunaran: "¡Hagan la prueba! ¡Hagan la prueba!"

    En segundo lugar, puede intensificar su poder para prevalecer en oración. Para las ocasiones en que Satanás lleva mucho tiempo atrincherado y es necesario sacarlo y hacerle retroceder, el ayuno junto con la oración puede llegar a ser de imperativa importancia. Para las batallas en las que Satanás ha resistido más allá de la intercession militante, agréguele ayuno a su oración. Si es possible, incluya el ayuno colectivo y la oración.

    Hagamos una lista de las maravillosas formas en que el ayuno beneficia la oración.

    1. El ayuno aumenta la humildad. Esdras se humilló mediante el ayuno (Esdras 8:21). David se humilló mediante el ayuno, cuando su "oración se volvía a su seno" (Salmo 35:13). La búsqueda intensa de Dios siempre incluye el humillarse ante Dios. "Humillaos…bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo" (1 Pedro 5:6, ver 2 Crónicas 7:14; Santiago 4:10, 1 Pedro 5:5). El menor indicio de orgullo o de ambición egoísta puede obstruir la oración prevaleciente. El ayuno es un medio bíblico que conduce a mayor humildad.

    2. El ayuno puede aumentar el deseo de que Dios obre. El hambre espiritual y el ayuno tienen poderes recíprocos. Cada uno profundiza y fortalece al otro. El uno hace que el otro sea más efectivo. Cuando su apetito espiritual se haga muy profundo, puede ser que usted aun pierda el deseo de comer. Todas las formas mas intensas de prevalecer en oración: carga de oración, lucha en la oración, y la guerra en la oración, se pueden intensificar, esclarecer y fortalecer mediante el ayuno.

    El ayuno es natural cuando usted tiene suficiente carga, está luchando y prevaleciendo poderosamente, y guerreando en combate personal con Satanás y sus poderes de las tinieblas. El ayuno se convierte en algo dulce y bendito a medida que su deseo se expande hacia Dios. Su deseo adquiere un tremendo poder cuando usted ayuna y ora: particularmente cuando usted aparta tiempo de todo lo demás para entregarse al ayuno y la oración. El ayuno puede convertirse en un gozo.

    3. El ayuno intensifica la concentración en la oración. El ayuno fortalece sus prioridades en la oración, concentra su prevalecimiento, y le permite concentrarse con menor número de interrupciones en intercession prevaleciente. Satanás quiere introducir cien distracciones en su oración prevaleciente. El ayuno le facilita a su naturaleza espiritual manejar las distracciones y le ayuda a triunfar sobre los sentidos.

    El ayuno le ayuda a despejar y a descargar su mente de las actividades, los problemas, las responsabilidades y las amistades. Le permite al viento del Espíritu despejar su neblina mental y espiritual, dándole así libertad y limpiándole de gran parte del mundo externo. Entonces se hace más fácil estar a solas con Dios, cara a cara, en comunión e intercesión.

    El ayuno puede conducir a gran calma y paz del alma. Sin embargo, puede despejar el camino para la lucha dinámica y la poderosa guerra en la oración. La noche que pasó Jacob en oración fue un ayuno de sueño y de la familia, mientras que luchaba solo con Dios (Génesis 32:22-30). Los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto incluyeron la abstención de alimentos, del trabajo regular de los contactos sociales y, probablemente, en algunos casos, del mismo sueño.

    R. A. Torrey dijo lo siguiente acerca del ayuno y la oración: "Existe un poder peculiar en tal oración. Cada crisis grande en la vida y en el trabajo debe enfrentarse de esta forma". Andrés Murray dijo: "El ayuno es necesario para que la oración puede desarrollarse completa y perfectamente".

    4. El ayuno solidifica la determinación. Satanás siempre quiere convencernos de que debemos darnos por vencidos y dejar de interceder. El ataca de diversas formas: letargo, cansancio de la batalla, y desaliento. El quiere desviarle del prevalecer hasta que llegue la respuesta. El ayuno es como una inyección de hierro en su alma, alimenta su naturaleza interior con nuevo denuedo y determinación, y le da santa determinación. El ayuno fortalece su importunidad y le ayuda a expresarla.

    Andrés Murray escribe: "Somos criaturas de los sentidos: el ayuno nos ayuda a expresar, a profundizar y a confirmar el propósito de que estamos listos para hacer cualquier sacrificio, aun el de nuestra persona, con tal de obtener lo que buscamos para el reino de Dios".

    5. El ayuno alimenta la fe. Cuando a la oración se le añade el ayuno, usted sabe que está siguiendo el ejemplo de la oración prevaleciente del Antiguo y del Nuevo Testamentos. Su confianza comienza a profundizarse. Su esperanza empieza a aumentar, porque usted sabe que está haciendo lo que agrada a Dios. Su disposición de negarse a sí mismo y de tomar esta otra cruz enciende el gozo interior. La fe suya comienza a arraigarse, de manera más simple y con mayor firmeza, a las promesas de Dios.

    6. El ayuno le hace más accesible a la obra del Espíritu Santo. El ayuno es soltar nuestros deseos naturales, negarse a estar atado a lo visible y lo palpable, y facilita el apropiarse de los recursos celestiales. Ayuda a ir más allá de lo natural y a ser el amo de nuestro cuerpo (1 Corintios 9:27), cuando negamos nuestra naturaleza física. Tal vez hace que su naturaleza sea más accesible al contacto del Espíritu. Es más fácil escuchar la voz del Espíritu, por el hecho de que el ayuno nos ayuda a olvidarnos del mundo a nuestro alrededor.

    Nosotros no manipulamos ni le damos órdenes al Espíritu, pero nos ponemos cada vez a mayor disposición de El a medida que ayunamos y oramos. El nos puede comunicar nuevas cosas y puede tener Nuevo acceso a nosotros. Jamás podré agradecerle lo suficiente a Dios por lo que El ha dicho en tales momentos. El puede vestirnos de manera más completa y prepararnos para ser usados más libremente. Parece hacernos nuevamente accesibles a la presencia del Espíritu y a su poder. Jesús volvió "en el poder del Espíritu" cuando hubo ganado su batalla de cuarenta días de oración y ayuno (Lucas 4:14).

    7. El ayuno enciende la intensidad y el celo. A medida que el ayuno alimenta nuestra fe, solidifica nuestra determinación, y abre a la obra interna del Espíritu, nos enciende con creciente intensidad y celo. Poco después del ayuno de cuarenta días, vemos a Jesús, ardiendo de celo por la voluntad de Dios en la casa de Dios (Juan 2:17). El ayuno enciende toda clase de intensidad y de celo: para darse completamente a Dios y para él, para orar hasta haber prevalecido, para ver a Satanás derrotado y realizada la voluntad de Dios, y para hacer todo lo que esté a nuestro alcance para la gloria del nombre de Cristo. Tal intensidad y celo santo aumentan tremendamente el poder de la oración prevaleciente. Enciende el fuego del alma con el fin de que Cristo prevalezca en cada vida y en cada situación.

    Para resumir, el ayuno prepara el camino del Señor. Le concede poder a la oración para hacer que Santanás retroceda y para rechazar sus tinieblas, para quitar las barricadas que él pone en el camino, y para derrotar sus fuerzas de combate. La oración combinada con el ayuno le prepara el corazón para prevalecer más poderosamente, aumentar su fe, y para seguir perseverando hasta que la voluntad de Cristo triunfe de manera visible. El ayuno le da un poder dinámico tremendo y efectividad a toda clase de oración prevaleciente.

    Isaías reprendió a Israel por suponer que el ayuno sin obediencia tenía algún valor. El dijo: "No ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto" (Isaías 58:4). El no estaba condenando al ayuno en sí mismo, sino al ayuno hipócrita. Lo que esto implica es evidente: el ayuno bíblico ayuda a que su voz sea escuchada en lo alto y a que su oración prevalezca para Dios aquí en la tierra.

EL AYUNO UNIDO

    Así como existen situaciones en las que es necesaria la oración unida, también hay necesidades que pueden ser satisfechas sólo por sumarle el ayuno unido a la oración unida. La unidad al buscar a Dios por medio del ayuno, le confiere las mismas dimensiones múltiples de efectividad que la unidad en buscar a Dios mediante la oración solamente, sólo que así las aumenta.

    Cuando un enemigo multinacional se reunió para atacar a Israel, Josafat proclamó un ayuno para todo Judá. La gente vino a Jerusalén de todas las aldeas y pueblos, con el fin de unirse en oración y ayuno. Mientras que estaban delante del Señor, el Espíritu Santo vino sobre uno de los levitas, quien profetizó que no les haría falta pelear esta batalla. La gente cayó postrada sobre sus rostros y adoraron y alabaron a Dios.

    La mañana siguiente enviaron un coro para que dirigiera al ejército, cantándole alabanzas a Jehová. Cuando comenzaron a cantar y a alabar, los ejércitos de las tres naciones comenzaron a atacarse y a destruirse entre ellos mismos. Judá se demoró tres días recogiendo el botín. El cuarto día tuvieron una asamblea de alabanza en el campo de batalla, en el que no habían tenido que lanzar ni una sola flecha. Luego marcharon triunfantes hacia Jerusalén, dirigidos por el rey, tocando trompetas, flautas y arpas, y cantando y alabando hasta que llegaron al templo – esta fue la guerra más sorprendente de la historia (2 Crónicas 20).

    Cuando Nínive se unió en arrepentimiento, oración y ayuno, Dios los libró (Jonás 3). Cuando Ester convocó a los judíos de Susa a tres días de oración y de ayuno unidos, los planes de Amán se deshicieron y así la nación judía fue librada.

    El movimiento misionero del Nuevo Testamento comenzó por medio de la oración y el ayuno unidos de la iglesia en Antioquía (Hechos 13:2). Pablo y Bernabé convocaron a reuniones de ayuno y oración en cada iglesia que establecieron (Hechos 14:23). De ahí en adelante, el nombramiento de ancianos era siempre precedido por el ayuno. La historia de la iglesia nos dice que cada vez que alguien quería bautizarse, el que bautizaba, el que iba a ser bautizado y todos los miembros de la iglesia como fueran posible, se unían en oración y ayuno.

    La historia de la iglesia en siglos recientes proporciona muchos relatos brillantes de cómo Dios honró la oración unida y el ayuno, acabando con sequías, protegiendo naciones, y enviando avivamiento al pueblo de Dios. En este siglo, la iglesia coreana se ha hecho famosa especialmente, tanto por el ayuno personal como por el unido.

SUGERENCIAS PRACTICAS

    Comience a incorporar el ayuno en su vida de oración. Si usted nunca ha practicado el ayuno bíblico, comience a hacerlo al menos ocasionalmente, dedíquele algunas horas, medio día, o más tiempo durante un retiro personal.

    1. Ocasionalmente ayune durante una comida y utilice el tiempo de la comida ( y más tiempo si es posible) para orar. A veces Dios carga su corazón de tal manera que pierde hasta el apetito y el sueño. Otras veces El desea que usted ayune por fe, en vez de hacerlo por lo que sienta.

    2. Ore acerca del ayuno como parte regular de su vida devocional: una vez al mes o tal vez un día específico del mes. Puede ser que usted quiera ayunar durante una o dos comidas a la semana. No se olvide de estar a solas con Dios durante el tiempo que usted pasa ayunando, con el fin de recibir el beneficio espiritual completo.

    3. Emplee la primera parte del ayuno alimentándose de la palabra de Dios, adorando y alabando al Señor. Luego concéntrese en uno o quizá dos asuntos durante su tiempo de oración y ayuno.

    4. Sea flexible en el asunto del ayuno. Evita los yugos legalistas y no haga votos en cuanto al ayuno. En lugar de esto, trácese una meta en cuanto al ayuno que usted fielmente procure cumplir con la ayuda de Dios. Si las circunstancias hacen que sea imposible apartar un tiempo para el ayuno, escoja otro momento lo más pronto posible. Si por razones médicas no es aconsejable que usted haga un ayuno total, entonces haga como Daniel, quien se abstuvo de ciertas comidas.

    5. No procure hacer ayunos prolongados (de viente a cuarenta y ocho días), a no ser que usted se haya informado de cómo hacerlo y de cómo terminar el ayuno. Nuestras iglesias en Corea saben de más de veinte mil coreanos que han completado un ayuno de cuarenta días, casi siempre en una de sus casas de oración en las montañas. Tal vez la mayoría de los pastores han practicado esta clase de ayuno en beneficio de su iglesia y de su ministerio. Pero ellos están bien informados en cuanto a los asuntos de salud y las precauciones que deben tomar en el ayuno.

    Asegúrese de que otra persona sabe de su paradero cuando usted está en un ayuno más prolongado. Tenga líquidos para beber, pues el cuerpo necesita agua. Los ayunos largos en la Biblia, sin agua y sin comida, fueron milagros especiales. Si usted se propone hacer un ayuno más largo o completo y es una persona mayor o que no disfruta de buena salud, asegúrese de consultar a su médico.

    6. Mantenga oídos atentos para la guía del Señor, cuando él le llame a hacer un ayuno especial por una necesidad en particular.

    7. Que sólo el Señor y usted sepan acerca de su ayuno. Si alguien le pregunta, puede contestarle con libertad. Si Dios concede una gran victoria mientras que usted ayuna a solas o en unidad con otros, puede ser que usted sienta que Dios desea que comparta el testimonio de la forma en que El respondió al ayuno de oración. Mas asegúrese de darle a Dios toda la gloria. Usted puede sentirse guiado a contarle a un buen amigo cristiano tocante al gozo que ha encontrado en el ayuno.

    La completa búsqueda de Dios por parte de su alma, mediante el ayuno de oración, le permite a Dios hacer cosas en respuesta a la oración, que El no podría hacer sin el nivel de oración a que se llega cuando se añade el ayuno a la misma. Dios ha querido que el ayuno contribuya a desplegar su poder, con el fin de obrar de una manera más decisiva y a veces más rápida. Tenemos, por tanto, un deber muy sagrado de ayunar.

    J. G. Morrison escribió: "Le debemos a Dios el ayuno, y para hacerlo con sinceridad, fielmente y en forma regular…El pueblo de Dios tiene en sus manos la capacidad para desatar todo el poder divino mediante el ayuno…por esta responsabilidad y por sus posibilidades dinámicas tendremos un día que dar cuenta personalmente a Jesús, nuestro Señor".

    Agreguemos las palabras de Juan Wesley: "¿Puede alguien descuidarlo y no ser culpable?" Wesley le exigía a todos los metodistas que ayunaran los miércoles y los viernes, hasta las cuatro de la tarde.

    "Volved a mí de todo corazón, con ayuno y llanto y lamento…tocad trompeta en Sion, promulgad ayuno, convocad asamblea, reunid al pueblo, santificad la asamblea, congregad a los ancianos, reunid a los niños…Entre el pórtico y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: Perdona oh Señor, a tu pueblo, y no entregues tu heredad al oprobio, a la burla entre las naciones. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?" (Joel 2:12-17).

    Permítanme instarle a que descubra por sí mismo el gozo, la especial bendición y el poder especial que se recibe en la oración cuando a ésta se le agrega el ayuno. ¡Hágalo!

    – Tomado del libro LA ORACION PODEROSA QUE PREVALECE por Wesley L. Duewel. 1990. Usado con permiso del Duewel Literature Trust, Inc. Los libros de Dr. Duewel se pueden comprar de Duewel Literature Trust, Inc., 740A Kilbourne Drive, Greenwood IN 46142-1843.