«Dedicado a fortificar y animar al Cuerpo de Cristo.»

La Pregunta Vital De Hoy

¿Está USTED listo para la venida del Señor? "Lo que a vosotros
digo, a todos lo digo: Velad" (Marcos 13.37)

Por Sarah Foulkes Moore

    El Señor viene muy pronto. Viene como Esposo, y viene por la esposa. Ha dejado sus palacios de marfil, porque grandemente desea la hermosura de su esposa.

    La hermosura de la esposa de Cristo se describe en el "Salmo nupcial" (Salmo 45) como "toda gloriosa" (vs. 13). Una de las traducciones para la palabra, "gloria", es "hermosura", significando la hermosura del Señor. Por esto adoramos al Señor en "la hermosura de la santidad" (1 Crónicas 16.29).

    Así también la esposa, a la cual él viene desde el cielo a recibir, está figuarada según el tipo profético como adornada de la hermosura de santidad. Su ropa es hecha de brocado de oro (Salmo 45.13). Cristo toma por esposa a la que es gloriosa en su interior y su exterior. Por medio de una revelación, el apóstol Pablo ve al Señor Jesucristo presentándose a sí mismo esta esposa gloriosa, la cual no tiene mancha ni arruga (Efesios 5.27). Juan, el revelador, en visión ve a la esposa en el cielo, y hace énfasis en el hecho de que ella está lista y preparada (Apocalipsis 19.7).

¡Nuestra responsabilidad es de estar preparados!

    La iglesia de los primogénitos (Hebreos 12.23) es considerada como una virgen, significando gente separada del mundo para Dios. Pablo escribió a los cristianos bajo su ministerio: "Os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo" (2 Corintios 11.2).

¡Prepárense!

    Cristiano, ¿describe a USTED las palabras, "toda gloriosa"? ¿Está su vestidura espiritual sin mancha o arruga? ¡Dios aborrece vestiduras manchadas por el pecado! ¡El quiere que nosotros también las aborrezcamos! (Judas 23).

    Enoc es el tipo del arrebatamiento del creyente. Dice en Hebreos 11.5 que "tuvo testimonio, ¡y es completamente el premio del esfuerzo de estar preparado!

"A Todos Lo Digo, Velad" (Marcos 13.37)

    ¡Lo que dice Cristo, Cabeza de la iglesia (Efesios 5.23,24), debería tener grande significado para nosotros! Su mandato, que se repite muy a menudo, es de VELAR. "Velar" significa, en el original, "estar alerta", "estar en pie", "estar despierto". En esta hora de su venida, él nos ha mostrado con avisos enfáticos que el único modo de escapar de las calamidades que vendrán sobre la tierra, es de VELAR Y ORAR SIEMPRE (Mateo 24.42; 25.13; Marcos 13.35; Lucas 21.34-36; 1 Tesalonicenses 5.6; 1 Pedro 4.7; Apocalipsis 3.2; 16.15).

    Además dice el Señor: "Esforzaos a entrar…porque muchos procurarán entrar, y no podrán" (Lucas 13.24). La palabra griega por "esforzar", significa "agonizar" – agonizar para entrar. Pablo, buscando ganar a Cristo como el Esposo, dice: Prosigo a la meta " (Filipenses 3.7-14).

“Uno Será Tomado, y el Otro Será Dejado” (Mateo 24.32-42)

    ¡Cuán grande será la desilusión para los descuidados, tibios y no preparados en la hora del gran escape! (Lucas 21.34-36).

    AHORA, antes de que sea demasiado tarde, es el tiempo para nosotros de despertarnos de los sueños, y esforzarnos para velar y orar, pues las señales de su venida están mostrándose en derredor nuestro. La cizaña está madurando, y también el trigo. ¡La siega está cerca!

    El Señor, al reprender a los cristianos de Laodicea, dice: "Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente…Pero por cuanto eres tibio…te vomitaré de mi boca" (Apocalipsis 3.15,16). Cristiano, ¿eres frío o caliente en tu servicio hacia el Maestro, tus oraciones, tu estudio bíblico, el testimonio de tu vida en privado y ante el público? ¿O eres tibio en estas cosas? Hazte a ti mismo esta pregunta:

    —¿Soy como la virgen sabia, alineando mi vida conforme a la Palabra de Dios, o soy un necio, esperando su venida sin estar preparado todavía?

    En contraste con los cristianos de hoy, que aman la comodidad y los placeres, ¡qué diferente era el apóstol Pablo, que proseguía a la meta! El se esforzaba heróicamente por ganar a Cristo como el Esposo. El se despojó de todo peso, sufriendo la pérdida de todas las cosas, para que así, con el fervor de sus esfuerzos, pudiera conmonio de haber agradado a Dios". Cristiano, ¿es tu vida casta y pura? ¿Es tu caminar con el Señor tan atractivo, para que él pueda desear y enhelar tu hermosura? Si usted y yo tenemos alguna cosa en nuestras vidas que sea contraria a su Palabra, no podremos agradarle. El mide nuestro amor hacia él, por la medida de nuestra obediencia a su Palabra (Juan 14.15,23).

Su Palabra nos mide como una cuerda de plomada en nuestra vida

    Ahora, en el tiempo de su venida, ¡la urgencia de estar preparados, es lo más importante para nosotros! Muchos dan por sentado que están preparados, pero medidos por las propias palabras de Cristo a sus discípulos, la preparación para el arrebatamiento no consiste, como muchos erróneamente suponen, en ser salvos y llenos del Espíritu Santo. Necesitamos leer la Palabra de Dios y ver por nosotros mismos, las condiciones que el Señor impone para llevarnos a reinar con él.

    En su discurso en el monte de los Olivos (Mateo 24 y 25), el Señor predice las grandes calamidades que vendrán sobre toda ta tierra. Allí con avisos claros y mandamientos explícitos, amonesta a sus discípulos que escapen del juicio. ¡Y les dice COMO hacerlo! Es muy significante que sus palabras de prudencia y aviso, no son dirigidas a la iglesia como cuerpo, sino a individuos:

    "Mirad también por VOSOTROS MISMOS, que VUESTROS corazones no se carguen…" (Las palabras "vosotros mismos" y "vuestros", se expresan en el griego con énfasis peculiar.) "Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar…" (Lucas 21.34,36).

    "Por cuanto HAS guardado la palabra de mi paciencia, yo también TE guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra" (Apocalipsis 3.10). "Bienaventurado EL qu vela, y guarda sus ropas" (Apocalipsis 16.15).

    En las amonestaciones enfáticas del Señor a sus discípulos de estar velando y orando, él no los anima a confiar solamente en el hecho de su nuevo nacimiento. Tampoco los anima a descansar en las bendiciones espirituales del pasado. Además, no les dice que por haber recibido el Espíritu Santo, y a pueden vagar a la deriva.

    El énfasis del Señor está en VELAR, MIRAR y ORAR. Se hace escape, según las propias palabras del Señor, a condición del esfuerzo persoseguir un lugar en la primera resurrección de entre los muertos (Filipenses 3.7-21).

“Ay de los reposados en Sion” (Amós 6.1-7)

    "Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas; y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese…" (Lucas 12.35,36). ¡Hay una gran pared de mundanalidad que separa entre Cristo y muchos cristianos de hoy, que se les hace imposible estar en vela y en oración! Nuestras iglesias están llenas de hombres y mujeres que viven en pereza y en indulgencia egoísta, no velando y así deslizándose y vagando en el mundo, descuidados de los requisitos rígidos ordenados por el Señor hacia todos los imputados por "dignos de escapar de las cosas que vendrán sobre este mundo y de estar en pie delante del Hijo del Hombre" (Lucas 21.34-36).

Veladores por Su Venida

    "…Cuando él se manifieste, seremos semejantes a él…Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro" (1 Juan 3.2,3).

    "La inminente venida de nuestro Señor", afirma el Dr. Torrey, "es el gran argumento bíblico para una vida cristiana pur, abnegada, devota y activa en lo que no es mundanal".

    Según el apóstol Juan, CADA UNO que tenga la esperanza en la venida de Cristo, se purifica a sí mismo. Amados, la pregunta de suma importancia no es: ¿Está la iglesia preparada?, sino, ¿Está USTED preparado?

    La iglesia de Laodicea simboliza el estado final de apostasía en la iglesia. A esta iglesia tibia, el Señor da los siguientes mandatos: "Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo" (Apocalipsis 3.19,20).

    Literalmente hablando, el Señor dice que está afuera de la iglesia tibia de Laodicea, tratando de entrar. Y estando fuera de la iglesia, él apela a los individuos a identificarse directamente con él. Su reprensión es para el individuo cuyo comportamiento no puede ser aceptado por Dios. ¡Su galardón es para el vencedor!

    Al dirigirse a la iglesia de Laodicea, la que termina el período de la iglesia por sí (Apocalipsis 3.14-22), el Señor está ceñido para el servicio. Pero él está preparándose para tomar su lugar en el Trono; y a todos los que vayan siempre con él según su criterio de perfección por velar y orar siempre, él les da esta gloriosa promesa:

    "Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono" (Apocalipsis 3.21,22).

    Los primeros tres capítulos del libro del Apocalipsis, dan la historia espiritual de la iglesia, comenzando desde la hora de la ascensión de Cristo hasta la hora de su segunda venida. En un discernimiento penetrante de las obras de cada iglesia a través de las edades, el Señor en un análisis final cierne sus juicios hasta un aviso enfático a los miembros individuales de estas iglesias:

    "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias" (Apocalipsis 2.7). ¡El mensaje del Espíritu, repetido siete veces a los individuos, está dando un claro aviso de VENCER!

    Los eruditos afirman que la traducción de la palabra, "vencer", del Apocalipsis, quiere decir en el original, "conquistar". Así pues, en el final examen de todas las iglesias, el Señor divide sus membresías en los que conquistaron y en los que no conquistaron. Sus galardones serán concedidos a aquellos que conquistaron. Su reprensión se dará a aquellos que FALTARON en conquistar.

    Amados, en esta hora del fin de las edades, ¡no dejéis que haya alguna cosa que se interponga entre vosotros y el Señor, o entre vosotros y alguna criatura viviente! En la hora de su venida, cada uno de nosotros podrá presentarse ante él "más que vencedores" por medio de su infinita gracia (Romanos 8.35-39).

    El viene como Esposo. El viene por la esposa. Amados, ¿estamos espiritualmente hermosos de tal manera que él desee volver con nosotros a su Trono, llevándonos consigo mismo allá con su Padre y con sus ángeles?

    "He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas" (Apocalipsis 16.15).