«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

El Amor Arrodillado Para Otros

Por Al Whittinghill

    "Yo he buscado entre ellos a alguien que se interponga entre mi pueblo y yo, y saque la cara por él para que yo no lo destruya. ¡Y no lo he hallado! (Ezequiel 22:30).

    "Y vio que no había hombre, y se maravilló de que no hubiera quien intercediese;…" (Isaías 59:16).

    ¡La intercesión es el amor arrodillado para otros! Un intercesor lleva las cargas y las necesidades de otros al Trono de Gracia y las presenta a Dios. Unos han definido a la intercesión como el clímax de la oración, la oración en su pináculo más alto.

    ¡Desesperadamente se necesita el amor de Dios en las vidas humanas! Inconcebible necesidad nos rodea adonde quiera que vayamos. Nuestro Señor es capaz de rellenar estas necesidades. Él se deleita en la misericordia; Él desea regalar Su gracia; Él añora a derramar Su bendición. Él anhela que los hombres acepten a Jesucristo. Y todavía la humanidad sigue sufriendo y pereciendo. Si Dios tanto anhela la oportunidad de amar y bendecir, ¿por qué Él se aguanta? Es por nuestra falta de oración… la gran falta de intercesión. El se ha unido con Su pueblo, y ha hecho que nuestras oraciones sean la medida de la cantidad de la obra de Su poder.

    ¡Dios se limita al nivel de nuestras oraciones! Si pudiéramos entender la magnitud del privilegio de la intercesión y de su gran poder de bendecir, le pediríamos a Dios que antes que nada que Él nos hiciera intercesores. Pero el hombre, por naturaleza, es egoísta, con poco interés para otros, y por eso, esa región, esa fuente, de riquezas se queda mayormente sin exploración por parte de la iglesia.

    Dios no quitará la responsabilidad de la oración de las manos de Su iglesia. Él añora la oportunidad de contestar nuestras oraciones y de mandar Su poder a las vidas de los que sufren. La Escritura nos informa que Él está asombrado que no haya más intercesores: "Miré, pero no hubo quien me ayudara, me asombró que nadie me diera apoyo" (Isaías 63:5).

    Dios no hará aparte de la oración lo que Él ha prometido que hará en contestación a la oración. ¡Ay, Verdad Dolorosa!

    Es la falta de fe y la falta de fidelidad del pueblo de Dios en la acción de intercesión que limita a Dios. Tenemos que llegar ante Él en el nombre de Jesús reclamando sus promesas para otros, suplicando Su misericordia en vez de Su juicio, resistiendo firmemente contra el diablo.

    Si hay remordimiento en el cielo, el más grande puede ser que en esta vida terrestrial pasamos tan poquito tiempo en verdadera intercesión…orando por otros.

    ¡Creyente precioso, eres un compañero con Dios! Deja que las cargas del Espíritu Santo te insten que vayas a tu closet en oración. Alguien dijo una vez, "Cada convertido es el resultado de la petición del Espíritu Santo respondiendo a las oraciones de otro creyente." Su entrega de la misericordia depende de los intercesores, quienes tomarán sobre sí las cargas de otros. No hay nada tan costoso, y no hay nada tan precioso a Dios. Y, piénselo bien, esa es la precisa actividad del Hijo de Dios en este momento. Entronado en el cielo como Sumo Sacerdote, "Él vive siempre para interceder." Si somos como Cristo, estaremos haciendo lo mismo.

    ¿Quiere que su vida cuente? ¿Si contesta que sí, tiene que ser una persona de oración. Dios usa nuestras manos poderosas para construir Su reino. El que quisiera ser mucho PARA Dios, tiene que pasar mucho tiempo CON Dios.

    Pídale al Señor que le dé a usted una carga nueva para la oración intercesora. Hoy empiece a orar para otros que tienen los mismos problemas que usted. ¡Vayan a TODAS las naciones, en oración! Y Hermanos, Oren para nosotros.

    – Traducido y usado con permiso de Ambassadors Briefing, 1355 Terrell Mill Rd., Building 1484, Marietta, GA 30067.