«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

¿Por Qué No Ser Un Cristiano Alegre?

Por Teodoro Cuyler

    "El corazón alegre constituye buen remedio" (Proverbios 17:22). El apóstol Santiago pregunta: "¿Está alguno alegre? Cante alabanzas" (Santiago 5:13). Ésta es la misma expresión griega como la que usó Pablo en la tempestad de media noche, cuando él exhortó a sus compañeros de travesías a "tener buen ánimo" (Hechos 27:22).

    Hay una alegría que es un deber cristiano; en realidad, es distintivamente un mandamiento a cada heredero de Dios. "Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!" (Filipenses 4:4). Esta alegría no es la simple efervescencia de espíritus naturales. Ni nace del vaso de vino ni del baile. No depende de nunguna manera de las circunstancias externas. La alegría cristiana es ese estado de ánimo dichoso, radiante y lleno de esperanza, que proviene de un corazón sano.

    Tal temple de pensamiento le hace bien al cuerpo como "buen remedio". Muchas personas demacradas con la enfermedad de dispepsia, están muriendo de pura preocupación y mal humor. Los humores ácidos del pensamiento atacan y enferman los órganos digestivos. La medicina que semejante hombre necesita no se puede encontrar en la farmacia. Una buena dosis de gracia divina, con unos pocos granos de gratitud, y una caminata de refuerzo en algún trabajo de amor hacia los pobres, hará más para poner sangre en su esqueleto marchito que todas las medicinas de la farmacia.

    La alegría, debe recordarse, es un temple del alma, y no depende de condiciones externas. Algunas de las personas más miserables que conocemos, siempre se están quejando de su loza fina y su plata, y descansan su cabeza miserable cada noche sobre almohadas con fundas bordadas.

    Los corazones más radiantes que yo he encontrado en mis visitas pastorales frecuentemente se han alojado en casitas tan arruinadamente pobres y oscuras, que ni el cobrador de impuestos los han encontrado. Son gente que tienen muy poco en este mundo, pero una gran inversión en el otro. Le dan cortas miradas a esta vida, pero largas miradas a la venidera. Viviendo al día, aprenden a confiar en Dios mucho más aún que sus prósperos hermanos, quienes secretamente confían en sus propias cuentas bancarias y en los beneficios del gobierno.

    ¿Ha oído hablar del Tío Johnson? El Tío Johnson fue un hombre negro de Virginia (EE UU), quien murió en Michigan a la increíble edad de ciento veinte años. Nunca hubiera podido ser longevo así, si no hubiera llevado consigo ese corazón alegre que hace bien como un buen remedio.

    Una vez, cuando estaba trabajando en su jardín, gritando y cantando, su pastor lo miró por sobre la cerca, y le dijo:

    "Tío, tú pareces estar muy alegre hoy.

    "Sí, señor, estoy pensando" —y las lágrimas le rodaron por su cara— "estoy pensando que si las migajas de júbilo que caen de la mesa del Amo y Señor en este mundo son tan buenas, ¡cómo será la gran barra de pan en la gloria! Te digo, señor, habrá suficiente y aún para compartir allá".

    He aquí tres o cuatro "recetas" para asegurar este resplandor en el alma:

    1. Mira tus misericordias con tus dos ojos, y tus aflicciones y pruebas con sólo la mitad de uno.

    2. Estudia el contentamiento. En estos días de extraordinaria codicia y falta de moderación, reprime al espíritu infame de codicia. La falta de esto y aquello hace a muchos miserables.

    3. Mantente ocupado en algo útil. El trabajar para Cristo trae la salud al corazón.

    4. Mantén la ventana de tu corazón siempre abierta hacia el cielo. Permite que la luz bendita del rostro de Jesús te ilumine. Convertirá las lágrimas en arco iris.